Sólo para sus ojos
Mar 24, 2008
Juan Pablo Roiz

¡Gran novedad!: ¡Los del PRD son tramposos!

Las trampas en el PRD forman parte de nuestras entrañables tradiciones mexicanas, como los tamales, los tacos al pastor, los organilleros, el olor a orines en el centro de la capital, el atascadero de gordas y gordos en las playas y balnearios durante la Semana Santa y la impunidad de la que gozan violadores, corruptores de menores, políticos corruptos y negociantes abusadores que son compadres de los políticos corruptos. No es noticia.

Decía Chesterton que el hecho de que un perro haya mordido a una persona NO es noticia; la noticia sería que una persona haya mordido a un perro. Durante los últimos días cada vez que veo un periódico o un noticiario de televisión me acuerdo de la observación del gran escritor inglés. ¿De dónde sacan nuestros egregios periodistas mexicanos que es noticia que los perredistas hagan trampas en sus elecciones internas?, ¿a quién se le ocurrió que es una gran novedad, que merece primeras planas, informar que no se ponen de acuerdo acerca de quién ganó en sus elecciones? Perdónenme, pero eso está en el orden natural de las cosas en este país. La noticia sería que el PRD hubiese tenido elecciones ejemplares, que nadie haya hecho cochinadas ni triquiñuelas y que la misma noche de las elecciones el perdedor le levantase la mano al ganador, hubiese sonrisas, abrazos y apapachos solidarios y revolucionarios.

 

Repito: Las trampas en el PRD forman parte de nuestras entrañables tradiciones mexicanas, como los tamales, los tacos al pastor, los organilleros, el olor a orines en el centro de la capital, el atascadero de gordas y gordos en las playas y balnearios durante la Semana Santa y la impunidad de la que gozan violadores, corruptores de menores, políticos corruptos y negociantes abusadores que son compadres de los políticos corruptos. No es noticia.

 

Tampoco es novedad que una colección de editorialistas, analistas y emborronadores de papel (así los motejaban en el siglo XIX) se rasguen las vestiduras –como si estuviesen ante algo insólito- por esta proclividad de la “izquierda” mexicana a comportarse deshonestamente a la primera provocación y clamen que se necesita una “izquierda moderna” (sí, claro, como la del español Felipe González, el amiguete de Carlos Slim, o como la del otro español ese, Zapatero, que parece mister Bean extraviado en el País Vasco) que se sepa portar bien en la mesa, que no se escarbe las narices, que no haga chistes vulgares sobre flatulencias, que no le falte el respeto a las mujeres y que sepa distinguir entre el prepucio y el occipucio.

 

Y tampoco tiene nada de novedoso que los propios izquierdosos se pongan bravitos y hagan malabarismos de todo tipo para justificar su suciedad casera diciendo que, después de todo, la odiosa derecha tampoco es muy civilizada. Para esto, se suelen inventar una derecha a modo, terrible, oscurantista, autoritaria, que les hace el feo a los homosexuales, que detesta los derechos humanos, que patea a los animalitos, que está convencida de que las mujeres son para parir hijos y para cocinar y que por las noches, después de rezar el Rosario, se encierra en una gigantesca bóveda a contar una por una sus millones de monedas de oro y plata (al menos esa es la “derecha” que se inventó el venerado Monsiváis para atenuar el cochinero de su cofradía política, el PRD). No importa que salvo dos o tres casos de museo esa derecha ya no exista en México, el asunto es conservar intacta la fe.

 

No se trata de una maldición genética de la izquierda mexicana o de alguna conspiración perversa de la derecha –que ahora va a resultar culpable, ¿pero cómo no?, hasta de las cochinadas domésticas del PRD-, sino de un simple asunto de lógica y de efectos proporcionados a las causas. ¿Quién dirige el PRD formalmente? Bueno, un señor, Leonel Cota, que era cacique priísta en Baja California Sur, nepotista y cuyos mayores méritos como militante de izquierda son haber invitado varias veces, con todo pagado y a cuerpo de rey, al mismísimo Andrés Manuel López Obrador a descansar y divertirse en su terruño. Y ¿quién está a cargo del tinglado electoral en el PRD? Pues nada menos que otro ex priísta tabasqueño, Arturo Núñez, experto en maquinaciones antidemocráticas, como aquella de tratar de impedir la instalación del Congreso cuando el PRI perdió la mayoría.

 

Y los que no son antiguos ejemplares del PRI más corrupto de antaño, hicieron su carrera como invasores de terrenos, como extorsionadores de ambulantes, como meritorios en alguna fracción estalinista o trosquista caída en desgracia, como vividores del presupuesto en alguna universidad pública o en la burocracia corrupta de los permisos, los amparos y los favores intercambiados… Un encanto.

 

Debe haber, no lo niego, algunos cuantos ejemplares más o menos decentes entre los líderes del PRD y varios más entre los partidarios comunes y corrientes –aunque hayan sido medio maniáticos fundamentalistas como el fallecido Samuel del Villar- pero son los menos y difícilmente destacan en un medio que es el paraíso de los depredadores. Esos candorosos tienen una capacidad de asombro admirable: Cada vez que hay elecciones internas u otros procesos por el estilo dentro del partido se asustan –como si de veras fuera asombroso- de que sus compañeritos y compañeritas hagan otra vez su numerito de trampas, mentiras, denuncias, gritos, empujones, sombrerazos, robo de urnas, conteos delirantes, desplantes machistas y demás.

 

Pobres.

 

• PRD


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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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