Jaque Mate
Mar 19, 2008
Sergio Sarmiento

Mouriño y el Peje

López Obrador ha refinado la táctica hasta la perfección. Las acusaciones en contra de Roberto Madrazo y de Diego Zavala muestran el patrón. Lo que hace López Obrador es cuestionar la rectitud de sus rivales para presentarse a sí mismo como única opción de honestidad valiente. En algunas ocasiones las acusaciones tienen fundamento y en otras no. Pero poco importa. La acusación por sí sola logra el propósito.

Juan Camilo Mouriño sabía que no tenía más opción. O entregaba todos los contratos con Pemex firmados en representación de Ivancar, una empresa de su familia, o Andrés Manuel López Obrador seguiría sacándolos uno por uno para obtener el máximo impacto en los medios. No es difícil conseguir esos contratos. Tanto en Compranet como a través del IFAI pueden conseguirse todos. Por eso este pasado 12 de marzo Mouriño optó por anunciar la entrega de copias de siete contratos –presuntamente todos los que hay- a la PGR, la Secretaría de la Función Pública y el Congreso de la Unión.

 

Mouriño insistió en que estos contratos, que firmó cuando era diputado, presidente de la Comisión de Energía de la cámara baja y asesor del secretario de energía, a la sazón Felipe Calderón, no son ilegales y que nunca realizó actos de tráfico de influencias. Los documentos, dijo con anterioridad, son renovaciones de contratos previamente otorgados a la empresa. De hecho, en el período en que Mouriño ha estado en la vida pública el número de contratos de transporte de Ivancar con Pemex ha disminuido en lugar de aumentar.

 

Las autoridades y legisladores tendrán la responsabilidad de analizar la situación jurídica que se derive de estos documentos. Si Mouriño ha violado la ley, por supuesto que tendrá que pagar las consecuencias y seguramente renunciar. Pero si no ha habido violaciones a la ley, el secretario de gobernación podrá legalmente continuar con su actividad.

 

Pero las cosas nunca serán ya las mismas para Mouriño. Una encuesta de María de las Heras publicada por el periódico Milenio señalaba que 85 por ciento de los encuestados consideraba que, independientemente de si los contratos son legales o no, el simple hecho de haberlos firmado constituye un acto de inmoralidad. Más de la mitad de los entrevistados, por otra parte, piensa que Mouriño debe renunciar como secretario de gobernación.

 

López Obrador ha refinado la táctica hasta la perfección. Las acusaciones en contra de Roberto Madrazo y de Diego Zavala muestran el patrón. Lo que hace López Obrador es cuestionar la rectitud de sus rivales para presentarse a sí mismo como única opción de honestidad valiente. En algunas ocasiones, me imagino, las acusaciones tienen fundamento y en otras no. Pero poco importa. La acusación por sí sola logra el propósito.

 

El ex candidato presidencial del PRD ha elegido a Mouriño para este ataque por muchas razones. Una de ellas es que se trata del secretario de gobernación y esto lo convierte en enemigo. Además es el funcionario más cercano de Felipe Calderón, el “presidente espurio”. La otra razón, sin embargo, es el hecho de que Mouriño se había perfilado como posible candidato del PAN a la Presidencia de la República. Por eso López Obrador lo ha empezado a golpear desde ahora.

 

Y lo ha logrado con éxito. A cada pregunta incómoda que se les hacía a los candidatos a los puestos de dirección del PRD, responden con la misma cantaleta: “Es que Mouriño y la privatización de Pemex…” Hay claramente un adiestramiento mediático detrás de esto. López Obrador está buscando establecer la agenda nacional y lo está logrando.



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