Ideas al vuelo
Ene 6, 2009
Ricardo Medina

Una crisis deliciosa para los políticos

Tan apetitosa resulta políticamente una crisis de esta naturaleza que sospecho que los mismos políticos gozan magnificándola… y nosotros, en los medios, les hacemos el caldo gordo porque asustar vende.

Esta crisis global está resultando un manjar irresistible para los políticos en el mundo.

 

En lugar de ser una crisis típica de balanza de pagos, local, se trata de una crisis global de confianza por un incremento súbito de la presunta aversión al riesgo, y, por ende, se da en medio de una retracción del crédito y de un movimiento generalizado entre los agentes económicos para disminuir el apalancamiento.

 

¿Solución? Olvidémonos de la odiosa ortodoxia fiscal y monetaria (ya ha dicho Ben Bernanke que hoy la ortodoxia está contraindicada), relajemos el gasto público, incurramos en déficit fiscal (o aumentémoslo a cotas insólitas) y desdeñemos cualquier temor a la inflación provocada por un exceso de liquidez y por tasas de interés no sólo negativas sino equivalentes a cero. 

 

“Los peces nadan. Los pájaros vuelan y los políticos responden a los incentivos como usted y como yo” dice Russell Roberts profesor de la Universidad George Mason, en Fairfax, Virginia. Gastar dinero público es el incentivo que enciende a los políticos. Disfrazarse de Santa Claus o de Rey Mago regalando por doquier y cosechando votos es la mayor descarga de endorfinas (placer) para un político profesional.

 

Si se tratase de una crisis local típica de balanza de pagos la receta sería la austeridad fiscal y la más estricta ortodoxia monetaria. Esto es: Lo más odioso para los políticos, que cuando deben aplicar ese tratamiento reciben los peores calificativos: causantes del hambre y del desempleo, insensibles, neoliberales, tecnócratas sin alma, generadores de pobreza y sufrimiento.  

 

Pero no, es una crisis “global” lo cual da la ventaja de que las culpas se diluyen hasta desaparecer y es una crisis inusitada (eso nos dicen) para la cual no funcionan las recetas tradicionales, sino las keynesianas (Lord Keynes es una coartada perfecta para cualquier político), es como cuando el atribulado paciente acude al doctor y éste le receta descanso, buen vino, buena comida, relajamiento total. Un encanto, esos doctores que nunca recetan inyecciones… y un encanto esos políticos.

 

Tan apetitosa resulta políticamente una crisis de esta naturaleza que sospecho que los mismos políticos gozan magnificándola… y nosotros, en los medios, les hacemos el caldo gordo porque asustar vende. ¿O no?



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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