MARTES, 4 DE DICIEMBRE DE 2007
Monopolios: Bill Gates y Carlos Slim

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Hana Fischer







“Existen dos maneras de enriquecerse: sirviendo a nuestros semejantes o explotándolos. Para lograrlo a través del segundo método es necesario contar con la complicidad del poder político. Así, uno de estos dos hombres se enriquece únicamente en la medida que los demás consideran que son beneficiados por él, mientras que el otro se enriquece porque los consumidores son compulsivamente obligados a enriquecerlo.”


Asunción (AIPE)- La revista Forbes publica anualmente la lista de los hombres más ricos del planeta. Desde hace años, el norteamericano Bill Gates estaba en primer lugar, pero en julio de 2007 causó sensación la noticia de que la fortuna del mexicano Carlos Slim había superado a la del fundador de Microsoft.

 

En apariencia, se trata de contrincantes compitiendo en igualdad de condiciones. Los dos son acusados de haber amasado sus fortunas por medio de monopolios. Pero, ¿realmente son iguales? ¿Acaso el origen de sus respectivas riquezas se asienta sobre las mismas bases éticas y económicas?

 

Responder esas interrogantes es fundamental para comprender por qué en algunos países las personas muy ricas causan tanta animadversión, mientras que en países como Estados Unidos a menudo provocan admiración.

 

La razón de tan diferentes actitudes es que existen dos maneras de enriquecerse: sirviendo a nuestros semejantes o explotándolos. Para lograrlo a través del segundo método es necesario contar con la complicidad del poder político.

 

Gates es un paradigma del primer sistema mencionado; Slim lo es del segundo.

 

Gates es un exitoso emprendedor. Ha puesto al alcance de millones de personas de todo el mundo, innovadoras tecnologías que han facilitado sus vidas. Son innumerables sus aportes al comercio, elogiable el servicio a sus clientes y ha realizado importantes inversiones en nuevas tecnologías.

 

Si 9 de cada 10 computadoras utilizan algún sistema Windows es porque los consumidores los prefieren a los de la competencia. Gates se enriquece únicamente en la medida que los demás consideran que son beneficiados por él.

 

La riqueza de Slim se sustenta en bases completamente diferentes. Desde los años 70 en adelante, se llevaron a cabo privatizaciones en América Latina. Pero en la mayoría de los casos, lo que se hizo fue transferir monopolios públicos a manos privadas. El más evidente ocurrió con Teléfonos de México (Telmex), comprado por Slim.

 

Los mexicanos no pueden elegir entre diferentes compañías proveedoras de ese servicio y la consecuencia  ha sido que sufren las tarifas telefónicas más elevadas del continente. Sus habitantes pagan tres veces más por el uso de sus celulares que en Suecia y Dinamarca. Por lo tanto es claro que los consumidores son compulsivamente obligados a aumentar el patrimonio del señor Slim.

 

Estos dos ejemplos ilustran que no todos los monopolios son iguales. Y que el problema es causado por la interferencia del poder político en la economía. En un mercado libre, la única fuente de prosperidad personal es brindar a nuestros semejantes los bienes y servicios que ellos desean en ese momento. Esta realidad lleva implícita la posibilidad de movilidad social. Y es por eso que en los lugares donde las reglas de juego son claras e iguales se admira a las personas ricas y son tomadas como ejemplo. En cambio, donde prevalece el mercantilismo e intervencionismo, las influencias políticas bloquean la competencia. Así no sólo saquean a los ciudadanos comunes sino que petrifican las posiciones sociales, por lo que en esos países los multimillonarios suelen ser mal vistos y generan resentimiento.

 

En un reciente debate organizado por la Fundación Círculo de Montevideo, Slim opinó que los gobiernos deben reducir la “mortalidad empresarial”, para lo cual deben facilitar su acceso al crédito. Añadió que los países no deben “abrirse totalmente”, sino que deben hacerlo “inteligentemente” como Brasil.

 

No sorprende que a Slim le disguste la competencia y el libre mercado. Su éxito no lo logró en el campo económico sino en el político. La lección es que ni todos los monopolios son perjudiciales ni todas las riquezas son justas.

 

___* Analista uruguaya.

© www.aipenet.com

 

• Competencia

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