MIÉRCOLES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2008
Obama el comunista

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“Doy por descontando que Barack Hussein Obama es anticapitalista y comunista y que tratará, conforme a su ideología, de llevar a Estados Unidos al comunismo y por ende a su destrucción. Expongo a continuación los principales datos empíricos y razonamientos en que se basa tal presunción.”


Referir como evidencia de la fe comunista de los dirigentes del Partido Demócrata el que, por ejemplo, semanas antes de la elección presidencial, Nancy Pelosi, se reunió con la senadora colombiana Piedad Córdoba, agente de Hugo Chávez y una de las principales propagandistas de las FARC y que ambas vestían de rojo ¡auxilio!, que es el color de los chavistas y así se hicieron fotografiar en el Capitolio, podría ser tachado de puramente anecdótico.

Y esto a pesar de que en política los símbolos importan, de que hay evidencias (en las computadoras de “Raúl Reyes”) de las relaciones fraternales entre líderes demócratas y los terroristas comunistas colombianos y a pesar de que Pelosi –al igual que Obama- no solamente ha impedido el tratado de libre comercio con Colombia, sino que busca poner fin al Plan Colombia, con lo cual el país sudamericano enfrentaría graves problemas de financiamiento y asistencia militar en su guerra con las FARC, financiadas por Chávez y por el narcotráfico.

Pero vamos a suponer que de veras, estos datos aisladamente expuestos, son puramente anecdóticos o insuficientes para sustentar la imputación de marras, como también lo serían (¡of course!) la euforia desbordada de Fidel Castro tras la victoria de Barack Hussein o los colores (rojo y negro) de la vestimenta escogida por Obama y sus familiares la noche del triunfo. Pero si todos estos datos se ligan con otros, como son la biografía del siniestro personaje, sus nexos, lo que ha dicho y lo que ha callado, además de su programa, entonces la anécdota colorea vívidamente los conceptos y la verdad.

Obama es comunista, sostengo por los siguientes hechos fundamentales: fue adoctrinado por anticapitalistas y marxistas (además de ideólogos del yihaidismo y del racismo negro); fue activista de la izquierda radical y ha estado asociado con terroristas izquierdistas y con propagandistas del terrorismo islamista; nunca ha abjurado de sus creencias radicales (en los últimos años solamente las ocultó) y tiene un programa de destrucción del capitalismo por la vía del expolio fiscal llevado al límite, que va más allá de la “simple” redistribución de la riqueza y por la vía de debilitar la hegemonía de Estados Unidos en el mundo y favorecer a sus enemigos.

El adoctrinamiento anticapitalista le viene a Obama desde la familia. En 1995, un año antes de ser electo senador, publicó su primer libro “Los sueños de mi padre: Una historia de la raza y la herencia” y ¿cuáles eran tales sueños? El comunismo.

En 1965, el padre de Obama (un economista egresado de Harvard) publicó un escrito en el que le demandaba al gobierno de Kenia marchar al socialismo mediante una serie de medidas, desde la prohibición de las granjas privadas hasta la expropiación de todos los negocios de los residentes europeos y asiáticos.

Exigió, asimismo, que se decretaran impuestos masivos a los ricos “para redistribuir nuestras ganancias económicas para beneficio de todos”.

El padre de Obama escribió:

“Teóricamente, nada hay que pueda impedir al gobierno poner impuestos sobre el 100% de los ingresos, siempre que el pueblo reciba beneficios del gobierno proporcionales a los ingresos que son gravados.”

Estos sueños del padre de Obama, son los que el hijo pretende convertir en la pesadilla de Estados Unidos.

Obama pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia en Hawai e Indonesia, país donde nació el segundo esposo de su madre. En Indonesia se convirtió en musulmán, a instancias de su padrastro (los buenos terroristas de Al-Qaeda están bastante desinformados al exigir a su compadre Obama se convierta al Islam, cuando que lo procedente es pedirle dé marcha atrás a su apostasía, pues es un musulmán que fingió convertirse al cristianismo).

En el mencionado libro autobiográfico “Los sueños de mi padre”, Obama habla de quien sería su segundo mentor ideológico entre 1972 y 1987, el líder del partido comunista estadounidense en Hawai, Frank Marshall Davis, sujeto a investigación por el FBI.

El partido comunista en Estados Unidos no pasó de ser una secta minúscula, que estaba bajo el absoluto control de la KGB, según se ha demostrado con abundante información tanto desclasificada del gobierno de la Unión Americana como proveniente de los archivos de la desaparecida Unión Soviética.

