VIERNES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2008
Portarse bien (III)

¿Usted cree que es una buena idea que sean Pemex y la Secretaría de Energía quienes construyan una refinería?
No
No sé



“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Arturo Damm







“El gobierno es incapaz de garantizarle a todos, todo el tiempo, la seguridad y la justicia. Pero lo que sí puede hacer es infundir, en todos los delincuentes, y hacerlo todo el tiempo, el miedo al castigo.”


Los seres humanos nos portamos bien (es decir: respetamos los derechos de los demás), por una de tres razones: convicción, conveniencia o miedo. La tarea de la ética es formar al ser humano de tal manera que se porte bien por convicción, para lo cual ayuda tener presente la formulación coloquial del imperativo categórico de Kant: “No hagas lo que no quieras que te hagan”.

 

¿No quieres que te roben? No robes. ¿No quieres que te secuestren? No secuestres. ¿No quieres que te asesinen? No asesines. Evidentemente que lo anterior no quiere decir que, si tú no robas, no secuestras y no asesinas, a ti no te robarán, secuestrarán o asesinarán. Obviamente que no estoy enunciando una relación causal, sino un principio ético, el imperativo categórico kantiano, cuyo respeto es indispensable para la convivencia civilizada: “Obra de modo tal que puedas querer que lo que haces sea ley universal” o, enunciado de manera coloquial, “No hagas lo que no quieras que te hagan”, porque si te lo hicieran estarían violando tus derechos.

 

Ahora bien, es un hecho que muchas personas le hacen a los demás lo que no quieren que las hagan y, por lo tanto, reconociendo que su acción no puede ser elevada a rango de ley universal. Y, sin embargo, lo hacen. Es entonces que debe aparecer el gobierno, con la fuerza suficiente (que siempre será producto de su honestidad y eficacia) para castigar a quien le hizo a otros lo que no hubiera querido que le hicieran, castigo que debe ser ejemplar, en el sentido de que el mismo, y el miedo al mismo, disuada a otros de ir por la vida portándose mal. Y esa, infundir miedo al castigo, es la principal tarea de cualquier gobierno, sobre todo si aceptamos (y ante la evidencia no resulta difícil hacerlo), que el gobierno es incapaz de garantizarle a todos, todo el tiempo, la seguridad y la justicia. Pero lo que sí puede hacer es infundir, en todos los delincuentes, y hacerlo todo el tiempo, el miedo al castigo, independientemente de cuál sea la probabilidad de que la autoridad pesque al delincuente. Insisto: esa, infundir miedo al castigo, es la principal tarea de cualquier gobierno.

 

Si aceptamos, uno, que el respeto a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, depende más de la ética de las mismas que de la honestidad y la eficacia de los gobernantes, y, dos, que ningún gobierno es capaz de garantizarle, a todos los ciudadanos, todo el tiempo, la seguridad contra la delincuencia y la impartición de justicia, debemos reconocer que el grado de inseguridad alcanzado en México tiene su causa principal en la crisis ética que padecen mucho mexicanos, ética que, por ejemplo, en la educación de los niños y jóvenes ha sido descuidada, sino es que francamente olvidada. Ahora bien, lo anterior no quiere decir, ¡de ninguna manera!, que los gobernantes no tengan culpa, y por lo tanto responsabilidad, en lo que, en materia de respeto a los derechos de las personas, está sucediendo. La tienen y grave, y es preocupante ver cómo se rehúsan a ser gobierno, es decir, cómo se niegan a hacer valer los derechos que son violados, siendo la mejor muestra de ello, e insisto en el ejemplo porque es muy claro, las manifestaciones, marchas y plantones que, sobre todo en la Ciudad de México, se llevan  acabo un día sí y otro también, ante la complacencia de las autoridades. Y así se empieza, violando el derecho de tránsito de las personas, que forma parte del derecho a la libertad, y así se termina, matando gente.

 

Infundir miedo al castigo es la principal tarea de cualquier gobierno, siendo que el gobierno mexicano tiene miedo de castigar, es decir, tiene miedo de ser gobierno. Así, ¿quién podrá defendernos? Muy sencillo: nosotros mismos, para lo cual requerimos de los medios, comenzando por las armas, tema que ya trataré en otros Pesos y Contrapesos.

• Ética

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