MARTES, 17 DE JUNIO DE 2008
Volver, volver a casa (y II)

¿Usted cree que es una buena idea que sean Pemex y la Secretaría de Energía quienes construyan una refinería?
No
No sé



“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Fernando Amerlinck







“Regreso a casa. A la ciudad donde nací. Al mero México. Al puritito Distrito ora sí que Federal. Regreso a la realidad del mundo real. A los baches, topes y microbuses. A las señales de tránsito absurdas y mentirosas. A las noticias de encajuelados, encobijados y decapitados. A los debates de nunca acabar entre sordos.”


MÉXICO.- Regreso a la Caput Mexicani luego de tres semanas fructíferas en experiencias, copiosas en ideas y observaciones, abundantísimas en gastos. Eurolandia es zona de perdición para cualquiera que gane un precario ingreso en una zona ligada al verdecadente billete llamado “dólar”. (Tanto así, que un billete cuesta unos 40 centavos de superpeso menos que cuando salí.)

 

Sin embargo, vuelvo al único país del mundo que tiene una iniciativa pendiente en el Congreso para implantar la plata como moneda de curso corriente. Entro por primera vez a la Terminal 2 del aeropuerto internacional, con la buena noticia de que ya no seré esclavo del sindicato de maleteros sino que puedo llevar mis maletas en carritos hasta el mismísimo estacionamiento, por módicos diez pesos. La Terminal 2 es una inversión que vale la pena (y que debe seguir aprovechándose, cosa sólo posible si se amplía el aeropuerto hacia lo que son hoy unos tiraderos de basura en el bordo poniente).

 

Vuelvo a casa. Regreso a mi lugar. Viví la humana civilización de Roma, vi a mi hija menor culminar una brillante carrera y oí cantar a los ángeles en la celebración de San Juan Crisóstomo en Santa Maria in Trastevere. Vengo del misterio auroasiático al navegar por el Bósforo recordando a Espronceda: “…y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”; de ver cómo el Islam puede convivir con Europa y montarse a horcajadas entre ella y Asia; de pasar brevísimamente por la perfecta capital francesa, y visitar a un hijo que trabaja en la vital, maravillosa, inmensa, espléndida, segura Nueva York.

 

Regreso a casa. A la ciudad donde nací. Al mero México. Al puritito Distrito ora sí que Federal. Regreso a la realidad del mundo real. A los baches, topes y microbuses. A las señales de tránsito absurdas y mentirosas. A las noticias de encajuelados, encobijados y decapitados. A los debates de nunca acabar entre sordos que sólo oyen su propia voz. Al viajar desde el norte me viene a la memoria un poema de Salvador Espriù (1913-1985):

 

Oh, que cansat estic de la meva covarda, vella, tan salvatge terra,

i com m"agradaria d"allunyar-me"n, nord enllà,

on diuen que la gent és neta i noble, culta, rica, lliure, desvetllada i feliç!…

Però no he de seguir mai el meu somni i em quedaré aquí fins a la mort.

Car sóc també molt covard i salvatge i estimo a més amb un desesperat dolor

aquesta meva pobra, bruta, trista, dissortada pàtria.”

 

No sé catalán pero eso se traduce más o menos a “¡Oh, qué cansado estoy de mi cobarde, vieja y tan salvaje tierra! ¡y cómo me agradaría alejarme hacia allá, al norte, donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre, desvelada y feliz!... Pero no seguiré jamás mi sueño y me quedaré aquí hasta la muerte. Porque soy también cobarde y salvaje, y amo además con un desesperado dolor a esta mi pobre, sucia, triste, desdichada patria”.

 

¿Será para tanto, o es una licencia poética más bien exagerada? Prefiero a otro poeta, el compatriota Octavio Paz: el peregrino en su patria. Me siento así al regresar.

 

México es mi casa. Es mi hogar. Es la tierra mía, y la quiero más que a la nación porque me considero patriota, no nacionalista (la nación es una construcción vertical, inventada por alguien cercano al poder político; la patria está ligada a la tierra, porque nace de ella).

 

Como mundano que soy (ciudadano del mundo, pues) tengo una segunda patria adoptiva en Roma. Otra en mi querida Guatemala, a la que me enlazan la sangre y la amistad. Y una más en la provincia cántabra de Santander. Pero es México la número uno. Acá está mi gente. Mi familia. Mis amigos. Mis posibilidades de hacer algo. Ah, que agradable es regresar a casa.

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