Economía para todos
Dic 14, 2005
Rigoberto Stewart

El intermediario II

Se tienen la creencia que el intermediario no produce nada; más bien usa su condición ventajosa para aprovecharse tanto del productor como del consumidor. ¿Será?

Al intermediario se le percibe como un actor económico que sirve de enlace entre el productor y el consumidor de un bien y, por tanto, no produce nada; más bien usa su condición ventajosa (manejo de cierta información) para aprovecharse tanto del productor como del consumidor. Esta es la razón por la cual siempre se ha tratado de eliminarlo. Craso error de percepción. En la columna anterior señalamos que el intermediario había llegado para facilitar enormemente la generación de riqueza.

 

Productor. En realidad, no solo facilita la generación de riqueza; la produce. El intermediario es un productor, porque toma un bien en un estado equis y lo transforma; le agrega valor; y eso lo convierte en un productor. Es más, me atrevo a decir que en el sistema de especialización e intercambio, la mayor porción de la riqueza (más del 80%) es generada por los intermediarios. Para ilustrar como se encadena la agregación de valor a través de los intermediarios, utilicemos el caso del maíz. El agricultor toma la semilla, le agrega otros insumos y trabajo, y obtiene maíz. Un intermediario lo transporta desde la finca hasta el punto B. Otro intermediario (el mayorista) lo lleva a su sitio de venta y lo almacena. Una mujer lo compra en este punto, hace tortillas y las vende a la dueña de una soda. Esta, a su vez, toma la tortilla, le inserta un pedazo de salchichón y un poco de repollo, y lo vende a su comensal como un gallo. Nótese que en cada etapa, incluida la primera, se toma un producto y se utilizan otros bienes (insumos) para transformarlo –agregarle valor– en otro producto.

 

Oferta y demanda. El corolario de la equivocada percepción del intermediario es la comparación del precio que recibe el productor del bien (en cualquier etapa) y el precio que paga un consumidor en otra etapa de la cadena. Siempre se hace con el fin de demostrar cómo se aprovechan del productor al nivel escogido. Veamos por qué esta acción constituye otro grave error. En cada etapa, el bien se convierte en algo distinto al de la etapa anterior. El precio de este nuevo bien es determinado por la interacción de su oferta y demanda.

 

Del lado de la oferta, están los costos de producción, los cuales incluyen el precio pagado por el bien en la etapa anterior, los costos de otros insumos, costos financieros y un costo por el factor de riesgo. Este último suele ser muy alto, especialmente cuando el producto es extremadamente perecedero, como el boleto de entrada a un partido de fútbol.

 

Del lado de la demanda, hay seres humanos de carne y hueso que requieren el nuevo bien (el viejo más el valor agregado), no el viejo, y están dispuestos a pagar por ese valor agregado. Por ejemplo, en Costa Rica se acostumbra, aun hoy, vender el tomate con tierra y visibles residuos de agroquímicos. Hay quienes, por delicadeza y preocupación por su salud, prefieren el tomate por lo menos lavado, y están dispuestos a pagar por ese servicio, incorporado en lo que sería un producto diferente.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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