MIÉRCOLES, 21 DE MAYO DE 2008
Un debate digno del subdesarrollo

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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Entre 0% y 1%
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“En el 2025, en vez de estar celebrando nuestra soberanía, con nuestros nietos y nuestros bisnietos, estaremos lamentando como ese preciado chapopote hasta abajo del mar permanece en la profundidad oceánica inservible, no explotado, riqueza perdida para siempre.”


Un viejo amigo, y viejo conocedor de los dimes y diretes de la “grilla” económica en nuestro país, nos comparte una opinión contundente sobre el debate energético: tal es la pasarela de hombres de nombre, mujeres de renombre, etiquetas bien paradas en los ojos de la sabiduría convencional, que faltaría únicamente considerar que se unan Cepillín, Madonna, Giovanni dos Santos, y porqué no, el Subcomandante Marcos.

 

En este debate, hemos escuchado a varias voces decir cosas al tenor de “el petróleo es el corazón de la economía mexicana” (no lo es, más bien, es la vaca sagrada del fisco federal) y “el alma del pueblo mexicano.” Lindas, bonitas, primorosas palabras. Un alma gris, y acomplejada, sin embargo—con rendimientos decrecientes, con una gran reserva potencial pero la cual no podemos explotar por falta de tecnología, con un nivel bajo de productividad, con una corrupción total.

 

El debate se ha degenerado a si somos o no somos privatizadores—como si esa fuese una señal de cadena perpetua. Empero, ¿donde están los conocedores del tema, los científicos que desarrollan fuentes alternativas de energía? O el maestro George Baker, experto mundial sobre la energía mexicana? O Vernon Smith, asesor del Alaska Trust Project, y Premio Nobel de Economía por sus trabajos en el campo de la economía experimental y la economía de los energéticos? O Daniel Yergin, el magnífico analista del entorno petrolero, autor, entre varias obras, de The Commanding Heights?

 

En vez, hacemos un oso monumental ante los representantes alemanes, con un debate digno del complejo de ratoncito mexicano; o, merecemos la desatención del resto del mundo, cuando allá, donde no presumen excepcionalismos acomplejados, sí buscan las tecnologías para explotar sus recursos potenciales y transformarlos en riqueza real. O, peor aún, nos convertimos en la verdadera tragedia latinoamericana, dejando riqueza en la mesa, cuando altos costos de energía brindan oportunidad para recapturar las fuentes de competitividad de China e India y otros mercados, dados los altos costos de transporte.

 

Hay participación privada, de alguna forma u otra, en países como Angola, Brasil, Colombia, Cuba, Corea del Norte, China, Irán, Iraq, Libia, Nigeria, Noruega, Rusia, y Venezuela; hay participación de inversión productiva en refinación en todos estos países; y hay similares esquemas de participación en materia de proyectos de exploración y de extracción en aguas profundas. En todos, absolutamente todos, estos casos, se ha visto un aumento en la producción petrolera y en las reservas probadas de petróleo.

 

Según la definición de soberanía, somos el único país soberano del mundo, porque somos el único que no admite este tipo de participaciones privadas. Eso sí, muy machos, muy patrióticos, pero nuestra producción petrolera va para atrás, y nuestras reservas a la vez también.

 

En el 2025, en vez de estar celebrando nuestra soberanía, con nuestros nietos y nuestros bisnietos, estaremos lamentando como ese preciado chapopote hasta abajo del mar permanece en la profundidad oceánica inservible, no explotado, riqueza perdida para siempre, porque algún individuo o grupo de ellos habrá diseñado una alternativa.

 

Y entonces recordaremos el debate energético del 2008, un debate digno del más amplio y soberano subdesarrollo.

 

• Reforma energética

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