LUNES, 9 DE JUNIO DE 2008
Economía y Derecho (III)

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“La causa del subdesarrollo latinoamericano se encuentra en la mala definición de los derechos de propiedad, en la ausencia de instituciones para protegerlos y a las numerosas distorsiones en el mecanismo de precios causado por la omnipresencia gubernamental paternalista-populista que fallidamente intenta y sobreintenta proteger a los ciudadanos de la cuna hasta la tumba.”


Seguro el lector a diario realiza intercambios en el mercado como pagar para conseguir los víveres y ropa necesarios, pagar por los distintos servicios que recibe, abonar pagos al crédito hipotecario, pagar por la colegiatura de los hijos, pagar por satisfacer un gusto personal, etc. Pero el lector también recibe pagos a cambio de servicios, productos, fuerza de trabajo ó talento dedicado a satisfacer las necesidades de sus semejantes. Para ser rigurosos, para comprar bienes, debemos ofrecer antes algo a cambio (un servicio, fuerza de trabajo y/o talento).

 

Además de estas transacciones, el lector y yo a diario discriminamos entre distintas decisiones económicas como decidir en qué parte de la ciudad ó del país vivir, en qué empresa y/o para qué sector productivo trabajar, en qué escuela estudiar los hijos, rentar ó comprar una casa (ó departamento), comprar ó no un automóvil, etc.

 

A menudo realizamos estos intercambios (o discriminaciones económicas) sin reflexionar lo que está detrás de los mismos. Sólo nos sentamos a pensar qué pasa (llegando casi siempre a conclusiones erróneas), cuando alguno de estos intercambios se detiene. Sea porque perdamos nuestro empleo ó quiebre nuestro negocio, justo es cuando tratamos de analizar qué pasó; una reflexión ciertamente amarga, por la incertidumbre que nos llega sobre el futuro.

 

En México, por las diversas crisis económicas sufridas, los mexicanos solemos culpar al “mercado”, de nuestras penurias. Pero eso parte de una concepción errónea, inculcada en la deficiente educación que los mexicanos reciben en todos los niveles.

 

Con envidia vemos a naciones prosperas, en donde los intercambios y las buenas remuneraciones predominan, sin ponernos a pensar qué hicieron, a qué se debe su bienestar. Aquí otra vez los mexicanos solemos equivocarnos. Atribuimos equivocadamente esta prosperidad a que en esas naciones el gobierno “redistribuye mejor los ingresos” (le quita a los ricos para darle a los pobres), ó peor aún, creemos en el mito marxista de que las naciones ricas son ricas porque explotan a las naciones pobres.

 

Como bien apunta el economista Hernando de Soto, a menudo sabemos cómo hacer las cosas sin comprender por qué funcionan así. Realizamos transacciones a diario sin saber cuál es la base para que éstas se lleven a cabo de manera exitosa.

 

En primer lugar, para que los intercambios se lleven a cabo, es de vital importancia que el mecanismo de precios funcione bien. ¿En qué consiste el mecanismo de precios? Cuando el lector va al supermercado, una de las primeras cosas que observa (sobre todo si quiere bien gastar su dinero) es el precio, y lo único que sopesa es si es costoso ó barato (según el promedio conocido), pero usualmente no suele ahondar en más (de hecho el consumidor no necesita hacerlo -a menos que sea curioso- para realizar la transacción; si algo es costoso simplemente no se compra, ó se reduce su cantidad; si algo es barato, se aprovecha la oportunidad y se adquiere el bien).

 

El buen funcionamiento del mecanismo de precios es esencial para que los recursos se asignen de manera óptima. Los precios cumplen con tres funciones fundamentales:

 

1) Los precios transmiten información. Los agentes económicos (empresas y familias) deciden aumentar ó racionar sus compras en función del precio. Por ejemplo, si una empresa observa que la demanda del bien que produce aumenta, decidirá adquirir más maquinaria y personal para hacer frente a la creciente demanda. Para ello muy probablemente tendrá que subir la paga a los trabajadores para atraerlos a su sector. Viceversa si ocurre lo contrario (que caiga la demanda del bien que produce). Ojo, nadie le da órdenes a la empresa, los precios le dan las señales para tomar decisiones.

 

2) Los precios proveen incentivos. Si un bien resulta caro, los consumidores decidirán no comprarlo ó reducir su demanda y, si el bien es muy necesario, buscarán seguro un bien sustituto (bueno, en el corto plazo tal vez no; a pesar de que el precio aumente, consumirán la misma cantidad del bien necesario, pero reducirán el consumo en otros bienes para que su presupuesto alcance; en el largo plazo, de plano buscarán sustituirlo, ó de plano podrían cancelar su consumo). Para las empresas, la reducción en la cantidad demandada de sus bienes, les dará el incentivo para buscar métodos de producción más eficientes, que les permitan innovar y, con ello, reducir costos, lo que redundará en precios nuevamente bajos al consumidor, con lo que tratarán de evitar así el perder mercado.

 

3) Los precios determinan la distribución de la renta y/o ingreso. Si lo que ofrece el lector (como negocio, trabajo ó talento) es apreciado por muchos, la paga será alta. Lo contrario si esto no ocurre.

