MIÉRCOLES, 21 DE ENERO DE 2009
Una crisis al revés

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“La crisis financiera es una crisis rara, hegeliana, más de Alicia en un lugar al revés que de la gente cotidiana.”


La crisis financiera es una crisis rara, hegeliana, más de Alicia en un lugar al revés que de la gente cotidiana. El economista chileno Sebastián Edwards especulaba que el ajuste en la cuenta corriente estadounidense era inevitable (un “sudden stop”), empero, que no se sabría la variable de dicho ajuste.

 

La razón: las variables tradicionales en otros mercados siempre han sido el tipo de cambio y la deuda externa. Así fue en nuestra dolorosa curva de aprendizaje. Pero ello no podría ser con la economía al norte de la frontera, siendo que su divisa es su propia moneda.

 

Así, allá, vemos una crisis al revés: fuerte recesión, pero con un tipo de cambio fuerte; tasas de interés (reales también) en los suelos, no en las nubes tradicionales; la inflación, también en niveles bajos históricos; y un nivel de consumo que todavía no sufre los brutales ajustes en el gasto familiar.

 

Es una situación muy rara en la historia de crisis internacionales. Sí sabemos que el tamaño del “estímulo” tendrá una consecuencia en el futuro (¡no lejano!): si la historia se repite, habrá presiones inflacionarias, presiones sobre tasas de interés, dado el tamaño de la expansión de medios de pago, dado el tamaño del déficit fiscal.

 

Otro aspecto surrealista es que el factor determinante que saque  a la economía estadounidense del bache que atraviesa será no la dosis de morfina monetaria que hoy recibe, sino la enorme flexibilidad de sus instituciones económicas.

 

Pero, sin duda, el nuevo coro populachero hablará del triunfo de gastar más de lo que se tiene como la llave para crecer en la posmodernidad. Ello genera una falsa expectativa: ¡viva el contra-ciclismo!

 

Aquí también, dignos a nuestra cultura surrealista, vemos las cosas al revés. Hay presiones inflacionarias no vistas desde hace seis años, pero bajan los intereses—aun cuando no hay nada en la letra del mandato central más allá de proteger el poder adquisitivo de la moneda, punto.

 

Los políticos ya le quitaron al IFE su autonomía—y ahora parecería que hacen lo mismo con el banco central. En estos momentos de incertidumbre, deberíamos de reconocer no las modas actuales de Dany Rodrick o Paul Krugman o Joseph Stiglitz, sino las lecciones de la historia bien entendida. Douglass North decía, a propósito, que las instituciones generan certidumbre sobre el rumbo hacia el futuro. Por ello, son tan importantes.

 

En su ausencia, las cosas estarían al revés, con millones de Alicias que lo único que saben es que lo más seguro es que quien sabe. ¿Acaso así se puede “vivir mejor”?

 

• Crisis / Economía internacional

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