Sólo para sus ojos
Sep 25, 2005
Juan Pablo Roiz

La ironía y los tontos

La ironía es un reactivo infalible para detectar tontos. Funciona en muchas conversaciones igual que el papel tornasol para comprobar la acidez o la alcalinidad de una sustancia. Ante una ironía el interlocutor puede reaccionar de distintas maneras que reflejan su inteligencia, su franca tontería o una estupidez de catálogo.

La ironía es un reactivo infalible para detectar tontos. La ironía funciona en muchas conversaciones igual que el papel tornasol para comprobar la acidez o la alcalinidad de una sustancia. Ante una ironía el interlocutor puede reaccionar de distintas maneras que reflejan, cada una de ellas, su inteligencia, su franca tontería o una estupidez de catálogo.

 

La forma más inteligente de reaccionar es obsequiar, a quien nos dedica un comentario irónico, con una respuesta igualmente irónica que marque una pauta de cordial inteligencia –alejada lo mismo de la petulancia erudita que del embobamiento– para el resto de la conversación.

 

Una segunda manera de reaccionar ante la ironía es pasarla por alto, no porque no se ha entendido el sentido del comentario irónico sino simplemente porque no se desea establecer –por la razón que fuese– un entorno de complicidad intelectual con el interlocutor; esto, cuando es pertinente, también es signo de inteligencia.

 

Una tercera forma de reaccionar ante la ironía consiste también en pasarla por alto como tal (como ironía) porque se le ha tomado en sentido literal. Aquí ya hay una clara indicación de tontería en el interlocutor, quien se muestra incapaz de captar lo que es justamente la ironía: “Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice” (Juan dice a su interlocutor: “Lo que más me satisface de vivir en la Ciudad de México es ese aire de cordialidad que tienen los conductores de automóviles” y el interlocutor, perplejo, protesta: “No, sí hay conductores malhumorados y tensos; será que usted no los ha visto aún”. No hay remedio, el tonto no captó el sentido irónico y habrá que hablarle con literalidad chata y plana para entendernos).

 

La cuarta forma de reaccionar ante la ironía es el enojo, hacer una pataleta y exigir disculpas a quien ha formulado la ironía, NO porque haya sido irónico sino porque el tonto de catálogo –estúpido en buen español- no sólo ha tomado en sentido literal el comentario irónico, sino que además quiere salir del paso, ante una ironía que lo ha exhibido como un palurdo o un mentiroso, jugando el papel de doncella ofendida en su pudibundez.

 

La semana pasada, un remedo de polémica entre un periodista y un ente difuso, profuso y confuso que un día se presenta como periodista y al día siguiente se exhibe como gestor político nos dio una bonita muestra de la reacción tipo cuatro ante la ironía (el enojo fingido de doncella presuntamente ofendida en su pudibundez) que, a mi juicio, es el prototipo de la reacción de un tonto de catálogo –o tonto con balcones a la calle, como le llaman en España– ante un comentario levemente irónico e inocente.

 

Resumen de esta exhibición de estulticia: 1. “A” dice que él no llevó a su nuevo jefe, “L”, a rendir un sentido homenaje en la tumba de Luis Donaldo Colosio, sino que él hace lo que le mandan y no decide por su cuenta, 2. Irónico, el periodista “F” comentó que menos mal que al jefe de “A” (el señor “L”) no se le ocurrió visitar el altar de un protector de los narcotraficantes, conocido como “el santo Malverde”, porque “A” (que sólo hace lo que le mandan según su confesión) se hubiese visto en una situación aún más embarazosa, 3. Tonto de catálogo, tonto esférico (que exhibe su tontería desde cualquier perspectiva), tonto con balcones a la calle (para que su tontería sea disfrutada por el público a placer), “A” no encontró mejor respuesta que mostrarse ofendido porque –según escribió- el símil irónico de “F” implicaba equiparar a Colosio (venerado por la hipócrita corrección política) con un repulsivo santón de los narcotraficantes y exigió, ¡por escrito!, una disculpa pública del irónico “F”.

 

No sé en qué terminará este sainete –para que hubiera debate se necesitaría cierta igualdad de talentos, eventualidad imposible en este caso porque nadie da lo que no tiene-, pero si “F” quiere rematar la ironía (y complacer la vocación exhibicionista que ha mostrado su interlocutor) no estaría nada mal que ofreciese, cargada de ironía, la disculpa solicitada por este compungido deudo de un político asaz mediocre, como lo fue Colosio. “A”, por supuesto, no entenderá este nuevo gesto doblemente irónico y se quedará tan orondo. Nosotros, faltos de caridad (Dios no nos lo tome en cuenta), nos seguiremos riendo.



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