LUNES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Uso y abuso del gasto público

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“Cuando el gasto público rebasa la tarea esencial de proteger los derechos de propiedad de los gobernados, entonces se frena el desarrollo económico.”


El buen desempeño de un gobierno es vital para la convivencia pacífica entre los ciudadanos y el buen funcionamiento de los mercados. Ello porque un gobierno eficiente contribuye con buenas leyes e instituciones que respetan y hacen respetar los derechos de propiedad entre los millones de seres humanos que intercambian bienes, servicios e ideas en los mercados (lo que nos incluye a usted y a mi, amigo lector).

 

El problema surge cuando los gobiernos quieren rebasar su misión principal: el respeto a la vida, a la libertad y a la propiedad de los gobernados.

 

La violación a los derechos naturales del ser humano surge principalmente con los abusos al gasto público. Sí, en la mala y arbitraria asignación de los recursos escasos del contribuyente es como empieza el infierno.

 

En un pasaje bíblico, cuando los israelitas le piden a Dios que les permita tener un líder gobernante no divino, éste les contesta que podrán hacerlo, pero que en el futuro, dicho líder les pedirá, les exigirá diversos pagos, fruto del trabajo diario de los gobernados.

 

Lamentablemente, este pasaje bíblico se adelantó a lo que hoy predomina en las distintas sociedades que componen al planeta: gobiernos redistribuyendo, derrochando los recursos de los contribuyentes para, dizque acabar con la pobreza, proteger industrias de la competencia, rescatar bancos e instituciones financieras, mal proveer de salud, educación, cultura y deporte a los gobernados, mantener monopolios y burocracias ineficientes y obesas, pagar a maestros que no trabajan, crear conflictos bélicos sin razón de ser y en general defender toda clase de causas “justas” de acuerdo al juicio del gobernante en turno.

 

Sí, esa es la tragedia que vivimos los contribuyentes cautivos que con total impotencia vemos cómo todo el aparato estatal es usado para dar y repartir a capricho del gobernante los impuestos cobrados a los contribuyentes.

 

Esta reflexión la hago a propósito del presupuesto que ejercerá el año próximo el gobierno mexicano. Nuevamente veo a un Presidente, autoridades hacendarias y a miembros del Congreso mexicano, presumiendo de los “montos récord” que gastarán en tal ó cual rubro, desde anuncios chocantes en radio y televisión hasta declaraciones formales en entrevistas.

 

Creo que no aprendemos, no basta con mantener el equilibrio de las finanzas públicas como tanto se pregona en la Secretaría de Hacienda. El equilibrio presupuestal se puede mantener arbitrariamente subiendo impuestos cada vez más y fijando precios esperados del barril de petróleo arbitrariamente altos.

 

No, finanzas públicas equilibradas con impuestos altos y gasto corriente creciente sólo lleva a una menor creación de riqueza y ello redunda en un menor bienestar de los mexicanos.

 

No me cansaré de repetirlo, el gasto público no debe ser usado para estimular artificialmente la demanda agregada (por lo menos eso he entendido de las palabras del Secretario de Hacienda). El concepto de política fiscal contracíclica es una patraña keynesiana. La construcción de infraestructura sólo es una pequeña contribución de un gobierno para facilitar el intercambio económico y además dicha misión debe ser con estricto apego a criterios costo-beneficio (no sirve de nada construir un puente que no atraviesa ningún río, un hospital sin médicos ni medicinas ó una autopista en donde sólo circulen cinco carros).

 

Como bien apunta el economista Manuel Sánchez González (ojalá alguien le regale su libro Economía mexicana para desencantados al Presidente Calderón), cuando el gasto público rebasa la tarea esencial de proteger los derechos de propiedad de los gobernados, entonces se frena el desarrollo económico.

 

La razón es porque a un mayor gasto, corresponde un mayor endeudamiento que encarece las tasas de interés, desplazando al gasto privado, lo que se traduce en un menor esfuerzo laboral, un menor ahorro y una menor inversión en la economía.

 

Ojo, aunque al día de hoy existe equilibrio anual en finanzas públicas, la deuda interna supera ya los dos billones de pesos, una cantidad considerablemente mayor al endeudamiento externo. Por lo pronto, y dada la caída en la plataforma de producción petrolera, el gobierno incrementará el IETU (impuesto empresarial a tasa única) un punto porcentual, es decir, más impuestos para el próximo año para poder sostener a los programas populistas del Presidente Calderón.

 

Por otro lado, ya algunos congresistas panistas han amenazado que si no hay reforma petrolera, entonces inexorablemente subirán los impuestos. ¿Por qué mejor no dicen que si no hay reforma petrolera, el tamaño del gobierno deberá reducirse en un 50%? Impensable.

 

Si el gobierno y el Congreso continúan presumiendo que el gasto público creciente es la solución a nuestros problemas, entonces no me queda la menor duda, y en esto soy más pesimista que algunos de mis colegas liberales, para cuando termine el sexenio de Calderón el gasto público representará el 30% del PIB y con este ritmo, si las próximas elecciones se las lleva el PRI, tampoco me queda duda, el gasto público se encaminará hacia la proporción de la mitad del producto.

 

Mientras más gaste el gobierno en proporción al producto, el endeudamiento y los impuestos futuros serán la regla para los ciudadanos. Hay numerosa evidencia estadística, a mayor gasto público menor crecimiento económico. Que de una vez lo entiendan Calderón y sus subordinados.

 

Es necesario perfeccionar la Ley de Responsabilidad Hacendaria. No basta sólo con obligar a que el gobierno no incurra en déficit fiscal. Hay que obligar a los gobiernos a pagar totalmente la deuda que contraigan en su periodo de gestión. Hay que ponerle límites al porcentaje del gasto público como proporción del PIB. Ya antes economistas liberales como Milton Friedman sugerían que el tamaño del gasto no debería superar el 10% del PIB. Me uno a esta exigencia.

 

La amenaza silenciosa

 

Hablando de abusos y amenazas a los gobernados, ahí está el gorilón rojo, Hugo Chávez, otra vez con sus estridencias, queriendo sacar provecho del conflicto civil de Bolivia. Por lo pronto, al más puro estilo de Hitler y Stalin, ha comenzado una purga al interior de sus fuerzas armadas. Se trata de eliminar a los enemigos que le estorbarían en la aplicación de sus nuevas 26 medidas diseñadas para atacar los derechos a la libertad y a la propiedad de los venezolanos. Ojo con el gorila, pues se está armando silenciosamente al amparo de naciones como Rusia e Irán. El próximo presidente de EU no podrá ignorar a la amenaza silenciosa. Ojalá la caída del precio del petróleo detenga al gorilón. Por lo menos es una esperanza.

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