VIERNES, 18 DE ENERO DE 2008
Y el consumo, ¿no importa?

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“¿Por qué, si la actividad económica terminal, la más importante de todas, es el consumo, se le da tan poca importancia?”


No deja de llamarme la poca atención que, por lo general, se le pone al consumo, sobre todo si se la compara con la que se le presta a la producción. Y no deja de llamármela porque el consumo es el fin y la producción el medio o, dicho de otra manera, la actividad económica terminal es el consumo, no la producción, de tal manera que ésta está en función de aquel: se produce para que se consuma, no se consume para que se produzca.

 

El consumo es la actividad económica terminal, aquella con la que satisfacemos nuestras necesidades, razón por la cual es la más importante de todas. Sin embargo, poca es la atención que se le da, como si no tuviera importancia, es decir, como si la satisfacción de las necesidades de la gente, que depende del consumo, no fuera importante: la producción, con toda la importancia que tiene (primero producir y luego consumir), no pasa de ser un medio (producir para consumir).

 

Ejemplos de lo anterior sobran, y me referiré al que me motivó a escribir sobre el tema. Como todas las semanas, cosa que agradezco, recibí, el domingo por la tarde, el Análisis Económico Ejecutivo, del Centro de Estudios en Economía del Sector Privado, el CEESP, en el cual, entre otras cosas, y con motivo la alharaca que se ha armado en torno a la entrada en vigor de la última parte del capítulo agropecuario del TLC, bullicio que se ha centrado en las críticas al libre comercio, se señalan los beneficios que el mismo ha traído para los mexicanos, entre los que se destaca el siguiente, y cito tal cual: “La apertura le permitió a nuestro país aumentar considerablemente la venta de bienes al exterior, la cual pasó de 61 mil millones de dólares en 1994 a más de 250 mmd en el 2007, beneficiando a un importante número de actividades productivas”, lo cual es cierto, pero yo me pregunto si eso, el aumento en la producción y en las exportaciones, ha sido el beneficio más importante, del TLC, para los mexicanos.

 

¿Por qué, en ningún momento, se mencionan las importaciones, que son las que, ya sea como productores (importaciones de bienes de capital y de bienes intermedios), ya como consumidores (importaciones de bienes de consumo final), satisfacen nuestras necesidades, mismas que, en el mismo periodo, pasaron de 66 mil 814 millones de dólares a más de 260 mmd?

 

¿Exportamos (producimos) por exportar (por producir), o exportamos (producimos) porque solamente así generamos los recursos (divisas) para importar (consumir)? Obviamente que producimos para consumir, es decir, exportamos para importar, siendo que lo primero (producir y exportar) es el medio para conseguir lo segundo (importar y consumir), que es el fin. Y, sin embargo, se le pone mucha más atención al medio que al fin, tal y como lo muestra (¡preocupante que así sea!) la misión de la Secretaría de Economía que, a la letra, dice lo siguiente: “Ser una institución que promueve e instrumenta políticas públicas y programas orientados a crear más y mejores empleos, más y mejores empresas y más y mejores emprendedores”. ¿En qué momento se menciona al consumo? ¿Y al consumidor? En ninguno, muestra de lo dicho: la poca atención que, en términos generales, se le da al consumo, sobre todo comparada con la que se le presta a la producción y a todo lo relacionado directamente con ella, como es la empresa y el empleo.

 

Por qué, si la actividad económica terminal, la más importante de todas, es el consumo, se le da tan poca importancia, y a un último ejemplo, por ahora, me remito: ¿cuántos políticos han hecho, de los intereses de los consumidores, su bandera y, tomando en cuenta lo escrito, cuántos estarán dispuestos a hacerla?

• Cultura económica

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