Ideas al vuelo
Dic 29, 2008
Ricardo Medina

Huntington en su burbuja

“Su mundo” no parece ser “nuestro mundo”.

El sábado pasado murió Samuel P. Huntington, el especialista de Harvard en ciencia política que saltó de la academia a las páginas de los periódicos por su famoso “choque de las civilizaciones” (ensayo publicado en 1993 que tres años más tarde creció hasta convertirse en libro).

 

Ese mismo día visité el centro de Washington, D.C. Comenté a mis acompañantes, mientras hacíamos el recorrido del obelisco al memorial en honor a Lincoln, que eso parecía Chapultepec en domingo, dado que la inmensa mayoría de los paseantes hablábamos en español y nos comportábamos como se comportan los latinoamericanos promedio cuando “hacen turismo”.

 

El comentario parecería que confirma la tesis que Huntington propuso en su libro de 2004 (Who are we? The Challenges to America’s National Identity”) “¿Quiénes somos? Los Desafíos de la Identidad Nacional de América” (sic), respecto de que los inmigrantes de lengua española que llegan a Estados Unidos no están dispuestos a hacer propia la identidad estadounidense (no “americana”, ¡por Dios!) y se resisten, incluso, a aprender y a usar el inglés.

 

Sin embargo, Huntington se equivocó como lo prueba el hecho de que cientos de latinoamericanos (no “hispanos”, ¡por Dios!) encuentran sumamente interesante conocer la historia de Estados Unidos y el hecho de que la mayoría manifiesta admiración por personajes como Washington, Jefferson, Lincoln y hasta por Barack Obama, cuyos “recuerdos” –desde plumas estilográficas hasta cachuchas- se venden como pan caliente entre esos mismos latinoamericanos. En el memorial a los caídos en la guerra de Vietnam están registrados miles de “patriotas estadounidenses”, soldados cuyos apellidos denotan un origen latinoamericano. Es, desde luego, un universo más numeroso que el de los egresados de Harvard que perdieron la vida en Vietnam.

 

El error de Huntington, me parece, fue vivir encerrado en la burbuja típica del estadounidense que no suele “entender” lo que pasa más allá de sus fronteras culturales.

 

Un ejemplo exacto de dicha burbuja lo citó en abril de 2007 un editorial del Dallas Morning News titulado “El choque de las trivializaciones: La misma semana que la revista Time dedicó la portada de sus tres ediciones internacionales a un reportaje sobre Afganistán, su portada en Estados Unidos fue destinada a preguntarse si debe enseñarse o no la Biblia en las escuelas públicas de Estados Unidos. Un egocentrismo cultivado con esmero.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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