Frank Marshall Davis puso a Obama en contacto con las ideas de W.E.B. DuBois, quien en 1961 a sus 93 años de edad ingresó al partido comunista de Estados Unidos, en 1958 recibió el Premio Lenin de la Paz que la Unión Soviética reservaba a sus agentes de influencia o a sus idiotas útiles más destacados y quien también estuvo sujeto a investigación por el FBI. DuBois marcó a Obama por la mezcolanza que hizo entre las ideas comunistas y las del racismo negro.

No paró ahí, por supuesto, el adoctrinamiento de Obama ni su asociación política con anticapitalistas y marxistas. El propio Barack Hussein en su primer libro presume: cuando era estudiante: “yo elegí cuidadosamente a mis amigos” ¿Y quiénes fueron estos privilegiados? No puede ser más claro: “Los estudiantes negros más políticamente activos. Los estudiantes extranjeros. Los chicanos. Los profesores marxistas y las feministas estructuralistas”.

Entre los bien escogidos amigotes de Obama no solamente ha habido profesores marxistas, sino marxistas terroristas como William Ayers, líder de la Weather Underground Organization (WUO). Esta organización fue responsable de hacer estallar entre 1969 y 1975 unos 3 mil artefactos explosivos en contra de instalaciones privadas y públicas de Estados Unidos, entre ellas centros de reclutamiento del ejército. Ayers y su esposa Bernadine Dohrn, también “metereologista”, al menos participaron directamente en 30 atentados terroristas. En 2001 el Chicago Tribune publicó declaraciones de Ayers en las que justificaba los atentados del 11 de septiembre y sobre su propia experiencia terrorista se vanagloriaba: “Todo era absolutamente ideal el día en que puse una bomba en el Pentágono”.

La WUO era una suerte de brazo armado del movimiento “pacifista” que exigía la salida de las tropas estadounidenses de Vietnam del Sur y el cese de toda ayuda al gobierno sudvietnamita, a fin de que los comunistas del Norte se pudieran apoderar del Sur. Al final los “metereologistas” y la izquierda lograron el retiro de tropas y el cese de todo ayuda al gobierno de Saigón, con lo que éste ya no pudo sobrevivir.

Pero Ayers no era solamente un marxista terrorista, sino un agente al servicio de la inteligencia cubana, según se infiere de un informe secreto del FBI que data de 1976 y el cual hicieron público los camaradas del New York Times.

Según el informe, Ayers fue reclutado por la Dirección General de Inteligencia de Cuba, la cual tenía como objetivo "el reclutamiento de personas que ya estaban políticamente orientadas, y que algún día podrían obtener una posición, ya fuera siendo elegidas o por nombramiento, en el gobierno de Estados Unidos, algo que le daría al gobierno [cubano] un formidable acceso a la inteligencia política, económica y militar".

Sigue el informe:

“Tres años antes de que los miembros militantes de los estudiantes para una Sociedad Democrática se separaran para fundar la Weather Underground Organization en 1970, oficiales de inteligencia norvietnamitas y cubanos ya influían con estrategias radicales en contra de la guerra a través de reuniones en el extranjero. Muchas de estas reuniones tuvieron lugar en países comunistas, entre los que se hallan Hungría, Checoslovaquia y Viet Nam del Norte.

"Después que los miembros de la WUO pasaron a ser clandestinos en 1970, cuando muchos de ellos eran buscados por el FBI acusados de actividades delictivas, oficiales cubanos de inteligencia estuvieron en contacto con ellos a través de la misión cubana en las Naciones Unidas en Nueva York, y también la embajada cubana en Canadá".

Ayers no es un amigo más de Obama, sino que fue quien de hecho lo introdujo al activismo político anticapitalista en Illinois, con lo que se inicia la carrera política del próximo inquilino de la Casa Blanca.

Ante los señalamientos contra Ayers y sus relaciones con Obama, el equipo electoral de éste respondió con dos excusas infantiles: que cuando los atentados Barack Hussein era un niño y que cuando se asoció con Ayers ¡no conocía su pasado! Ahora que lo conoce, Obama no le ha hecho ni la menor crítica.

