JUEVES, 22 DE ENERO DE 2009
Obama o la decepción anunciada

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
Carlos Rodríguez Braun


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“Jamás un gobernante puede hacer que lo obedezcan las olas, como el famoso rey Canuto; o como el gran loco Calígula, que según Robert Graves salió a desafiar a Neptuno, al frente de sus legiones, para atacar a espadazos a las olas. Así de grande es el desafío al que se enfrenta el obamagobierno.”


Nunca había habido en Estados Unidos un fenómeno parecido al de Obama, y no sólo en cuanto al tinte de la epidermis corporal. Ni siquiera el glamoroso Kennedy (y su más que glamorosa esposa, una especie de Lady Di para los gringos de mi generación) habían despertado tales expectativas, aderezadas con el sueño (que creen realizado) de Martin Luther King.

 

Pero es un error colosal hacer depender de un hombre providencial las esperanzas individuales, mucho menos de un político: llámese Adolf, Benito, Jolopo, Vicente, Peje o Hugo, ningún ser humano tiene tal capacidad para hacer cuanto se espera de él. Añorar todo de un gobernante providencial al que se lleva prematuramente a los altares laicos de la política es, por decir lo menos, una de las definiciones del fascismo.

 

Suponiendo sin conceder que Barack Obama sea un magnífico ser humano, admirablemente bien intencionado, talentoso, y con un equipo de altísima calidad de colaboradores que compartan sus cualidades, el empeño por hacer un gran gobierno, trascendente y satisfactor de ilusiones será tan fútil, tan inane, tan baladí y de plano imposible como pretender que un programa de La Hora Nacional le resulte interesante a toda la nación.

 

¡Ah, ilusos, quedaréis desilusionados! Y aparentemente el propio Obama se da cuenta de que el reto es tan inmenso y las ilusiones tan desmedidas, que ya ha pedido prudencia, paciencia y comedimiento a su pueblo, especialmente al negro, para el cual el advenimiento de Barack Obama será lo más parecido posible a una Epifanía. I had this dream!

 

Jamás un gobernante puede hacer que lo obedezcan las olas, como el famoso rey Canuto; o como el gran loco Calígula, que según Robert Graves salió a desafiar a Neptuno, al frente de sus legiones, para atacar a espadazos a las olas. Así de grande es el desafío al que se enfrenta el obamagobierno. Ningún poder humano domeñará la marejada financiera—militar—popular—histórica—geopolítica—económica que tiene por delante un simple presidente de un país que BushCheneyGreenspan & Co. han dejado destrozado hasta en sus más profundas raíces y en la más usamericana institución: la democracia. ¿O qué, es muy demócrata esperar, de un solo hombre, la salvación?

 

No habrá plan de rescate que alcance para detener al ciclópeo vendaval. Las espadas de los legionarios no podrán contra los factores reales de poder a quien nadie ha elegido, y que —como siempre— seguirán dominando y ejerciendo su gigantesco poder: el del gran dinero, el gran establishment financiero—militar internacional.

 

Algo podrá hacer el buen Barack, pero será necesariamente poco, y tardío ante la magnitud de los años de tremendo abuso que los mercaderes del terror han infundido en su pueblo y en su prensa, y las ilusiones del dinero barato y de free lunch. El hombre llega al mejor puesto en el peor momento; es otro lugar común. En el 2009 podrá imponer un nuevo estilo, hacer menos antipático a su país en el extranjero, y algún resultado habrá, que resultará refrescante. Al menos dejaremos de ver a Bush y sobre todo a Cheney; agreguemos algún golpe de mano que traiga algo de distensión, como el que consiguió Reagan ante el Ayatola Khomeini y la crisis de los rehenes en Irán, cuando el inútil Carter nada había logrado. Y hará algo, necesariamente tardío, para que Estados Unidos acepte responsablemente el reto del cambio global de clima.

 

Pero cuidado con los supremacistas blancos y las fuerzas kukluxklanescas siempre vivas en la psique gringa, especialmente en sus primitivísimos rednecks. En sus minutemen enemigos de todo lo mexicano. En la aldeana constituency republicana que votó por Bush hace 4 años. En sus exportadores de armas a México. En sus importadores de narcóticos y sus cárteles locales (¿no es raro que allá nunca aparezca el nombre de ningún Chapo Guzmán?).

 

Y sobre todo, la debilidad del dólar en un país que —a diferencia de 1929— es el mayor deudor del mundo, y no tiene ya, como entonces, una moneda basada en el oro.

 

Pobres ilusos. Pobre Obama. Pobres Estados Unidos. Pobre mundo, pues.

• Estados Unidos

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