LUNES, 3 DE DICIEMBRE DE 2007
Los torquemados

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“Esta legislatura pasa a la historia con páginas negras, especialmente por la suprema importancia que dan a su poder, partidos, posiciones y ego, y a las ganas de controlar y castigar y silenciar las voces discordantes. No les importa lo que le sí importa a sus “representados”.”


Bien dicen que los diputados gozan 3 años de su puesto, pero la vergüenza les dura el resto de sus vidas. Y los senadores, 6. (Eso, en el no indispensable caso de que les importe el deshonor.)

 

En estos tiempos la quemazón llega pronto, cuando están en el puesto. Esta legislatura pasa a la historia con páginas negras, especialmente por la suprema importancia que dan a su poder, partidos, posiciones y ego, y a las ganas de controlar y castigar y silenciar las voces discordantes. No les importa lo que le sí importa a sus “representados”.

 

No he visto a un diputado buscar leyes absurdas, obsoletas, inútiles o que debieran desaparecer, las que estorben la vida del ciudadano y atacan su libertad y derechos. No conozco comisiones legislativas que averigüen dónde se impide a la gente ejercer su creatividad o simplemente ponerse a trabajar en paz, sin que el gobierno se le ponga enfrente para impedirlo, estorbarle y obligarlo a mordidas y trámites y vueltas.

 

No conozco un diputado que se haya alzado con indignación para reclamar que el SAT impida a un contribuyente cumplido emitir facturas ¡prohibiéndole a la imprenta hacerlo! aunque ese cautivo lleve décadas de cumplir lo mejor posible con el laberinto de Knossos que son las leyes fiscales. No conozco diputados encargados de simplificar los trámites mordelones ni de exigir que el gobierno deje de molestar al pueblo con porquerías de gestiones y papeleos y costos de transacción, que configuran un estado oficial de agobio contra el ciudadano de a pie, y que impide a las empresas generar empleos.

 

Yo no quiero que en el Senado de la República vean por mí. No quiero verlos a ellos porque tengo cosas más importantes que hacer, como vivir.

 

Sí les importa —vaya prioridad urgente— lanzarse como jauría contra un IFE que ha sido libre, fuerte, ciudadano, independiente de ellos, y que les ha cobrado sustanciosas multas por echarse a retozar con gastos no comprobados, hechos con un uso opaco del dinero que les pagamos. A diputados y senadores les interesa apergollar a ese IFE libre, tan molesto. El candidato perdedor quiere desplegar su odio contra Ugalde y los consejeros que organizaron las elecciones y que contaron voto por voto en casilla por casilla, con ayuda de decenas de miles de personas. Y esta legislatura baila al son tropical que le tocan.

 

El Partido del Rencor y del Desquite (PRD) ha impuesto su agenda a toda una legislatura que pretende convertirse en censora y juez de la opinión. Que ensucia la Constitución al poner en ella términos como “denigrar” que nadie sabe definir porque no están basados en hechos sino en opiniones. El constituyente permanente constituye así una práctica política sobre un término sujeto a la opinión, imposiblemente más subjetiva, de averiguar quién denigra o no denigra. Qué raro que estén hechos bolas y no acierten cómo reglamentar y aplicar las sandeces con que rebajaron el rango constitucional.

 

Un destacado consejero ciudadano de aquél IFE independiente, como Creel, arruina su prestigio de entonces al prestarse a las componendas del rencor y del desquite. Y con Beltrones y Navarrete (triunvirato partidista al que no eligió nadie fuera de sus partidos), engolan la voz aunque se enreden en ella, porque deben ser leales al absurdo constitucional que han diseñado. Estos modernos inquisidores, al pretender chamuscar a los herejes de la opinión libre si su libre voz “denigra”, se queman solos.

 

Les importa su poder. El de sus partidos. El control sobre poderes deleznables como el ciudadano o el de la prensa, que comete la demasía y desfachatez de ejercer con libertad su oficio. Les importa no ceder ni delegar a nadie ni compartir el poder que detentan desde sus partidarias atalayas, palacios y curules. Si son nuestros solemnísimos representantes, ¿por qué el mugroso ciudadano, desorganizado y menos solemne que ellos, pretende opinar y decir y disponer? ¡Qué insolencia! ¿Para qué están entonces ellos, el poder constitucional, legal, mantenido por nuestros impuestos, y gobernando en este México que ya no es presidencialista sino congresialista? ¿”Quién como yo”? parecen decir.

 

Hugo Chávez, la LX Legislatura te contempla. Cito de nuevo una frase indispensable de Gabriel Zaid: “Cuando el pueblo está en el poder ya no hace falta consultar al pueblo. Basta consultar al poder”.

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