No se limita a esto el nexo de Obama con los peores enemigos de Estados Unidos. Barack Hussein tuvo una relación indirecta ni más ni menos que con Saddam Hussein. Así lo denunció Frank de Varona, quien ha pertenecido al ala moderada del Partido Demócrata, es un prestigiado historiador y autor de 7 libros, entre ellos “¿Obama o McCain?”. Adolfo Rivero, editor del portal de Internet “En defensa del neoliberalismo”, en una entrevista le preguntó: “Tengo entendido que Obama tiene un padrino político y amigo que se llama Tony Rezco. ¿Quién es esta persona?”. De Verona respondió:

Tony Rezco es un sirio de 53 años que fue el padrino político y amigo íntimo de Obama y que fue encontrado culpable de 16 felonías recientemente. Rezco le dio a Obama $250,000 en sus primeras cinco campañas políticas. También le ayudó a comprar su mansión en Chicago a través de su esposa (la esposa de Rezco), que compró el terreno que estaba al lado de la mansión, sin lo cual la venta no hubiera ocurrido. Tres semanas antes Rezco había recibido $3.5 millones de dólares de un préstamo de un primo de Saddam Hussein llamado Nadhmi Auchi. Fíjense qué conexión más espantosa. Hussein le da dinero a Auchi y Auchi se lo da a Rezco, cuya esposa compra el terreno al lado de la mansión de Obama. La esposa de Rezco pagó por el terreno $625,000 sin rebaja ninguna y a Obama le rebajaron $300,000. Un periodista del Wall Street Journal dijo que Obama había violado la ley de ética del Senado que prohíbe pedir o aceptar favores.”

Otros amigotes de Obama que contribuyeron a su éxito electoral son: Khalid al-Mansour, agente al servicio del gobierno de Arabia Saudita; Luqman Abdul-Haqq, quien está vinculado a quienes perpetraron el primer atentado terrorista contra el WTC en 1993; Mazen Azbahi, primer responsable de la campaña de Obama en sus relaciones con los musulmanes e implicado en la recolección de fondos en favor del grupo terrorista palestino Hamas; Minha Husaini, responsable de la campaña de Obama en sus relaciones con los musulmanes y vinculado con los grupos terroristas Hamas y Hezbollah; Louis Farrakhan, de la organización Nación Islámica, la misma a la que perteneció Malcolm X y cuyos líderes terminaron por ordenar su asesinato.

Además del marxismo y el islamismo, Obama ha abrevado de otros pozos de ponzoña ideológica como el de su guía espiritual Jeremiah Wright, pastor de la Iglesia Unida de Cristo. De hecho el título del segundo libro de Obama (“La audacia de la esperanza”) toma una frase de un famoso discurso de Wright, en el cual el pastor  se refiere a los atentados del 11 de septiembre y derrama así su amor cristiano:

“Bombardeamos Hiroshima, bombardeamos Nagasaki y matamos a muchos más de los que murieron en Nueva York y el Pentágono y nunca nos importó. Hemos apoyado el terrorismo contra los palestinos y los sudafricanos negros y ahora estamos indignados porque lo que hemos hecho en el exterior está sucediendo en nuestro propio patio.

“Estados Unidos ha creado el virus del sida [para acabar con los negros del mundo], ha entrenado a asesinos profesionales, ha importado drogas y creado una sociedad racista que nunca elegiría a un presidente negro [...] El racismo es la base sobre la que se fundó este país y sobre la que se sigue dirigiendo [...] Estados Unidos es el asesino número 1 del mundo [...] Bombardeamos Cambodia, Irak y Nicaragua, matando a mujeres y niños mientras tratábamos de volver la opinión pública contra [Fidel] Castro y [Moamar] Gadaffi... Metimos a Nelson Mandela en la cárcel [...] Creemos en la supremacía de los blancos y la inferioridad de los negros, y creemos en eso más de lo que creemos en Dios.

“Sólo podemos mantener nuestro nivel de vida garantizando que el tercer mundo viva en la más abyecta pobreza [...] ¿Que Dios bendiga a América? ¡No, no! ¡Que Dios maldiga a América!”

Durante 20 años Obama escuchó, domingo a domingo, el odio a los blancos y a Estados Unidos vomitado por Wright y jamás se molestó. Todo lo contrario, hizo que su querido pastor lo casara con su compañera ultra-izquierdista y detractora de Estados Unidos, Michelle y que bautizara a sus dos hijas. Cuando Hillary Clinton lo increpó por pertenecer a la congregación de Wright y que éste justificara el 11 de septiembre, Obama lejos de disculparse, justificó a su maestro espiritual aduciendo que simplemente expresaba el malestar de los negros por la “eterna” opresión sufrida a causa de los blancos.

Obama no tuvo más remedio que deslindarse de Wright (de dientes para fuera, obviamente), cuando su gurú metió demasiado la pata y evidenció a su discípulo, al declarar que él decía lo que Obama pensaba, pero no podía expresar en público.

Y este es el punto. Obama es un comunista como lo son los comunistas que quieren llegar lejos en la política estadounidense (y no quedar confinados en sectas), comunistas que ocultan lo que realmente piensan y se proponen hacer. La única excepción es Bernie Sanders, senador independiente, que se declara socialista y cuya campaña electoral fue apoyada por... Barack Hussein.

