VIERNES, 28 DE DICIEMBRE DE 2007
Pakistán: Más capítulos de horror

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El punto sobre la i
“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”
Epicuro


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Ricardo Medina







“El asesinato de Benazir Bhutto ayer en Rawalpindi, Pakistán, es otro capítulo horrendo en la historia de un país que ha vivido atosigado por las luchas de poder y sus secuelas: la explotación de fanatismos étnicos y religiosos, el populismo, el militarismo, la corrupción rampante, las venganzas, ...Ah, y también es una pésima noticia para la política exterior de los Estados Unidos y de las naciones occidentales.”


El 18 de septiembre Benazir Bhutto, la primera mujer en encabezar un estado musulmán en la década de los 90, regresó a Pakistán. Volvió como resultado de un pacto con el general Pervez Musharraf, quien dio un golpe de Estado en 1999, lo que le convirtió en presidente del país. El acuerdo consistía en compartir el poder: Musharraf es terriblemente impopular pero tiene el mando,  Bhutto era muy popular y tenía tras de sí el poderoso Partido Popular de Pakistán, pero estaba acusada de corrupción –aunque no sentenciada- y pesaba en su contra una disposición legal fabricada por el propio Musharraf que prohibía ocupar más de dos veces el cargo de primer ministro (para el que Bhutto se postulaba en las elecciones del próximo enero y que, justamente, ya había ocupado en dos ocasiones: de 1988 a 1990 y de 1993 a 2005), Musharraf accedió a conceder una amnistía a Bhutto y a levantar la prohibición ideada en su contra; a cambio Bhutto compartiría el gobierno con él.

 

Detrás del pacto –endeble, porque Benazir Bhutto regresó al país antes de lo que deseaba Musharraf-, había un gran perdedor: Nawaz Sharif, otro ex primer ministro pakistaní quien apuró su regreso a la capital Islamabad, al percatarse de que entre Musharraf y Bhutto lo dejarían fuera del juego. También acusado de corrupción, Sharif es más radical: fue el promotor de la primera bomba atómica pakistaní, mantiene una actitud beligerante contra la India y es más afín a gobiernos islámicos fundamentalistas, como el de Irán. Por cierto, fue a Sharif a quien Musharraf le dio el golpe de Estado, a pesar de que el primero lo había nombrado jefe del ejército.

 

El asesinato de Bhutto augura días de mayor violencia para Pakistán. Un país contrahecho –surgido como desprendimiento artificioso de la India decretado por los británicos ante las rivalidades religiosas entre hindúes y musulmanes-, pobre, plagado de corrupción, sin estado de derecho, con legiones de analfabetos, surcado por el fanatismo religioso…, pero, eso sí, con un arsenal atómico.


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