LUNES, 21 DE JULIO DE 2008
El regreso de los revisionistas

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Valenzuela







“Los revisionistas se equivocaron. Pero todos sus errores se desprenden de una sola cosa: su inhabilidad para entender y apreciar el poder de los mercados libres. Las economías se pueden manosear y manipular durante un tiempo, se puede inclusive lograr ciertos resultados, pero tarde o temprano la burbuja se revienta y en ese momento los mercados pasan la factura y hay que pagarla, por más dolorosa que esta sea.”


Con el resurgimiento de los mercados en los 80s como el mejor sistema de creación y distribución de riqueza, la caída del comunismo, etc., los ataques al capitalismo cesaron durante un tiempo en las agendas políticas del mundo occidental. Pero esa ola está de regreso. Estamos atestiguando a nivel mundial la peligrosa tendencia de una vez más linchar lo que el establishment considera peligroso para lograr sus objetivos; el mercado.

 

El recién coronado príncipe del partido Demócrata, Barak Obama, no perdió tiempo e inició una serie de ataques a la industria tabacalera, las compañías petroleras, empresas farmacéuticas, las grandes compañías de seguros, Microsoft, etc. El surgimiento de su candidatura en las encuestas nos indica que esa retórica populista y demagoga gusta al electorado.

 

En la convención de presidentes de Bancos Centrales del mundo hace unos días, sus abanderados definieron un serio problema: “La gente, indican, está preocupada por la forma en que los mercados crean y distribuyen la riqueza y, sobre todo, la ruda competencia que se ha provocado entre la sociedad civil.”

 

Sin embargo, los economistas liberales de inmediato refutaron tal afirmación señalando que la competencia dista mucho de ser “ruda,” puesto que, en estimación de la famosa empresa consultora McKinsey, solamente una quinta parte de la economía mundial está realmente abierta a la competencia en productos, servicios y control patrimonial. Es decir, cuatro quintas partes de la producción mundial siguen bajo controles estatales, del capitalismo crony o de las mafias internacionales.

 

El capitalismo estilo EU, producto de las reformas de los 80s, había eclipsado al “mercado social” de Europa y el capitalismo estatal de Japón que tanto admiraron “los revisionistas”. Entonces, si las agresiones a este capitalismo son tantas en estos momentos; ¿que podíamos esperar si la economía mundial, liderada por la de EU, ha entrado a una etapa de bajo crecimiento y desempleo? Es cuando los arquitectos sociales pasan a culpar al capitalismo y sus mercados libres desde la crucifixión de Jesucristo, hasta las guerras mundiales, pasando por la hambruna en África y el sida en San Francisco.

 

Aquí es donde iniciamos nuestra caminata sobre una línea muy delgada. Tenemos sobre la mesa la queja del control de las economías de parte de empresarios estatistas en los capitalismos crony, al mismo tiempo que se pide la intervención del estado para remediar esa situación que él mismo ha causado. La agresión de parte de grupos llamados “no gubernamentales” pidiendo una economía mundial semejante a la reforma agraria mexicana, o al sistema welfare de los EU en los 60s de transferencia de la riqueza de los que la producen hacia aquellos que no tienen ninguna participación en esa creación.

 

Nos encontramos de nuevo ante la disyuntiva creada a principios de los 80s entre los economistas liberales que asesoraban a Reagan, y los llamados “revisionistas” quienes promovían el que los EU adoptara un modelo similar al de Japón Inc. Ellos argumentaban que los EU jamás podrían competir con ese capitalismo estatal de Japón. Los revisionistas afirmaban: “A menos de que los EU adopten el estilo japonés, abandonen los mercados libres en favor de un comercio internacional controlado, y la activa participación del estado en la economía con objetivos sociales, EU se convertirá en una colonia de Japón.”

 

Los revisionistas siempre pensaron que el secreto del éxito del sistema japonés era su visión a largo plazo. El sistema financiero japonés invertía capital no para lograr impresionantes rendimientos en el corto plazo, sino para ganar penetración en los mercados estratégicos, dar empleo y seguridad de por vida a sus trabajadores y, de esa forma, supuestamente maximizar sus rendimientos en el largo plazo, cosa que nunca sucedió. Esto contrastaba con la visión -según ellos miope- de los financieros americanos que se manejaban de acuerdo al comportamiento de los mercados de capitales tan exigentes en la producción de utilidades en el corto plazo.

 

Los admiradores del sistema japonés pensaron que habían encontrado una forma superior de capitalismo; el llamado capitalismo de desarrollo estatal. Afirmaban: “el capitalismo de desarrollo estatal representa un tercer camino a través del cual el gobierno establece objetivos sociales pero utiliza los mecanismos del mercado para lograrlos. La propiedad privada y el libre intercambio existen, pero la planeación gubernamental y la manipulación son también esenciales. En un futuro muy cercano –afirmaban- el capitalismo manipulado de Japón enterrará en el olvido a los mercados libres de los EU.”

 

James Fallows uno de los más famosos revisionistas recitaba:

 

 “El estilo asiático desconfía profundamente de los mercados. Ve la competencia como para mantener a las empresas nerviosas pero, no como el camino para resolver ninguna interrogante de la vida; como la sociedad se manifieste, es en la dirección que la economía se debe desarrollar.”

 

Pero al inicio de los años 90 todas las economías asiáticas se derrumbaban y la de EU, luego de Reganomics, continuaba el periodo más largo de crecimiento de su historia: Los revisionistas afirmaban haber descubierto una nueva forma de capitalismo superior, el capitalismo japonés de desarrollo estatal. Hoy día, sin embargo, ese sistema es conocido como capitalismo oligárquico y su fracaso manifiesto provocó pena y dolor en toda la cuenca del Pacifico.

 

La magnitud de la caída fue impresionante: La economía japonesa permaneció diez años sin crecimiento. El Yen se depreció a la mitad respecto al dólar. El mercado bursátil de Tokio perdió el 60% de su valor desde que llegó a su récord en 1989, y los valores de los bienes raíces cayeron hasta un 80%. Esa depresión de precios dejó a los bancos japoneses con niveles de deuda mortales. A finales de la década las autoridades japonesas estimaron el problema de préstamos “desahuciados” en $670 mil millones de dólares, casi el 25% del PIB.

 

Pero ¿Qué sucedió en los EU? Desde que Reagan abandonara Washington, los políticos progresistas veladamente iniciaron una jornada para aplicar la receta de los revisionistas. Cuatro años de Bush I, ocho de Clinton I y ocho de Bush II, fueron suficientes para lograr los resultados del potaje japonés: El dólar se deprecia, el mercado de valores se derrumba, los bienes raíces viajan al abismo, los bancos entran a la terapia intensiva del gobierno.

 

Solución: ¿Reganomics u Obanomics? ¿Reganomics o Pejenomics?

 

Los revisionistas SE EQUIVOCARON. Pero todos sus errores se desprenden de una sola cosa: su inhabilidad para entender y apreciar el poder de los mercados libres. Las economías se pueden manosear y manipular durante un tiempo, se puede inclusive lograr ciertos resultados, pero tarde o temprano la burbuja se revienta y en ese momento los mercados pasan la factura y hay que pagarla, por más dolorosa que esta sea.

 

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