LUNES, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008
¿Independencia?

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“¡Sí, cómo no!”


Hoy se conmemora un aniversario más del inicio de la Revolución de Independencia y a los mexicanos se nos dice que formamos una nación independiente, lo cual es cierto si por ello entendemos que, en materia de gobierno, han sido algunos mexicanos, y no extranjeros, los que han hecho y deshecho a su antojo, siendo que, en lo que va del siglo XXI, gracias al sufragio efectivo, ha sido la mayoría de los electores, todos mexicanos, la que ha elegido al presidente de la república, algo antes nunca visto. En este sentido somos independientes, independencia que es sinónimo de libertad electoral, libertad importante pero que, ¡ni remotamente!, agota lo que la libertad debe ser, deber ser de la libertad que en México, sobre todo en el campo de la economía, deja mucho que desear, tanto formal (lo que las leyes dicen que debe ser) como materialmente (lo que los hechos muestran que es).

 

Comienzo por lo formal, y me remito (entre otros muchos posibles) al segundo párrafo del artículo 25 constitucional, en el cual leemos que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional…”, todo lo cual parece correcto por dos razones. Primera: lo que el Estado debe hacer es planear, conducir, coordinar y orientar, siendo que lo contrario es la improvisación, misma que no conduce a ningún lado. Segunda: lo que el Estado debe  planear, conducir, coordinar y orientar es la actividad económica nacional, de cuya buena marcha depende que sigamos comiendo tres veces al día y, ¡todavía más importante!, que muchos mexicanos comiencen a comer tres veces al día, de tal manera que no nos queda más que exclamar: “¡Qué bueno que el Estado tenga encomendada esa tarea!”

 

Pero, antes de exclamar tal cosa, caigamos en la cuenta de que la actividad económica nacional no existe, que no pasa de ser una abstracción, y que lo que existe, en concreto, son las actividades económicas de cada uno, por lo que la única manera de que el Estado planeé, conduzca, coordine y oriente la actividad económica nacional es planeando, conduciendo, coordinando y orientando las actividades económicas de las personas. Y si el Estado lo hiciera, ¿dónde quedaría la libertad de cada uno para emprender, invertir, trabajar, ahorrar, comerciar y consumir? ¿Dónde quedaría la libertad económica? Parte de la respuesta la encontramos en el mismo párrafo, en cuyas líneas finales leemos que toda esa planeación, conducción, coordinación y orientación estatal de la actividad económica nacional se llevará a cabo “en el marco de libertades que otorga esta Constitución”, siendo que la redacción correcta es “en el marco de libertades que reconoce y garantiza esta Constitución”, ¡no que otorga! El ser humano es libre, no porque en algún texto se le otorgue la libertad, sino porque está en su naturaleza serlo, porque tiene la capacidad para decidir y elegir, y ante este hecho el Estado y sus leyes lo que deben hacer es reconocer plenamente y garantizar jurídicamente la libertad, ¡no otorgarla!

 

Se puede argumentar que, para todo efecto práctico, el Estado no planea, conduce, coordina u orienta la actividad económica de los particulares, eliminando su libertad para emprender, invertir, trabajar, ahorrar, comerciar y consumir, lo cual es cierto, pero no siéndolo menos el que, sin llegar a eliminarla, sí la limita considerablemente, tal y como lo muestra la calificación que, en materia de libertad económica, obtiene México en el Índice de Libertad Económica, de la Heritage Foundation, calificación que, en escala de 0 a 10, es de 6.6, misma que deja mucho que desear. ¿Independencia, entendida como libertad económica? ¡Sí, cómo no!

• Libertad económica

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