Ideas al vuelo
Abr 23, 2008
Ricardo Medina

Alimentos caros por gobiernos entrometidos

En seis años, de enero de 2002 a enero de 2008, los precios de los alimentos en el mundo han subido en promedio 140 por ciento. ¿Cuál es la solución? Dejar que el sistema de precios funcione sin interferencias de los gobiernos.

La pésima idea de subsidiar los cultivos de maíz para producir combustibles (etanol) ha sido la principal causa del disparo de los precios de cereales, leche, carne y otros alimentos en los últimos años. Como se sabe esa ocurrencia del gobierno de Estados Unidos –cuyo principal beneficiario son las grandes corporaciones que compran las cosechas como Archer Daniels Midland– ha perturbado los mercados de alimentos a través de efectos en cadena: el encarecimiento del maíz ha incrementado la superficie de tierras dedicadas a ese cultivo, en detrimento del trigo, la soya, el frijol, el arroz, lo que, a su vez, ha disparado también los precios de estos últimos; además, como algunos cultivos sirven para alimentar al ganado, los precios de los lácteos y de la carne también se han disparado.

 

Lo más desastroso de esta política es que ni siquiera disminuye el uso de hidrocarburos sino que lo incrementa.

 

Otro factor detrás del alza en los precios ha sido el mejoramiento de los ingresos –y, por tanto, de la dieta- de millones de chinos e indios. A diferencia de los subsidios, que encarecen artificialmente los productos, un aumento de la demanda  de alimentos derivado de un mayor bienestar es una magnífica noticia.

 

Por desgracia muchos gobiernos están reaccionando con gran torpeza ante el fenómeno. En Argentina Cristina Fernández de Kirchner está fastidiando a miles de productores agrícolas imponiéndoles exorbitantes impuestos a la exportación. El resultado será una menor producción dado que los productores carecen de incentivos para sembrar más o para mejorar los cultivos; habrá mayor encarecimiento. Otro tanto, con torpeza similar, está haciendo el gobierno de la India.

 

La solución es la contraria: Liberar las fuerzas del mercado que, mediante el sistema de precios, incentivarán una mayor productividad; así, ante una mayor oferta los precios disminuirán y se estabilizarán. Y, por supuesto, abolir ya los estúpidos subsidios al maíz para producir etanol; algo que ni por error propondrán el par de demagogos que se disputan la candidatura del partido demócrata en Estados Unidos (no vaya a ser que pierdan votos en Iowa).



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Los ciudadanos tienen el deber de mantener al gobierno, pero el gobierno no tiene el deber de mantener a los ciudadanos.

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