DOMINGO, 11 DE MAYO DE 2008
Alimentos, carestía y mitos

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“Los prejuicios y mitos salen caros como demuestra el caso de los productos agrícolas. Los intereses políticos mantienen en pie un conjunto de creencias acerca de la producción agrícola que se han demostrado falsas una y otra vez y que hacen del mercado de alimentos uno de los más distorsionados del mundo.”


El primer mito acerca de la producción agrícola: El número de hectáreas dedicadas a cultivos es el factor clave para aumentar la producción y el bienestar. No es así.

 

Lo dijo claramente Theodore W. Schultz en su discurso de recepción del Premio Nobel de economía en diciembre de 1979: “Hemos aprendido que… los factores de producción decisivos para aumentar el bienestar de la gente pobre (en el campo) no son el espacio, los energéticos o las tierras de cultivo, sino el mejoramiento en la calidad de vida de la misma población”.

 

Citaba entonces Schultz el ejemplo impresionante de la productividad en el caso de los cultivos del maíz: En la década de los años 70 del siglo XX Estados Unidos dedicó 33 millones menos de acres de tierra a la producción de maíz que los sembrados cuatro décadas atrás, pero produjo tres veces más cantidad del cereal.

 

La tierra no es la factor clave, sino las capacidades, destrezas y conocimientos del productor agrícola (capital humano), de los que se deriva también una mayor calidad de insumos y de tecnología para la producción.            Otros dos grandes errores de los se derivan multitud de mitos: 1. “Los pobres en el campo requieren de principios económicos especiales, diferentes de los que hacen funcionar la economía en general”. Falso, la realidad es que la oferta, la demanda, los precios y los incentivos funcionan igual en la producción agrícola que en el resto de la economía. A mayor libertad en los mercados mayor bienestar para todos. A mayor globalización comercial, menores precios y mayor calidad de los alimentos. Ningún precio baja si se restringe la oferta con regulaciones y barreras comerciales.

 

2. Desdeñar o desconocer las lecciones de la historia. La experiencia ha demostrado que el ser humano es capaz de incrementar la cantidad y la calidad de los alimentos disponibles muy por encima de los incrementos de la población, siempre y cuando dejemos funcionar libremente a los mercados. Los precios altos deben incentivar una mayor oferta y una mayor oferta, en libre competencia, frenará el alza de los precios.

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