Pesos y contrapesos
Ene 14, 2008
Arturo Damm

Alza de precios, ¿problema o solución?

El incremento en el precio de la mercancía no es un problema, sino la solución al problema.

Resulta, tal y como en más de una ocasión lo señalé en esta columna, que los profetas del repunte inflacionario fueron desmentidos por los hechos. Una y otra vez, sobre todo a partir del segundo semestre del año pasado, economistas, periodistas y políticos señalaron que, dada el alza en los precios de algunos productos, se avecinaba un fuerte repunte en la inflación que, entre otras cosas, haría inevitable un aumento de emergencia a los salarios, incremento que algunos cuantificaron, por lo menos, del 30 por ciento, sobre todo en el caso del salario mínimo. 

 

Terminó el 2007, el Banco de México dio a conocer la inflación para el mismo y, ¡obviamente!, no encontramos ni rastro del mentado repunte. Es más, la inflación del 2007 resultó menor que la del 2006 - 3.76 contra 4.05 por ciento -, a lo cual hay que agregarle que la primera fue, en lo que va del siglo XII, la segunda menor, solamente por arriba del 3.33 por ciento del 2005.

 

Lo dicho: los agoreros del “desastre” en materia de precios se equivocaron, pese a lo cual, para 2008, pronostican un escenario similar, de repunte en la inflación, y señalan como prueba del mismo las alzas más recientes en los precios de muchas mercancías, pronóstico ante el cual hay que insistir: una cosa es que suban los precios de algunos bienes y servicios, cosa que sucede, y otra muy distinta que ello sea la causa de un mayor aumento generalizado de precios, cosa que no ha sucedido y que, si el Banco de México hace lo que debe hacer, no sucederá. ¿Cuál es el pronóstico, de los principales analistas en economía del sector privado, en materia de inflación para 2008? 3.86 por ciento, solamente una décima de punto porcentual por arriba de la inflación observada el año pasado, algo que, de ninguna manera, podemos calificar de repunte inflacionario.

 

Dicho lo anterior debemos preguntarnos si el alza en los precios de algunas mercancías es un problema o, por el contrario, la solución a un problema mayor. Pongo un ejemplo. Supongamos, uno, que el costo de producción de la mercancía X es 10 pesos y que su precio es 12, de tal manera que el oferente obtiene una ganancia del 20 por ciento, ¡sin olvidar que el oferente ofrece X con el fin de obtener una utilidad! Supongamos, dos, que el costo de producción sube a 13 pesos, de tal manera que, si el oferente ha de seguir ganando el 20 por ciento, el precio de X debe aumentar a 15.60 pesos, ¡sin olvidar que el oferente hace lo que hace – ofrecer X -, con el objetivo de lograr una ganancia! Supongamos, tres, que los consumidores se quejan, y logran que el gobierno imponga un precio máximo de 12 pesos. ¿Qué sucederá? Que el oferente no estará dispuesto a ofrecer (producir, distribuir, comercializar, etc.), ya que no obtendrá ninguna utilidad, ¡y no olvidemos que él ofrece X con el fin de obtener una ganancia! Supongamos, cuatro, que la queja de los consumidores llega a más, y consiguen que el gobierno imponga un precio máximo de 10 pesos. ¿Qué pasará? Lo mismo que en el ejemplo anterior: el oferente no ofrecerá, ya que no solamente no obtendrá utilidad, sino que enfrentará pérdidas, ¡y ya sabemos que él produce, distribuye y comercializa X con la intención de ganar!

 

Ante un aumento en los costos de producción, ¿cuál es la alternativa al incremento en el precio de la mercancía? La reducción en su oferta y, por lo tanto, su escasez. Y de estos dos males – mayor precio o escasez-, ¿cuál es el menor? Ante el aumento en el costo de producción el incremento en el precio de la mercancía no es un problema, sino la solución al problema que traería consigo la escasez, sin olvidar que no hay mercancía más cara que aquella que no se consigue.

 

Por todo lo dicho, ¡cuidado con quienes piden, ante el alza de precios, que hoy por hoy se debe a aumentos en los costos de producción, que el gobierno la prohíba fijando un precio máximo!



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