MARTES, 9 DE DICIEMBRE DE 2008
¿Rescate o fuga?

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Ricardo Medina







“El razonamiento keynesiano es tan simplista como popular: Hay que gastar a toda costa para que la máquina no se detenga. Es la “idea fatal” que desenmascaró Friedrich A. Hayek.”


Aquí nadie debe sufrir. Rescatar a las tres grandes productoras de automóviles de Estados Unidos, algo que apoya sin titubeos Barack Obama, describe claramente que más que resolver la crisis global, atendiendo a sus causas, lo que se busca es una espectacular fuga hacia delante, desempolvando todo el arsenal de falsos remedios keynesianos, para que nadie sufra los efectos del ajuste… por ahora.

 

El razonamiento keynesiano es tan simplista como popular: Hay que gastar a toda costa para que la máquina no se detenga. Es la “idea fatal” que desenmascaró Friedrich A. Hayek. “Idea fatal” que dice: El desempleo se debe a una insuficiencia de la demanda global respecto del total de salarios necesarios para el pleno empleo.

 

¿Por qué es una “idea fatal”? Porque de ahí se deriva que lo importante no es asignar eficientemente los recursos escasos, sino fingir que la escasez no existe.

 

La verdadera causa del desempleo es la mala asignación de los recursos. Si los fabricantes de automóviles no pueden conseguir compradores para sus autos ineficientes y caros, la lógica indica que deberían fabricar autos competitivos o retirarse del negocio, pero eso es doloroso e impolítico, porque implica reconocer que los recursos –por ejemplo, el factor trabajo- se asignaron mal y hacer tal reconocimiento generará desempleo. ¡Horror! Hay que evitar tales cosas porque son veneno para la política. ¿Qué hacer? Estimular la demanda, para que la gente compre lo que no necesita o para que la gente vea como “barato” lo que en realidad es “caro”. Inflar la demanda, a la vez, supone devaluar el medio de cambio: el dinero.

 

¿Habrá que perder toda esperanza? Tal parece. Obama reclutó un estupendo equipo de economistas a quienes ahora exigirá que hagan las cosas mal. La política manda. Este keynesianismo reeditado les ofrece a los políticos la gran oportunidad de ofrecer curas milagrosas, baratas e indoloras: “Hermanos, ¡ya paren de sufrir!”.

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