VIERNES, 22 DE AGOSTO DE 2008
El deporte (IV)

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“Si desde el punto de vista físico, un triatlón Ironman resulta antinatural, desde la perspectiva del espíritu resulta de lo más natural, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que terminar los 226 kilómetros del Ironman es más, ¡mucho más!, que un triunfo de la materia, siendo un logro de la voluntad, que es una de las más claras manifestaciones del espíritu humano.”


El deporte, sobre todo el competitivo, practicado de manera ética, es decir, respetando el derecho de los demás a enfrentar una competencia justa, que en este caso quiere decir las mismas reglas para todos y el respeto de todos a esas reglas (que al final de cuentas es respeto por uno mismo), hace que el ser humano dé lo mejor de sí, a un grado que, a primera vista, parece sobrehumano o, si se quiere, antinatural, tal y como es el caso del triatlón Ironman, que consta de 3.8 kilómetros de natación, 180 en bicicleta y, para terminar, un maratón, es decir, otros 42.2 kilómetros, todo lo cual suma 226 kilómetros, triatlón que puede considerarse antinatural y, tan es así, que el ser humano debe entrenar mucho para superar las limitaciones naturales que una prueba de tal magnitud le impone. Pero desde otro punto de vista puede considerarse, para el ser humano, de lo más natural, en el sentido de que parte de su naturaleza consiste en proponerse metas difíciles, en todos los campos de la acción humana, no solamente en el deportivo. Si desde el punto de vista físico, un triatlón Ironman resulta antinatural, desde la perspectiva del espíritu resulta de lo más natural, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que terminar los 226 kilómetros del Ironman es más, ¡mucho más!, que un triunfo de la materia, siendo un logro de la voluntad, que es una de las más claras manifestaciones del espíritu humano.

 

Ir más allá de los límites establecidos, de los logros conseguidos. Pongo un ejemplo. En México 68, Felipe “El Tibio” Muñoz ganó la medalla de oro, en los 200 metros nado de pecho, con un tiempo de 2:28 minutos. Cuarenta años después, en China 08, el japonés Kosuke Kijama, ganó la prueba con un tiempo de 2:07, ¡21 segundos por debajo del tiempo de El Tibio! Pero eso no es todo. La nadadora estadounidense Rebecca Soni, en Pekín, ganó la misma prueba, en la rama femenil, con un tiempo de 2:20 minutos, ¡habiendo nadado siete segundos más rápido de lo que nadó El Tibio!, lo cual implica que, con el tiempo con el que Muñoz ganó en el 68 no hubiera pasado, en el 08, a la final femenil. (Según Ronald Jonson, entrenador, entre otros campeones olímpicos, de El Tibio, en su libro Un romance con el agua – de próxima presentación en México -, pronostica que, para el 2028, los tiempos de ambas pruebas, varones y mujeres, serán, respectivamente, ¡2:01 y 2:12 minutos!).

 

Una muestra más del afán del ser humano por ir más allá de los límites es Dara Torres, nadadora estadounidense que en la Olimpiada china ganó tres medallas de plata, ¡¡¡a los 41 años de edad!!!, edad considerada avanzadísima para la práctica competitiva de la natación, habiendo perdido los 50 metros libres por solamente una centésima de segundo (no, no décima: ¡centésima!), sumando así 12 medallas olímpicas: cuatro de oro, cuatro de plata y cuatro de bronce, habiendo participado en las olimpiadas de Los Ángeles 1984, Seúl 1988, Barcelona 1992, Sydney 2000 y China 2008. Si lo de Phelps fue impresionante, no menos lo fue lo hecho por Torres, quien venció, antes que a las demás nadadoras contra las que compitió, a sí misma, en aquello que para muchos parece invencible: la edad.


Para terminar esta serie dedicada al deporte, quiero compartir con ustedes otra de las lecciones que me dejó. No es verdad, por más que el dicho popular así lo afirme, que querer es poder. Es más, el dicho está mal dicho, ya que lo que quiere decir es que querer es lograr, lo cual, ¡obviamente!, no es cierto, ya que, entre lo que se quiere y lo que se consigue está, precisamente, lo que se puede, poder que depende del querer, pero no solamente del querer, sino del trabajo, con todo lo que ello implica. Como decían los escolásticos: Quien quiere el fin quiere los medios. Quienes hemos hecho deporte lo sabemos, como lo sabe cualquiera que quiera hacer de su vida una vida digna de ser vivida, una vida que sume, que no reste, y que, de ser posible, multiplique.

• Deporte y economía

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