MIÉRCOLES, 21 DE ENERO DE 2009
La sublime ambigüedad keynesiana

¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé



El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


Más artículos...
Ricardo Valenzuela
• Mexicanos, ustedes no merecen ser libres

Arturo Damm
• Capitalismos

Isaac Katz
• Viejos pobres (I)

Arturo Damm
• Contubernio entre poderes

Víctor Hugo Becerra
• México: País de esclavos

Arturo Damm
• Los dos poderes

Manuel Suárez Mier
• Hacia la elección de 2020 en EU


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Ricardo Medina







“Del inopinado parentesco entre Lord Keynes y la Chimoltrufia.”


El profesor Joseph Stiglitz incurre en el más común de los lugares comunes al inicio de su más reciente comentario periodístico. Escribe que “ahora somos todos keynesianos”. Digamos a coro: “¡Obama en las alturas, bendito es el que viene en nombre de Lord Keynes!”.

 

Por supuesto que todos somos keynesianos, porque John Maynard Keynes, aparte de sus genialidades, compartía la habilidad retórica que hizo legendaria a la “Chimoltrufia”, ese personaje femenino, creación de Roberto Gómez Bolaños, que así como dice una cosa dice otra. Keynes estuvo  a favor y en contra del gasto público deficitario; a favor y en contra del libre comercio; a favor y en contra de los sindicatos; a favor y en contra de los seguros de desempleo… Todo depende del contexto. Un olvidado y divertido artículo de la revista The Economist publicado en diciembre de 1992 y al que hice referencia en otras Ideas al vuelo el 24 de octubre de 2007: “A todo esto, ¿Keynes era keynesiano?”, revela sin compasión las frecuentes inconsistencias de Keynes y demuestra que sí, que todos somos keynesianos… hasta el mismo Keynes lo fue en ocasiones: Un reloj descompuesto indicará la hora exacta dos veces al día.

 

Sin hipérbole, el keynesianismo vulgarizado sirve lo mismo para un barrido que para un fregado.

 

El propio Stiglitz, en el artículo de referencia (“El triunfante retorno de Keynes), nos regala una muestra de esta sublime ambigüedad. Escribe: “Bajarles los impuestos a los pobres y aumentar los beneficios de desempleo al mismo tiempo que se elevan los impuestos a los ricos puede estimular la economía, reducir el déficit y disminuir la desigualdad”. La clave de esta vaga receta (keynesiana, desde luego) está en ese “puede” que he subrayado. Porque eso mismo, bajar los impuestos a los pobres, aumentar los montos del seguro de desempleo y subir los impuestos a los ricos puede también ser la receta infalible para deprimir más la economía, incrementar más el déficit fiscal y aumentar más la desigualdad: los ricos dejan de invertir y los pobres destinan sus pequeños excedentes al ahorro o al pago de deudas, no al consumo; al tiempo que los mayores beneficios de desempleo aumentarán el déficit fiscal, lo que favorece una mayor inflación y una peor distribución del ingreso.

 

Chimoltrufia Keynes al cien por ciento: Así como digo una cosa, digo también todo lo contrario.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus