MARTES, 22 DE ABRIL DE 2008
Los lugares comunes ¡no pasarán!

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Fernando Amerlinck







“Los lugares comunes son comunes en todos los lugares; por angas o mangas, ya son el pan nuestro de cada día. Han crecido como la espuma; tanto, que hace mucho la gota derramó el vaso. Y los usados en los medios son apenas la punta del iceberg; propios y extraños los utilizan inmisericordemente. Este artículo es punto de partida, es una llamada de atención, antes de que sea demasiado tarde y los lugares comunes se nos metan hasta la cocina.”


Los lugares comunes son comunes en todos los lugares; por angas o mangas, ya son el pan nuestro de cada día. Han crecido como la espuma; tanto, que hace mucho la gota derramó el vaso. Y los usados en los medios son apenas la punta del iceberg; propios y extraños los utilizan inmisericordemente. Este artículo es punto de partida, es una llamada de atención, antes de que sea demasiado tarde y los lugares comunes se nos metan hasta la cocina.

 

Convoco sin demora a una cruzada contra ellos. Hay que agarrar al toro por los cuernos: hay mucha tela de dónde cortar, cosa que todos podrán comprobar: tanto mi lector desde la comodidad de su hogar mientras comparte el pan y la sal en la intimidad de la familia, como alguna personalidad de los medios de comunicación. No hago una convocatoria con bombo y platillo, pero sin excusa ni pretexto, sin caer en descalificaciones y sin echar dinero bueno al malo, invito a tirios y troyanos a dar a los lugares comunes una guerra sin cuartel. Hombres y mujeres de toda clase y condición no pondrán oídos sordos; se darán cita para escuchar este llamado cuando comprueben cómo van de la mano el lugar común y la frase hecha, como un traje a la medida.

 

Cuidado con que se nos haga bolas el engrudo. Alguien dirá que luchamos contra molinos de viento, que somos cursis o estamos chapados a la antigua por esta lucha, pero no pongamos en tela de duda a quienes así nos acusen; en el pecado llevarán la penitencia cuando (con todo respeto) se tomen una sopa de su propio chocolate. No pondremos tras las rejas a quien los use, ni quedarán frustrados nuestros esfuerzos si los perpetradores se dan a la fuga; y si bien nos empeñaremos con todos los medios a nuestro alcance, no haremos una cacería de brujas.

 

Sin temor a equivocarme afirmo que hay luchas difíciles y ésta no será la excepción. No me dejarán mentir aquellos que hayan tratado de hablar conforme a las leyes gramaticales que nos hemos dado, pero no escatimaremos recursos en este noble empeño. No estamos en un lecho de rosas, pero el primer paso se demuestra andando y hay que poner un granito de arena para alcanzar el triunfo y ayudar al lenguaje a transitar por la senda de la corrección.

 

El interés superior de la nación exige que estemos a la altura de las circunstancias. Los lugares comunes habrán de morder el polvo; hay que hacerles caer todo el peso de nuestra enérgica repulsa, caiga quien caiga y tope donde tope. No hay vuelta de hoja; hay que irnos a la yugular en su contra. Los veremos debatirse entre la vida y la muerte, porque en nuestro lenguaje no tienen cabida.

 

No habremos de pedirle peras al olmo ni mezclar peras con manzanas al identificar a los muchos aliados que podremos encontrar a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. Podremos contar con la valiosa ayuda de ciudadanos y de comunicadores que, a pesar de su apretada agenda, compartan la misma preocupación, porque esto no es privativo de nuestra patria; no cantan mal las rancheras nuestros hermanos latinoamericanos o los compatriotas del vecino país del norte. No me cabe duda de que tomarán cartas en el asunto en la Máxima Casa de Estudios, y también sabrán estar a la altura de las circunstancias. Demos a todos ellos la más cordial bienvenida mientras, lanza en ristre y con la espada desenvainada, damos luz verde a esta lucha. Resuenen los tambores de guerra contra todas las expresiones del mal lenguaje.

 

Tendremos indeclinables propósitos y no vamos a hacer el juego a los poderes fácticos pero, ¿gozaremos de las mieles del triunfo al ver coronado nuestro esfuerzo? Dicen coloquialmente que más pronto cae un hablador que un cojo. La moneda está en el aire; y habrá quien ponga oídos sordos y dejará que esta cruzada duerma el sueño de los justos. Habrá que limar asperezas con quienes sostengan esa opinión.

 

Nuestra lucha es incluyente; no vamos a despojarlos de sus pertenencias ni a privarlos de su libertad porque no somos amigos de lo ajeno. La perseverancia será nuestro mejor aliado al dar el banderazo de salida a esta noble gesta y dar a los lugares comunes un severo dolor de cabeza; quien continúe usándolos se quedará con un palmo de narices.

 

El lenguaje es fuente nutricia de la cultura nacional, tal como lo es el vital líquido para nuestros cuerpos, y así como el oro negro es palanca para el desarrollo nacional. No podemos usar la técnica del avestruz y matar a la gallina de los huevos de oro si permitimos que el buen hablar se nos escurra como arena entre los dedos. Es indispensable echar toda la carne al asador, redoblar los esfuerzos y, contra viento y marea, emprender la lucha para dejar al lenguaje libre de polvo y paja. Al final del día los lugares comunes ¡no pasarán!

• Periodismo barato

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