Interamérica hoy
Ene 3, 2008
Tibor R. Machan

Ya se me ocurrirá algo

A menudo, cuando un reto inesperado se le presenta a una persona y un amigo le pregunta “¿qué piensas hacer?”, la contestación suele ser: “ya se me ocurrirá algo”. Esa contestación y la actitud detrás de ella caracteriza la manera de analizar y resolver problemas en una sociedad libre.

Los Angeles (AIPE)- A menudo, cuando un reto inesperado se le presenta a una persona y un amigo le pregunta “¿qué piensas hacer?”, la contestación suele ser: “ya se me ocurrirá algo”.

 

Esa contestación y la actitud detrás de ella caracteriza la manera de analizar y resolver problemas en una sociedad libre. Contrario a la actitud prevaleciente en el estado nodriza, que requiere inmensas burocracias para planificar supuestas soluciones, en una sociedad libre la solución de problemas se deja en manos de los ciudadanos, quienes individualmente o en colaboración con otros encaran los problemas, grandes y pequeños, que confrontan. Esta manera de hacer las cosas suele lograr mucho mejores resultados, entre otras cosas porque el conocimiento en el sitio es mucho más útil que el de los burócratas en un ministerio o en la capital, con sus enredadas teorías sobre lo que le conviene a la sociedad entera.

 

Pero si uno cree que la respuesta a los retos requiere de una bien establecida fórmula y de la fuerza gubernamental en su aplicación, eso de “ya se me ocurrirá” es totalmente inaceptable. Claro que la historia y la experiencia personal respecto a la manera de actuar de los gobiernos nos deja claro que (a) los burócratas no saben cómo hacerlo o no se molestan en resolver los problemas y (b) esos funcionarios tienen sus propias prioridades, por lo cual suelen aportar soluciones –no a los problemas comunes de los ciudadanos- sino a lo que ellos consideran realmente importante.

 

Esta es la esencia de la teoría de la adopción de decisiones económicas y políticas por la que el profesor James Buchanan recibió el Premio Nobel de economía en 1986. Los llamados servidores públicos tienden a dedicarse a resolver los problemas particulares de grupos específicos, aquellos que interesan a los políticos y a los candidatos.

 

Hay muy pocos problemas que todos confrontan. Más bien, grupos e individuos diferentes confrontan problemas diferentes, en medidas diferentes y con diferentes niveles de urgencia, por lo que no existen soluciones aplicables a todos, que es lo que el gobierno suele proponer.

 

No es que los políticos y los burócratas son mezquinos, sino que tienen sus propios intereses, algunos con buenas pero a menudo equivocadas intenciones, por lo que no conviene encargarlos de resolver nuestros problemas.

 

Inclusive cuando se trata de funcionarios dedicados y trabajadores que logran algún bien, los resultados suelen lograrlos a un costo excesivo. Pienso en ello cuando una familia de ingresos limitados se ve obligada a utilizar sus ahorros en pagar impuestos, en lugar de comprar cauchos nuevos para su viejo auto, por lo que todos mueren en un accidente.

 

Claro que cuando la gente se acostumbra a ver al gobierno y a los políticos como sus salvadores, el “ya se me ocurrirá algo” desaparece y la gente prefiere acudir a solicitar favores a las autoridades municipales y a los congresistas. Pero, a fin de cuentas, no hay mejor solución que la iniciativa individual porque allí suele concentrarse el conocimiento necesario para encarar los problemas.

 

___* Profesor de Chapman University.

© www.aipenet.com

 



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