Ideas al vuelo
Ene 23, 2009
Ricardo Medina

Aversión al riesgo y regulación

No fuimos más temerarios ayer, ni somos más cautelosos hoy. No cambió la aversión al riesgo, sino la percepción del riesgo.

Una lectura simplista de la crisis global consiste en postular que ha aumentado la aversión el riesgo en los mercados financieros y que, por tanto, los gobiernos pueden combatir la recesión infundiendo optimismo mediante grandes inyecciones de dinero público, promesas de rescates multimillonarios y más regulaciones que, se supone, levantarán de su postración el ánimo de los mercados.

 

No es así.

 

Veamos:

 

1.      No somos hoy más cautelosos que ayer, ni ayer fuimos más temerarios que lo que somos hoy. La aversión al riesgo se mantiene constante a lo largo de la historia. La naturaleza humana no cambia. Lo que cambia, a veces radicalmente como ha sucedido ahora, es la percepción del riesgo. Hoy vemos riesgos que antes no vimos, y no vimos entonces esos riesgos justamente porque los gobiernos propagaron –ayer como ahora- un optimismo infundado acerca de la capacidad de los propios gobiernos para regular de tal forma las actividades económicas que el riesgo y la incertidumbre fuesen cercanos a cero. Hoy entendemos que los gobiernos mintieron –se mintieron a sí mismos- al presentarse como omnipotentes neutralizadores de riesgos. Imaginemos, por ejemplo, que un gobierno jura y perjura que es tan eficiente y eficaz en el combate al crimen que el riesgo de ser víctima de un delito es cercano a cero. Si esa propaganda es eficaz, y los ciudadanos se la creen, no tendremos ciudadanos más temerarios (aficionados a correr riesgos) sino ciudadanos más tontamente confiados; ciegos ante los riesgos.

2.      La excesiva regulación en los mercados propicia una infundada confianza en los participantes, que –amparados en la creencia de que hay tantas reglas y tantos reguladores que cualquier evento adverso es imposible- presumen que no hay riesgo ahí donde por naturaleza hay y habrá siempre riesgo.

  1. Una mayor regulación –más reglas y más reguladores- no nos hará más sabios para tomar decisiones respecto de nuestro capital o nuestro patrimonio, nos harán más descuidados e irresponsables. Nunca ha sido inteligente dejar al cuidado de la nodriza gubernamental lo que debemos cuidar nosotros mismos.

 

No hay que confundir, como sucede con frecuencia, regulación con transparencia. La verdadera transparencia nos permite cuidarnos mejor, disminuye la ignorancia y hace superfluos a muchos reguladores oficiosos e ineficaces, que pagamos con nuestro dinero, y que lo que cuidan son sus propios intereses; algo, por lo demás, perfectamente lógico, es lo que usted y yo haríamos de ser nosotros los reguladores.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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