Pero Obama y sus compinches no pueden ocultar todo. La primera proclama ya como político bien conocido, en la que Obama reveló sus intenciones anti-capitalistas, se dio en un programa de radio en Chicago en 2001, en donde fue interrogado sobre su visión de los derechos civiles logrados por los negros en Estados Unidos desde los años sesentas. Barack Hussein dijo:

“Si nos fijamos en las victorias y fracasos del movimiento por los derechos civiles y sus estrategia de litigio ante la Corte, creo que tuvo éxito en mejorar los derechos formales de la gente desposeída (...) Pero la Suprema Corte nunca se aventuró en los temas de la redistribución de la riqueza y en los tópicos más básicos como la justicia política y económica en la sociedad. La Corte Warren [como se suele referir a la Corte del período entre 1953 y 1969 y que tanto hizo por el avance del socialismo] no libró los principales obstáculos que fueron colocados por los Padres Fundadores (...) La Corte Warren interpreta la Constitución en el mismo sentido (de los Padres Fundadores), como una carta de libertades negativas. Dice lo que el Estado no le puede hacer a usted, pero no lo que sí puede hacer en su nombre. Esa es la tragedia del movimiento de los derechos civiles.”

En la misma entrevista Obama señaló que la Suprema Corte ya perdió la oportunidad de reinterpretar la constitución liberal de Estados Unidos (e interpretarla como si fuera socialista) y que el trabajo corresponde a la autoridad administrativa. Es decir, a partir del 20 de enero de 2009 esa es su misión.

La oferta electoral principal de la campaña electoral, más allá de vacuidad del eslogan del “cambio”, es la redistribución de la riqueza, mediante la cual Obama pondrá en práctica sus ideas anticapitalistas y comunistas ¿En qué se sustenta esta aseveración?

Antes es necesario destacar la idea de Ayn Rand de que socialismo y comunismo son a fin de cuentas lo mismo y que solamente se distinguen en el método para lograr la esclavización de los hombres. También es de tomar muy en cuenta el matiz que introduce Jean Francois Revel cuando señala que la diferencia es de grado, de grado de destrucción de la economía. Más allá de esto, las distinciones tajantes entre socialismo y comunismo, de manualito soviético o de libraco de Marta Harnecker no sirven para nada.

El punto común entre socialistas y comunistas es la redistribución de la riqueza, el despojar a unos la riqueza que han creado para entregársela a otros. Todo partidario de la redistribución de la riqueza es cuando menos un socialista (aunque sea vergonzante o ignorante, como Fox o Calderón). Una vez echada andar la maquinaria depredadora de la redistribución, no hay garantías contra la expropiación total, contra la instauración de la planificación central de la economía completamente estatizada.

Asimismo, cuando alguien llama a la redistribución de la riqueza en una sociedad donde ya la hay (a través de un feroz expolio fiscal), entonces lo que se pretende no es mantener lo que ya existe sino ir más lejos y una vez en esa pendiente, no hay garantía de freno, no hay límite. Ese es el caso de Obama y su programa.

La redistribución de la riqueza, por lo que hace a las cargas fiscales, no es en Estados Unidos lo “suave”, en comparación con la del resto de naciones industrializadas, como a menudo se dice. El presente año la Tax Foundation reprodujo el informe de una investigación de la OCDE, el cual señala que Estados Unidos "tiene el mayor sistema fiscal progresivo y recoge la mayor parte de los impuestos del 10% más rico de la población". Solamente el sistema fiscal de Irlanda es más agresivo contra los más ricos.

En otro informe (“Hard Numbers on Obama’s Redistribution Plan”), la Tax Foundation presenta la situación previa a la puesta en práctica del plan de Obama de elevar impuestos a los ricos  y bajarlos a la clase media (los pobres casi no los pagan):

