Mercadologics
Ago 20, 2008
Adriana Merchant

La función del gobierno

¿Cuál cree usted que es la entidad de la república que rinde cuentas sólo sobre el 3% de los recursos que le transfiere la federación etiquetados exclusivamente para combatir la inseguridad? Exacto, adivinó. ¿Quién cree usted que tiene la culpa?

Garantizar la seguridad e impartir justicia. O, como resume siempre Arturo Damm, evitar que nos matemos, nos robemos y nos esclavicemos unos a otros. Esa es la principal función del Estado, encarnado en el gobierno en turno, sea éste de orden federal, estatal o municipal, y sea cual sea su rama; ejecutiva, legislativa o judicial.

 

Los gobiernos deben pues ser, primero que todo, especialistas en esa materia: la protección a sus ciudadanos. Cuando esas personas e instituciones contratadas y pagadas por nosotros no pueden salvaguardar nuestro derecho natural a la vida, la propiedad y la libertad, buscan distraer nuestra atención ofreciendo otras cosas que resultan secundarias, en algunos casos hasta anacrónicas, desperdiciando tiempo, esfuerzo, recursos y talento. (Ejemplo hipotético No. 1: Como no puedo o no me conviene combatir a los malhechores –desde policías que extorsionan automovilistas o desvisten muchachas en antros hasta desalmados que secuestran y matan niños-, mejor empleo esos recursos valiosos para promover películas corrientes que nadie quiere ver, o para legitimar cínicamente que sí nos podemos matar siempre y cuando la víctima esté indefensa dentro del vientre materno, o de plano para organizar románticos bailes de quinceañeras, pistas de hielo o consultitas para tomar el pelo a mentes incautas.)

 

Pero el fracaso en la misión básica de los gobiernos y su consecuente recurso de “a la gente pan y circo” no sólo se debe a su ineptitud para garantizar la seguridad, impartir justicia y legislar en torno a eso. Quizá gran parte de la culpa la tenemos nosotros, quienes les hemos encomendado cada vez más y más tareas. Pero ¿qué rayos nos hace pensar que si no pueden con lo básico (y lo básico no tiene por qué ser lo de menos) van a poder con otras cosas? (Ejemplo hipotético No. 2: Por qué no además de contratar un gobierno que nos proteja, también le pagamos para que nos eduque, nos cure, nos libre de la competencia y de los efectos improbables del calentamiento global, nos garantice no sólo igualdad de oportunidades sino también resultados, nos subsidie la gasolina, que también le quite a ustedes los ricos para darnos a nosotros los pobres, y que, ya entrados en gastos, de una vez planifique, conduzca, coordine y oriente la actividad económica, ¡ah! y que de paso haga programitas de radio los domingos en la noche para tomarnos todos de las manos.)

 

Qué bueno que este año los recursos federales para orden, seguridad y justicia aumentaron un 17.4% real respecto al año pasado; un aumento considerable si tenemos en cuenta que la expansión de todo el gasto programable pretende ser de 10.5%. Sin embargo, esos casi 70 mil millones de pesos apenas representan el 3.7% del total (a nivel estatal la proporción promedio no varía mucho), por lo que está claro que la seguridad no es fundamental ni para el gobierno mexicano (principalmente para el poder legislativo que es quien asigna el gasto público) ni para los ciudadanos, aunque nos rasguemos las vestiduras cada vez que recordamos que sí nos podemos matar, robar y esclavizar unos a otros. Es triste, pero es cierto; al gobierno federal le interesa más brindar educación (21%), salud (15%), pagar pensiones de exburócratas (12%), producir energía (20%), etc., todo lo cual lo hace de maravilla sin lugar a dudas.

 

Este año la federación le va a regalar más de 376 millones de pesos (mdp) al gobierno del Distrito Federal, etiquetados exclusivamente para seguridad pública. Hasta junio ya se le entregaron 225.6 mdp, pero el gobierno capitalino sólo nos ha rendido cuentas por menos de 7 (ver el último informe trimestral de finanzas públicas). El resto vaya usted a saber cómo, cuándo, dónde y para qué.

 

Hace más o menos un año discutía con un conocido acerca de cuál debería ser la principal función del gobierno. “Dar a los que no tienen”, me dijo. Aún si tuviera razón, ¿por qué no empiezan entonces los gobiernos por darnos la seguridad que no tenemos? Tal vez así nosotros podríamos liberarlos de todo lo demás que hacen mal. Haga usted la prueba, amable lector, pregunte a sus conocidos sobre la misión del gobierno; le adelanto que después de escucharlos comprenderá mejor por qué casi toda la culpa es nuestra.



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