MARTES, 13 DE MAYO DE 2008
Las elecciones en Paraguay

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Hana Fischer







“La evidencia histórica es contundente al demostrar que todos aquellos que se autoproclaman tan “amantes” de los desheredados, de tanto que los “aman”, terminan por extender la pobreza por doquier. Salvo, claro está, en su propio patrimonio y en el de sus allegados.”


Montevideo (AIPE)- Las elecciones presidenciales del 20 de abril en Paraguay merecen serias reflexiones. Al analizar a los candidatos que se postularon, uno concluye que lo que se le consultó al pueblo paraguayo fue: ¿Quién quieres que te coma, el lobo o el tigre?

 

La razón de una afirmación tan dura es que los candidatos fueron:

 

·         Blanca Ovelar, por el Partido Colorado. Este partido estuvo por 61 años ininterrumpidos en el poder, incluso durante la cruel dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). Y, por supuesto, que no escapó a la regla enunciada por Lord Acton: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

·         El general golpista Lino Oviedo, ex dirigente colorado, acusado de participar en 1999 en el asesinato del ex vicepresidente Luis María Argaña.

·         El ex obispo católico Fernando Lugo, por la “Alianza Patriótica para el Cambio”, un conglomerado de partidos. Se identifica con la “Teología de la Liberación”. Ella se presenta a sí misma como una reflexión a partir de la experiencia religiosa de quienes encuentran a Cristo entre los pobres, merced al compromiso que contraen en la lucha por su liberación. En ese contexto, “liberación” significa la destrucción del sistema capitalista y su reemplazo por una organización colectivista. Por lo tanto, en esa lucha revolucionaria por la “liberación” de las clases humildes todo está permitido, incluso el recurrir a la violencia. Por eso no debe causar asombro la sintonía que exhiben Lugo y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Tampoco que los presidentes “satélites” del venezolano ya lo asuman como integrante del bloque socialista.

 

Los adeptos a esta “Teología” estuvieron muy activos en el continente durante las décadas 60 y 70 del siglo XX. Ella fue el sustrato ideológico de muchos de los grupos guerrilleros de esa época. Por esta razón, las autoridades eclesiásticas expresamente declararon -vía la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe- que esa teología no pertenece a la doctrina Católica.

 

El vencedor de la contienda electoral del domingo fue Lugo. El diario El País de Madrid resaltó en su editorial que este triunfo “es en sí misma una saludable noticia, y si el país es Paraguay, es además alentadora”.

 

No compartimos tanto optimismo. Por supuesto que la alternancia en el poder es algo saludable en toda democracia. Sin embargo, porque finalmente se haya podido desplazar algo malo, no significa en sí mismo, que la alternativa no pueda resultar aún peor. Las señales enviadas por el presidente electo no son muy halagüeñas.

 

A Lugo se le llama “el obispo de los pobres”. Él se complace en proclamar que su “opción preferencial por los desposeídos” no es política sino pastoral. Hay una evidente contradicción en sus palabras: su “opción preferencial”, está claro, ha sido hacia la acción política por encima de la pastoral. De lo contrario, seguiría siendo obispo. Lo cual ya delata bastante acerca de su carácter y su honestidad intelectual.

 

La evidencia histórica es contundente al demostrar que todos aquellos que se autoproclaman tan “amantes” de los desheredados, de tanto que los “aman”, terminan por extender la pobreza por doquier.

 

Salvo, claro está, en su propio patrimonio y en el de sus allegados.

 

___* Analista política uruguaya.

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