  • En 1999 alrededor de 30 millones de contribuyentes (que corresponden a los estratos más bajos de ingreso), luego de deducciones y créditos, no pagaron impuestos sobre la renta. Para 2006, los exentos crecieron a 44 millones (de un total de 130 millones de contribuyentes registrados).
  • En 2005 el 1% de los hogares (los de mayores ingresos) aportaron el 39% del total de los impuestos sobre la renta recaudados y el 20% de los hogares de mayores ingresos contribuyó con el 86%, mientras que el 80% de los hogares apenas aportó el 14% restante.
  • Otro estudio de la Tax Foundation sobre el año 2004 demostró que mediante la política fiscal y de gasto, el 40% de los hogares con mayores ingresos transfirieron un billón de dólares (equivalente a un 8% del PIB) al restante 60% de los hogares, los de menor ingreso.
  • Para 2009 Obama se propone elevar los impuestos en poco más del 25% para el 1% de los contribuyentes de mayores ingresos y obtener de ellos 130 mil millones de dólares adicionales, mientras que el resto de los contribuyentes recibirán subsidios fiscales por 155 mil millones (25 mil millones serán déficit financiable). Quienes no pagan impuestos recibirán dinero del fisco. Esto hará que el 1% de los contribuyentes en lugar de trabajar 36% de días del año para el gobierno, lo haga alrededor de 40%.
  • El efecto muy probablemente no será el aumento de la recaudación fiscal total (alrededor de 4 billones en 2007), sino la baja, tanto por la recesión como por el efecto inhibidor de las inversiones que tiene el alza de impuestos.
  • Asimismo, otro efecto previsible de este primer zarpazo fiscal es que no alterará sustancialmente la distribución de la riqueza. El decil de los más ricos seguirá disponiendo aproximadamente del 70% del ingreso nacional. El coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso, se mantendrá en alrededor del 0.46, muy distante del promedio de 0.25 de Europa que tanto admiran y desean emular los izquierdistas estadounidenses.

Pero el programa redistribuidor de Obama no se reduce a impuestos, aunque sea su componente más decisivo. Incluye también el aumento del monto de los subsidios e incluso la creación de nuevos tipos, así como políticas para forzar el aumento de salarios.

Salvo porque en que para mediados de 2010 ya no habrá el gasto de más de 100 mil millones de dólares anuales que significa la ocupación de Irak, Obama no ha podido decir qué más recortará del gasto público. La presión del ala más a la izquierda del Partido Demócrata que él lidera, apunta a recortar el gasto en defensa. Pero ni estos recortes van a compensar la sangría de los rescates financieros ya aprobados y los que están por venir.

Con Obama en la Casa Blanca y una sólida mayoría de su partido en ambas cámaras, los izquierdistas en el poder cambiarán las leyes que aún garantizan cierta libertad contractual y que aún permiten a los empresarios resistir a la extorsión sindical (¡aunque no les han ayudado mucho a los empresarios automotrices al borde de la quiebra gracias a los sindicatos!).

La combinación de tasas bajas de interés, gasto público al alza, subsidios en expansión, aumentos salariales e instauración de la escala móvil de salarios, ayudará a disparar la inflación, que vendrá a sumarse a la recesión.

Ante la necesidad de ganar las elecciones intermedias de 2010 y las presidenciales de 2012 como condición indispensable para realizar su programa de redistribución de la riqueza, Obama y sus secuaces no tienen otro camino que aumentar la dosis de su política económica y apresurar el paso hacia algo similar al modelo sueco, que a los socialdemócratas del país nórdico les llevó décadas construir.

Habrá nuevas alzas de impuestos hasta hacer que el decil de mayores impuestos  sobrelleve la casi totalidad de la carga fiscal y termine por dedicar la mayor parte de sus días a trabajar para el gobierno. Se endurecerán las medidas contra las empresas que reubiquen sus plantas en el extranjero. Habrá nuevos aumentos de subsidios y salarios y ante las quiebras de empresas se iniciarán nacionalizaciones que terminarán por ser masivas. En cualquier caso Obama se cuidará de que la acción anticapitalista se concentre en el sector más rico y no alcance a otros sectores en un primer momento, para mantener la hegemonía electoral, así sea al costo de la destrucción de la economía.

Se llegará a un punto parecido al que llegó Suecia a finales de los ochenta del siglo XX. En aquel entonces los socialdemócratas estuvieron ante la disyuntiva de dar el paso hacia la nacionalización completa de la economía y establecer la planificación central o no darlo. Prefirieron lo segundo, no porque de veras lo quisieran, sino porque justamente el comunismo se estaba desplomando y el malestar entre los suecos ante la crisis del estatismo no se reducía al segmento más rico. En 1991 estalló una de las peores crisis económicas de Suecia y los socialdemócratas, después de décadas en el poder, fueron echados e iniciada la labor de desmontar el modelo sueco.

¿Obama y sus secuaces darán el paso que los socialdemócratas suecos no dieron? Sí, es lo más probable, por su adoctrinamiento, por su fobia anticapitalista, porque la caída del Muro de Berlín ahora ya se antoja tan lejana.

Cuando Fidel Castro tomó el poder en 1959 no poseía ni el adoctrinamiento, ni la experiencia militante izquierdista, ni los cuadros anticapitalistas de Obama y ya vimos lo que fue de Cuba.

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