Jaque Mate
Jun 3, 2008
Sergio Sarmiento

La consulta de Marcelo

Los referendos suelen ser instrumentos conservadores. Lo vemos ahora en la discusión sobre el petróleo. Quienes quieren la consulta buscan impedir una reforma y mantener el actual sistema. Lo más común, como bien lo sabe Ebrard, es que la gente se resista a los cambios. Todas las reformas importantes de un país son, en principio, impopulares. Por eso Ebrard busca hoy una consulta pública sobre la reforma petrolera, pero no lo hizo en el caso del aborto.

Marcelo Ebrard, el jefe de gobierno del Distrito Federal, anunció este 29 de mayo que realizará una consulta pública para que los capitalinos decidan si aceptan o no la reforma petrolera presentada por el presidente Felipe Calderón. La decisión es política. Ebrard está buscando apoyar a Andrés Manuel López Obrador en su esfuerzo por detener la iniciativa del presidente.

 

Pero eso no significa que la propuesta de consulta carezca de méritos. Una de las razones es, simplemente, el hecho de que las encuestas de opinión señalan que los mexicanos quieren expresar su punto de vista en torno a la reforma petrolera. La otra es que es justo que se acuda a los propios ciudadanos para tomar una decisión tan importante para nuestro país.

 

Yo mismo he defendido el uso del referéndum para dirimir temas de fondo. Lo hice, por ejemplo, en el caso de una reforma electoral impuesta por los partidos políticos que resultaba no sólo violatoria de la libertad de expresión sino sumamente impopular. En ese caso, sin embargo, quienes hoy piden un referéndum se oponían a realizarlo.

 

Los referendos, plebiscitos o consultas pueden ser muy útiles para un país o un estado, pero también pueden constituirse en obstáculos para el desarrollo y la prosperidad. La razón es que muchas medidas indispensables para un país no son populares. En Suiza, los plebiscitos han resultado muy eficaces para consensar opiniones, lo cual ha ayudado a darle al país uno de los mejores niveles de vida del mundo. Pero también han servido para sostener posiciones conservadoras, como la negativa de décadas de muchos cantones a dar a las mujeres el derecho al voto. En Estados Unidos, y en especial en California, el referéndum se ha usado principalmente para impedir aumentos de impuestos, pero sin que nadie se haya preocupado de recortar los programas de gasto gubernamental.

 

Los referendos suelen ser instrumentos conservadores. Lo vemos ahora en la discusión sobre el petróleo. Quienes quieren la consulta buscan impedir una reforma y mantener el actual sistema. Lo más común, como bien lo sabe Ebrard, es que la gente se resista a los cambios. Todas las reformas importantes de un país son, en principio, impopulares. Por eso Ebrard busca hoy una consulta pública sobre la reforma petrolera, pero no lo hizo en el caso del aborto.

 

Las encuestas de opinión no nos dicen cuál sería el resultado de un referéndum nacional sobre la reforma petrolera. El número de mexicanos que apoya la reforma es aproximadamente igual al de quienes se oponen a ella. La mayor parte de la población se muestra, sin embargo, indecisa.

 

Crucial sería la redacción de las preguntas. No es lo mismo “¿Está usted de acuerdo con la privatización de la industria petrolera?” que “¿Está usted de acuerdo con que se permita la inversión para fortalecer a Pemex?” Y ahí está el meollo del asunto. Quien controla la redacción de la pregunta --como ya lo demostró Andrés Manuel en sus consultas cuando era jefe de gobierno, en las que obtenía resultados de aprobación cercanos al 100 por ciento-- controla la consulta.

• Petróleo


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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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