 

Ahora bien, para que el mecanismo de precios funcione bien, se requiere de una condición esencial: que los derechos de propiedad estén bien definidos. ¿Por qué? Sencillo: si el bien que poseo mañana me lo puede quitar el gobierno (ó no tengo la plena certeza de que es mío sino que puede ser de otro ó del Estado), entonces el mecanismo de precios no funciona, pues ya no me provee de los incentivos adecuados para proteger y explotar de manera racional mi propiedad (si lo hago, pierdo recursos, pues estoy trabajando probablemente para el gobierno, ó para otro, al que el gobierno decida beneficiar con la confiscación de mi bien ó propiedad). Por tanto, tampoco tengo el incentivo al intercambio; en el peor de los casos esto me obligará a realizar mis intercambios clandestinamente (mercados negros). En las viejas dictaduras comunistas, la escasez y la ausencia de innovaciones estaban a la orden del día. La razón: la no existencia de derechos de propiedad y la prohibición para que el mecanismo de precios (que funciona en una economía libre) funcionara.

 

Como apuntamos en nuestros dos artículos anteriores, son los derechos de propiedad lo que determina que en una economía de libre mercado los intercambios se lleven a cabo de manera exitosa.

 

Recordemos, los derechos de propiedad consisten en el derecho a poseer un bien, el derecho a usufructuar dicho bien y el derecho a transferir tal bien (ver mi artículo anterior para más detalles). Ahora bien, la existencia de derechos de propiedad bien definidos, es una condición necesaria más no suficiente para que los intercambios se lleven a cabo de manera exitosa.

 

La condición suficiente para que los intercambios se lleven a cabo de manera exitosa es que exista una infraestructura jurídico-institucional que haga coercitivo el cumplimiento de los derechos de propiedad. Esto último es lo que Douglas North llama Institución. Para North, la Institución se traduce como una restricción socialmente impuesta para el comportamiento humano. Es importante que las instituciones sean fuertes y eficientes en el objetivo de proteger los derechos de propiedad. Si las instituciones son débiles para con este propósito, cualquier política pública fracasará rotundamente.

 

Lo anterior nos lleva a una conclusión fundamental: Obtener los precios correctos (que el mecanismo de precios funcione bien) sólo tiene las consecuencias deseadas cuando ya se cuenta con un conjunto bien definido de derechos de propiedad y con las instituciones eficientes, que apliquen sólidamente la ley para protegerlos. Estos ingredientes juntos, producen las condiciones competitivas para que los mercados sean eficientes.

 

El Estado debe proveer y velar para que las instituciones sean sólidas y hagan respetar los derechos de propiedad. Más aún, el Estado debe ser el primero en respetar los derechos de propiedad de los individuos. Pero además algo primordial: Para que el desarrollo humano sea pleno, el Estado debe respetar el derecho natural de los seres humanos, a saber, el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad privada.

 

Como siempre amigo lector ¿para qué todo este rollo? Para entender por qué hay naciones pobres y ricas, así como seres humanos libres y seres humanos esclavizados. La evidencia es abrumadora: las naciones prósperas y libres son aquellas en que sus mercados funcionan bien y generan bienestar para todos por que además de respetar los derechos de propiedad se respetan de manera sagrada los derechos naturales del ser humano: el derecho a la vida a la libertad y a la propiedad privada. Las naciones pobres y esclavizadas, realizan lo contrario, no respetan ni los derechos de propiedad ni los derechos naturales.

 

No se crea amigo lector el rollo que políticos y periodistas de izquierda repiten como pericos: que la causa por la que América Latina es subdesarrollada se debe, a la “explotación capitalista”, a los “ricos codiciosos”, a EU, a las “perniciosas trasnacionales” al “neoliberalismo” ó a cualquier otro “villano” que a cada rato se inventa la izquierda retrógrada y trasnochada latinoamericana.

 

La causa del subdesarrollo latinoamericano se encuentra en la mala definición de los derechos de propiedad, en la ausencia de instituciones para protegerlos y a las numerosas distorsiones en el mecanismo de precios causado por la omnipresencia gubernamental paternalista-populista que fallidamente intenta y sobreintenta proteger a los ciudadanos de la cuna hasta la tumba.

 

Hay quien afirma que la privatización en América Latina no ha funcionado. Pero eso no es totalmente cierto. La mayoría de las privatizaciones fallidas han sido culpa de los mismos gobiernos. Lamentablemente la mayoría de los periodistas y la gente no lo entiende, lo que ha creado un clima para que la izquierda populista resurja y las privatizaciones no sean muy populares. En mi próximo artículo demostraré el por qué la crisis mexicana de 1995 (que por cierto no se debió a las privatizaciones ni al mal llamado neoliberalismo) dio pie para que resurgiera toda clase de dudas en torno al libre mercado y a la apertura económica en general (la crisis mexicana de 1995 influyó mucho en el ánimo latinoamericano de proseguir con las reformas de libre mercado). Estos prejuicios e ignorancia de cómo funcionan los mercados libres, pesan muchísimo hoy que se intenta reformar a PEMEX. Demostraré también por qué las privatizaciones que fracasan se deben, uno, al gradualismo (ya explicaré qué es eso) y dos, a no definir adecuadamente los derechos de propiedad. Hasta entonces amigo lector, pues ya excedí mi espacio.

• Derechos de propiedad

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