Nostalgia del porvenir
Sep 1, 2008
Fernando Amerlinck

¡Cuántos millones de pirrurris!

La innumerable marcha de hace cuatro años fue completamente civil y espontánea, como lo fue la de noviembre de 1997, primer acto público de México Unido contra la Delincuencia. La nocturna de este 2008 tuvo un carácter ligeramente diferente: más político, menos civil, más gritón, y a veces hasta agresivo; desde luego, más impaciente.

El legítimo innombrable que se burló de la marcha de hace 4 años nuevamente estará verde de coraje. Sus expresiones de desprecio paletearon parte del lodo con que escarbó su propia tumba política; despreciar la voz de los gobernados no ayuda a ganar votantes. La diferencia en votos fue escasa, pero ese despreciador que perdió limpiamente las elecciones no aprendió nunca que no hay votante pequeño. (Y hoy, los votos ya no importan: el PRD tampoco. A cambio del golpismo, ha mandado al diablo a la institución de la democracia.)

 

Estará negro de rencor al ver que las expresiones de la libertad, la civilidad y la paz son más fuertes, más luminosas y más efectivas que sus bravatas y expresiones de odio y descalificación, mentiras y acusaciones insustanciales contra su más odiado enemigo. Y seguirá queriendo incendiar al país y llamar a que desaparezcan los poderes federales, junto con algún otro ególatra que necesita reflectores como oxígeno de sobrevivencia política, al declarar que viene una ruptura. ¡Salud!

 

El Zócalo se llenó de luz con pequeñas ceras individuales, voces sueltas de personas mayormente que no dependen de cúpulas, tribus, organismos, organizaciones de organizaciones, burocracias y grupos. Luces calladas pero libres e individuales encendieron también las gradas del monumento que celebra la independencia, coronado no por un ángel sino por una Victoria alada que en una mano lleva cadenas rotas, que parecen significar hoy por hoy sólo una esperanza (de nuevo, pacífica) de conseguir la libertad de nuestras calles y vidas, derechos y patrimonio. Porque quien va ganando hoy, son los mutuamente cómplices criminales y policías.

 

Ya podrá ese aborrecedor juzgar que los pirrurris estrenamos moda de gabardina color blanco en el Paseo de la Reforma. Ya competirá de nuevo con la gente libre, en el arte de (so cualquier mentira) volver a llenar esa calle que bloqueó por meses.

 

Las campanas de Catedral tocaron a duelo. Tampoco eran de júbilo las luces de las veladoras. No bastó la lluvia para disuadir a tantos pirrurris (en México somos mayoría; somos mayoría los pacíficos; los libres; los no instalados en una cúpula que mama del presupuesto o de las clientelas predelincuenciales). Las calles se desbordaron de gente. Y no sólo en la ciudad de México; no tenemos los chilangos el monopolio del pirrurrismo.

 

Pero cuidado. La innumerable marcha de hace cuatro años fue completamente civil y espontánea, como lo fue la de noviembre de 1997, primer acto público de México Unido contra la Delincuencia. La nocturna de este 2008 tuvo un carácter ligeramente diferente: más político, menos civil, más gritón, y a veces hasta agresivo; desde luego, más impaciente.

 

Las semillas de la división podrían estar germinando. La inefectividad de las autoridades no podrá durar mucho sin que esta presión reviente. Los enemigos declarados de las diabólicas instituciones seguirán ardidos; y seguirán activos, como lo estarán los criminales. Ni a unos ni a otros los conmueven estos exhortos por la seguridad, la justicia y la paz.

 

Con todo, la crisis delincuencial ha llegado a tales límites que, con ayuda y presión de la sociedad libre, algo efectivo podría ocurrir. México no tiene por qué ser el único país que para siempre se empine en una espiral interminable de discordia y división y violencia.

 

Nuestro tiempo podría ser el de inflexión. Esta es la guerra que ha tocado a nuestra generación. Esta puede ser, también, la mejor hora del presidente Calderón.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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