LUNES, 9 DE JUNIO DE 2008
¿Cuál era la diferencia entre los malos y los buenos economistas?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Adriana Merchant







“La estabilidad de los precios es condición necesaria para promover el crecimiento y desarrollo económico. Dicha estabilidad de precios es posible, pero más aún es en extremo deseable, y no es un asunto que requiera la sabiduría de un gran economista, sino el más mínimo sentido común de cualquier persona, sin embargo, la realidad de nuestros gobernantes no parece ser así.”


La semana pasada, el presidente Felipe Calderón sin pena alguna hizo una “pronunciación” muy desafortunada respecto a la conducción de la política monetaria por parte del Banco de México. Calderón señaló que para competir se requieren créditos para las empresas y sostuvo que "ojalá la autoridad monetaria tenga esa consideración", expresando su deseo de que Banxico disminuya las tasas de interés porque –sostuvo- son casi el doble de las que tiene Estados Unidos, a pesar de que la inflación en ese país es prácticamente igual a la de México. (La pena la sentimos todos los ahí presentes, mirándonos unos a otros desconcertados, pues el mandatario no pudo escoger mejor foro para demostrar que no sólo es capaz de rebasar por la izquierda sino hasta por el carril de contraflujo: la reconocidísima conferencia de “The Economist” en México.)

 

A los deseos de Calderón le siguieron los del secretario general de la OCDE, José Angel Gurría, quien consideró “legítimo” que se establezca un diálogo entre el gobierno y el Banco de México sobre una eventual reducción de las tasas de interés en el país, argumentando que en los últimos meses ha sido una petición habitual de los presidentes de todo el mundo, de Europa en particular, a los bancos centrales: “muchos otros jefes de Estado en el mundo le están pidiendo a sus respectivos bancos centrales que se preocupen un poco más del crecimiento y menos de la inflación”.

 

Primero, la competitividad, como ya lo explicó el profesor Katz, no se estimula a través de una política monetaria expansiva, sino de mayores niveles de productividad y competencia (cosa de lo que no habló el presidente, por cierto). Excesivas regulaciones, altas barreras de entrada y restricción a ciertos tipos de inversiones, concentración de actividades económicas estratégicas en manos del gobierno, defectuoso sistema educativo, inflexibilidad laboral y el deficiente sistema de justicia hace que nuestra economía simple y sencillamente no sea tan atractiva a los capitales como muchas otras y crezca a tasas muy por debajo de su potencial.

 

¿Por qué no se pone a trabajar el gobierno federal en lo que sí puede hacer para estimular realmente la actividad económica en vez de estarle pidiendo al banco central que manosee la emisión monetaria? Veamos, si el gobierno realmente quisiera estimular la economía a través de un crédito más barato, ¿por qué –por ejemplo- no hace su trabajo para reducir el diferencial entre tasas pasivas y activas? Ahí tendrá mucho campo de acción –aunque no tan fácil como sería la manipulación monetaria- considerando que actualmente el mismo banco que le paga a un individuo el 1.2% de interés anual por su ahorro, le cobra un 26% por un préstamo personal. Que se ponga el presidente a mejorar el ambiente bancario en serio, a impulsar una regulación financiera que no asfixie el sistema, a garantizar la competencia efectiva entre las instituciones de crédito y a quitar barreras para nuevos negociantes interesados en el mercado. Ahí tiene con qué empezar.

 

Segundo, es muy común que los gobernantes sigan tercos con que un poquito de inflación impulsaría a la economía, sin embargo no hay peor ignorancia económica que este tipo de aseveraciones, y peor aún, es olvidar las muchas lecciones dolorosas que hemos tenido en este sentido.

 

La historia ha demostrado que la incertidumbre en la variación de los precios provoca menor ahorro e inversión en capital físico. Además, la inflación altera los ingresos esperados de la inversión e interfiere con las decisiones de los inversionistas, provocando una asignación ineficiente de recursos. Sin una acumulación de capital constante y progreso tecnológico, no puede haber incrementos en el ingreso por habitante y se limita la expansión potencial de la economía.

 

Adicionalmente, la inflación disminuye la confianza de los agentes económicos en la política monetaria y distorsiona otros dos determinantes del crecimiento económico: la acumulación de capital humano y la inversión en investigación y desarrollo, lo cual afecta de manera negativa la productividad total de los factores y, con esto, el dinamismo potencial de la economía. ¿Esto lo sabe Calderón o sus asesores?

 

La propia experiencia mexicana confirma la ignorancia económica de quien propone este tipo de medidas. Una vez hice un ejercicio estadístico entre inflación acumulada y PIB acumulado desde 1973 a 2007. Resulta que para 2007, la inflación acumulada (480,000%) destruyó el 30% de la riqueza generada en esos 35 años. Destacan el perdiodo 1973-1987 donde la inflación acumulada destruyó el 89% de la riqueza generada, 1973-1994 con poco más la mitad (46%), y en general los años 80’s y 90’s donde la destrucción rondaba el 60% y 40% respectivamente. ¿Se imagina usted el porcentaje acumulado que se obtiene si en lugar del 3.8% que resultó la inflación en 2007 se hubiera obtenido un 2-3% adicional al objetivo perseguido por Banxico? O peor aún, ¿si esto se hace sucesivamente para cada año con el pretexto de poder crecer más? De nada sirve hacer creer que crecemos un poco más si del otro lado destruimos riqueza, tarde o temprano la ilusión desaparece. No es por ahí la solución.

 

Cuarto, es verdad, la desaceleración económica pone nerviosos a muchos políticos. Sin embargo, el mandato único de Banxico tiene que ver con la estabilidad de precios y no con el crecimiento económico, a diferencia de la autoridad monetaria en Estados Unidos. A partir de la autonomía del Banco de México, éste ha logrado adquirir una cierta credibilidad y reputación, ya que ha logrado bajar la inflación a su nivel mas bajo de las últimas cuatro décadas y no ha desviado su atención de tal objetivo. La presión política sobre el Banco México debería ser ignorada por la junta sencillamente porque tiene un solo objetivo que responde a la estabilidad de precios; los resultados de subordinarse al gobierno han sido catastróficos.

 

Al considerar los diversos costos de la inflación y su impacto sobre el bienestar de las personas, la evidencia teórica y práctica apunta hacia una sola dirección: la estabilidad permanente de los precios y no las medidas artificiales de corto plazo propuestas por los políticos que una vez más nos enseñan que la evidencia y la teoría económica no les interesan en lo más mínimo en aras de conseguir resultados de corto plazo, y lo peor, sin percatarse del gran daño que terminarían causando en la economía nacional. No olvidemos una de las más importantes contribuciones a la aplicación de la teoría económica que hizo el economista norteamericano Henry Hazlitt, y en cuya obra nos recuerda el considerar los efectos más remotos de cualquier acto o política y no meramente sus consecuencias inmediatas. De hecho, él decía que esa era la diferencia entre los buenos y los malos economistas.

• Inflación / Política monetaria

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