VIERNES, 9 DE ENERO DE 2009
El mercado lo hace mucho mejor

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Ni el más benevolente e ilustrado burócrata supera al mercado libre en la asignación eficiente de los recursos.”


Durante 2008 sólo un par de comentaristas -Sergio Sarmiento y yo, hasta donde recuerdo- sostuvimos reiteradamente que se trataba de un error subsidiar el precio de la gasolina en México. El precio artificialmente bajo propició el consumo dispendioso (mayores importaciones) de ese energético y un mayor deterioro del ambiente. También significó que el fisco recibiera menores ingresos (en realidad, el impuesto específico –IEPS- fue negativo, es decir: subsidio), pero eso es lo menos relevante.

 

Durante la mayor parte de 2008 los precios de la gasolina en México fueron sensiblemente menores que los precios vigentes en Estados Unidos. Hoy la situación es la inversa. Aun con la congelación de precios anunciada el miércoles el precio de la gasolina Magna en México quedará en 7.72 pesos el litro mientras que el precio promedio de la gasolina equivalente en Estados Unidos es de casi 6.00 pesos el litro (datos para el cálculo: precio promedio en Estados Unidos por galón al 5 de enero: 1.684 dólares; tipo de cambio: 13.45 pesos por dólar; equivalencia: un galón igual a 3.785 litros). Diferencia porcentual: 29 por ciento.

 

Una de las causas fundamentales de la caída del precio de la gasolina ahí donde funciona el sistema de precios libres para ese producto (digamos, Estados Unidos) fue la drástica disminución del consumo dictada por los mismos precios: El mejor disuasivo para consumir ese energético fue el alto precio que marcaron las bombas de despacho del combustible. Es un ejemplo contundente de la eficacia de los mercados y del comportamiento “racional” (en términos estadísticos) de los consumidores: Nadie, pobre o rico, está peleado con su dinero.

 

El caso de los precios de la gasolina demuestra claramente la inmensa superioridad del mercado libre para asignar recursos escasos. Jamás los precios o las tarifas dictados por déspotas más o menos benevolentes e ilustrados (legisladores, funcionarios públicos, burocracias, pactos en la cúpula) logran asignar los recursos con la misma eficiencia y oportunidad.

 

¿Hasta cuándo los déspotas benevolentes e ilustrados nos dejarán decidir a los consumidores?, ¿hasta cuándo combatiremos neciamente al mercado libre como mecanismo para fijar los precios correctos en el momento correcto?

• Problemas económicos de México

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