MIÉRCOLES, 21 DE MAYO DE 2008
Petróleo, PAN y libertad

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Leopoldo Escobar







“Ante el avance de la formidable fuerza totalitaria en todo el continente y que golpea las puertas del poder en México, ni el PAN ni mucho menos el PRI son el valladar que necesitamos.”


El Partido Acción Nacional hizo el peor negocio de su vida cuando en el otoño de 2007, siguiendo sin chistar a Felipe Calderón, traicionó a sus electores.

 

En efecto, en aquel entonces – aún tan cercano - promovió y aprobó con la complicidad de casi toda la clase política una reforma constitucional liberticida, que abolió la libertad de expresión en radio y televisión...“nada más”.

 

¿A cambio de cuál plato de lentejas los políticos del PAN traicionaron a quienes tanto les han dado con sus votos? A cambio de uno bastante vacío, si acaso alguno.

 

Algunos de los dóciles legisladores panistas (que un día proscriben la libertad de expresión y al otro erigen en mártires de la Patria a unos terroristas de las FARC), “en corto” justifican su traición aduciendo que sin ella no sería posible contar con el voto del PRI para cambios legislativos “en beneficio de México”.

 

¿Cuales “beneficios” son aquellos por los cuales debió sacrificarse la invaluable, inalienable, imprescriptible y no negociable libertad de expresión? ¿Será acaso la reforma a la ley del ISSSTE? No hay lógica en esto, pues esa reforma se aprobó en la primavera de 2007 y respecto al tema de las pensiones el PRI ya había mostrado algo de sensatez al apoyar una reforma equivalente respecto al IMSS.

 

¿Se vendió la libertad de expresión a cambio de una reforma fiscal? Y si así fuera ¿que ganamos los productores de la riqueza con que más dinero sea sacado de nuestro bolsillo para terminar en el del gobierno?

 

Calderón y el PAN seguramente pensaron que nuestra libertad era el precio para obtener una reforma al marco legal de PEMEX. Pero lo que al final ellos obtendrán no se será muy distinto a dejar las cosas como están.

 

No cabe duda que los jefes panistas son además de liberticidas, pésimos negociantes. Todo marchante sabe que si quiere por su mercancía 20 pesos (pues eso es mas o menos lo que indica el mercado que vale), no debe pedir los 20 de entrada sino más que eso, pues de lo contrario terminará recibiendo menos de lo que esperaba.

 

El gobierno y su partido querían la participación de la inversión privada en exploración y aún extracción (sobre todo en aguas profundas), así como en refinación. Pero ante la primera andanada de la izquierda y el juego chantajista del PRI, bajaron el precio: ahora solamente piden inversión privada en refinación.

 

Como el oferente ya bajó el precio cuando la negociación apenas comenzaba, la presidenta del PRI ya se apresuró a decir que su partido no votará en favor de capital privado en la refinación y algunos izquierdistas han anunciado la muerte de la “tentativa de privatización”.

 

Parece que la abolición de la libertad de expresión no alcanzó ni para comprar una reformita de PEMEX y la misma sólo se podría salvar mediante un “milagro” (¿acaso negociar otra derrota del PAN, como las que ya habrían ocurrido antes, según denuncian no pocos militantes panistas?).

 

¿Que habría hecho una fuerza política en el poder que fuera consecuentemente partidaria de la libertad y la propiedad privada, ante la cerrazón absoluta de la izquierda, el chantaje del PRI y la influencia de ambos en la opinión pública?

 

Elevar la apuesta, lo más posible. Lo que tendría que proponerse a la sociedad es justamente la privatización de PEMEX, pero no mediante la venta de sus activos a particulares, sino mediante la entrega de 105 millones de acciones, a razón de una por mexicano. Cada individuo podría vender su acción o conservarla (y recibir los rendimientos en forma periódica) o comprarle sus acciones a otros.

 

Convertidos los mexicanos en verdaderos propietarios de la empresa petrolera ¿aceptaríamos o no asociarnos con inversionistas a privados? Muy simple: si eso nos daría mayores rendimientos lo haríamos, sin que importara lo que opinaran López, Paredes o Deschamps.

 

La propuesta podría ser tremendamente popular y movilizar a millones de personas por sus intereses como propietarios y contra los estatistas. Y con seguridad que estos preferían lo que ahora rechazan (y hasta un poco más), en lugar de la “terrible” opción de la privatización completa e inclusiva.

 

Según la correlación de fuerzas se podría entonces o aceptar alguna fórmula de compromiso o ir por la opción radical, recurriendo para lograr ésta última a un referéndum, aunque no tuviera efectos vinculantes.

 

¿Que es lo peor podría ocurrir? Que de momento no se lograra la reforma, pero en próximas elecciones esta fuerza política radical obtendría una amplia mayoría, una vez que hubiera ilustrado a los electores quienes son los que se oponen a que ellos salgan de la pobreza y el atraso.

 

Esto es lo que habría hecho una fuerza política liberal, pero Acción Nacional no es liberal, ni mucho menos. Y ahí está el problema.

 

Ante el avance de la formidable fuerza totalitaria en todo el continente y que golpea las puertas del poder en México, ni el PAN ni mucho menos el PRI son el valladar que necesitamos. Debemos construirlo y el tiempo se nos acaba.

 

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