VIERNES, 16 DE ENERO DE 2009
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“De cómo ha triunfado el Partido Comunista Chino gracias al abandono práctico del comunismo marxista.”


El gran economista catalán Xavier Sala i Martín, catedrático de la Universidad de Columbia, ha documentado sólidamente que a partir de 1978 se inició una rápida disminución de la desigualdad en el ingreso de las personas en el mundo, lo que se explica porque a partir de ese año el país más poblado del planeta, China, empezó su proceso de liberalización de la economía y apertura al comercio exterior, lo que incorporó en mayor o menor medida a más de mil millones de chinos a esa autopista de la prosperidad que se llama globalización. Más tarde India, con mil millones de personas, hizo lo propio.

 

Medir el ingreso de las personas es muy diferente que medir la desigualdad en el ingreso de los países. Si se mide el ingreso de los países, desdeñando la densidad de población de cada cual, la desigualdad entre ellos crece; pero si atendemos a los ingresos de las personas la desigualdad entre personas disminuye. Las personas son de carne y hueso; los países no. Las personas importan (valen) más que los países.

 

Ese gran viraje lo inició en 1978 el Partido Comunista Chino; de ahí que podría decirse que el Partido Comunista Chino logró un triunfo rotundo en la lucha contra la desigualdad.

 

Sin embargo, este triunfo contra la desigualdad no es un triunfo del comunismo, sino de las ideas que secularmente ha combatido el comunismo y que podemos sintetizar en “economía de mercado”. El comunismo chino (nominal) ha triunfado en la lucha contra la desigualdad en la misma medida que NO ha sido comunista, ni fiel a Marx, a Lenin y a Mao.

 

En las últimas décadas la población china ha incrementado su ingreso y su bienestar trabajando duro para satisfacer las ansias de consumo de estadounidenses, de europeos y, en general, de millones de personas que viven en países capitalistas.

 

Es un hecho indiscutible pero imposible de encajar para los ideólogos marxistas: los ciudadanos del capitalismo están viviendo mejor gracias al trabajo de centenares de millones de súbditos de un régimen comunista, quienes en vez de empobrecerse por ese hecho (como había profetizado Marx que sucedería), están saliendo aceleradamente de la pobreza.

 

Triunfaron Adam Smith y David Ricardo con una parafernalia, escenografía y retórica, que preside la hoz y el martillo. Justicia poética.

• Pobreza y desigualdad

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