JUEVES, 8 DE MAYO DE 2008
Alimentos caros gracias a los políticos populistas

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“La carestía mundial de los alimentos –que NO inflación- ha sido causada fundamentalmente por el proteccionismo agrícola, las regulaciones gubernamentales excesivas y los subsidios a las clientelas electorales.”


No vivimos, como erróneamente se dice, una inflación en los precios de los alimentos. La inflación es un fenómeno cuyas causas –y remedios- siempre son monetarios. No es el caso. Vivimos una carestía que ejemplifica dramáticamente los daños que causa el proteccionismo comercial, el intervencionismo gubernamental en los mercados y la compra de clientelas electorales mediante subsidios a los productores agrícolas… o a quienes se ostentan como tales.

 

Cuando en agosto de 2006 se atascaron las conversaciones de la ronda de Doha, que entre otras cosas buscaban liberalizar la producción y el comercio de productos agropecuarios en el mundo, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

 

Cuando los burócratas de las Naciones Unidas se inventaron el asunto del calentamiento global (tenía que ser “global” para justificar la intervención de la burocracia “global” premier) y junto con multitud de políticos vieron una veta política y de negocios en la promoción de los agro-combustibles, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

 

Cuando en Japón, la Unión Europea, Estados Unidos, México, Corea, la India, los productores agrícolas –o, mejor dicho, los que se ostentan como tales a través de organizaciones incrustadas en los aparatos políticos- obtuvieron un peso e influencia desorbitados, a todas luces desproporcionados, en la elaboración de políticas públicas y de la legislación, se incubó la actual crisis de los alimentos.

 

Cuando los socialistas reciclados en “verdes” obstruyeron los avances técnicos en la productividad agrícola infundiendo miedos irracionales a los cultivos transgénicos, al uso de agroquímicos y a la globalización de los agro-negocios, se potenció la actual crisis de los alimentos.

 

No es una maldición enviada por los extraterrestres, ni una conspiración de esos fantasmales neoliberales (a los que tanto dice detestar Carlos Salinas de Gortari), es simple y llanamente el producto inevitable de la intromisión de los gobiernos en los mercados y de la explotación política de los aldeanos y atávicos temores al progreso y a la globalización. Esa es la causa de esta carestía mundial de los alimentos.

 

El remedio es quitar regulaciones, liberalizar el comercio mundial, destrabar la ronda de Doha y mandar a sus casas a los políticos populistas en todo el mundo.

• Inflación alimentaria

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