JUEVES, 29 DE ENERO DE 2009
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““El mundo está pasando de una crisis a otra”, explica Krugman, “todas involucran crucialmente al problema de generar suficiente demanda... Una vez más, la pregunta de cómo crear suficiente demanda para utilizar la capacidad de una economía se ha vuelto esencial. La economía de la depresión ha vuelto”. ¿En realidad demostraron todas esas crisis una demanda insuficiente?”


Con la ayuda de un Premio Nóbel y la recesión mundial, el columnista del New York Times Paul Krugman ha reinventado su libro de 1999 El retorno de la economía de la depresión para sugerir que el “tenía razón para estar preocupado”—aunque sea una década antes. Gran parte del libro, no obstante, con el nuevo título El retorno de la economía de la depresión y la actual crisis, todavía trata acerca de las crisis de tipo de cambio del periodo 1995-1998. ¿Qué tendría esto que ver con los recientes eventos globales?

 

“El mundo está pasando de una crisis a otra”, explica Krugman, “todas involucran crucialmente al problema de generar suficiente demanda. Japón desde principios de los noventas, México en 1995, Tailandia, Malasia, Indonesia y Corea en 1997, Argentina en 2002, y prácticamente todos en 2008. ..Una vez más, la pregunta de cómo crear suficiente demanda para utilizar la capacidad de una economía se ha vuelto esencial. La economía de la depresión ha vuelto”.

 

¿En realidad demostraron todas esas crisis una demanda insuficiente? Krugman lucha con economistas que pensaron que “los déficits comerciales de Tailandia, Malasia e Indonesia eran una señal… de fortaleza económica”. Pero las importaciones y los precios en aumento (la inflación llegó a 75% en Indonesia) seguramente no señalaban una demanda débil.

 

Una nueva introducción dice, “A fines de los noventas un grupo de economías asiáticas…experimentaron una recesión económica que tenía un preocupante parecido a la Gran Depresión…Lo percibí como una preocupante advertencia para todos nosotros”. A diferencia de la Gran Depresión, las recesiones asiáticas fueron breves. El PIB en Corea cayó un 6,9% en 1998 pero creció 9,5% en 1999 y 8,5% en 2000. La economía de Tailandia creció por 5% cada año entre 1999 y 2007. La economía mexicana creció en un 5,5% anual durante los cinco años después del colapso del peso. Krugman tiene razón que dichas economías problemáticas muchas veces recibieron terribles consejos del Fondo Monetario Internacional, como yo, también, lo he argumentado desde hace mucho tiempo. Pero estas se recuperaron de todas maneras.

 

Cualquier aseveración de que los problemas monetarios de Tailandia o México durante los noventas proveen “presagios” instructivos para los EE.UU. de hoy no tiene sentido. El nuevo material del libro, sin embargo, encuentra otra advertencia en “un esfuerzo de explicar cómo EE.UU. se encontró así mismo viéndose como Japón hace una década”. Desafortunadamente, inclusive aquella comparación —actualmente de moda— se basa en las estadísticas pre-1999 y originales del libro. “En 1998”, escribió Krugman, “la industria japonesa produjo menos que en 1991”. Esto, añade, era “un presagio: si podía pasarle a los japoneses, quien podía decir que no nos podía pasar a nosotros? Y seguramente, nos pasó”.

 

Actualizando las estadísticas, resulta que el índice de producción de Japón todavía no era más alto en 2004 (108,5) de lo que había sido en 1991 (108,4). A lo largo de los 16 años entre 1991 y 2007, la producción industrial aumentó un 43,7% en EE.UU. mientras aumentó solamente un 8,4% en Japón.

 

Seguramente, lo que le sucedió a los japoneses no nos sucedió a nosotros. Sorprendentemente, Krugman no obstante propone que EE.UU. copie los esquemas fracasados de obras públicas de Japón.

 

“Para 1996, [Japón] tenía un malévolo déficit de 4,3% del PIB”, escribe; “el intento de estimular la economía con un gasto deficitario parecía estar llegando a su límite”. Aún así Japón continuó dependiendo de panaceas fiscales, con déficits presupuestarios que promediaban 6,9% del PIB entre 1998 y 2005. ¿Acaso tal endeudamiento gubernamental creó trabajos? Al contrario—hubieron menos empleos japoneses en 2007 (64,1 millones) que en 1992 (64,4 millones).

 

Krugman cree que la Reserva Federal de EE.UU. está “presidiendo sobre una trampa de liquidez al estilo japonés”. En una conferencia de Keidanren-Cato en 1998, en cambio, yo indiqué que cuando sea que hay un gran riesgo de un fracaso de la banca, “los bancos en posición dudosa naturalmente querrán tener más reservas, y la gente querrá acumular más moneda dura. El banco central tiene que acomodar esas demandas de liquidez antes de que más reservas bancarias y de moneda puedan tener cualquier efecto ‘re-inflacionario’. Si el banco central fracasa en convertir suficientes seguridades en dinero efectivo, a través de la ventana de redescuento y las compras en el mercado abierto, entonces la gente tendrá que liquidar sus activos e inventarios para obtener efectivo. Para detener tal deflación, el Banco de Japón simplemente tiene que comprar la cantidad necesaria de seguridades domésticas o extranjeras”.

 

Escribir acerca de EE.UU. en vez de Japón, Ben Bernanke hizo comentarios similares acerca del “aflojamiento cuantitativo” en un estudio profético publicado en la revista American Economic Review en 2004, “Conduciendo la política monetaria con tasas de interés a corto plazo muy bajas”. Krugman descarta el aflojamiento cuantitativo de Bernanke porque “la base monetaria es ‘solamente’ $800.000 millones”. Aún así la base monetaria (reservas bancarias más moneda) se duplicó entre agosto y diciembre de 2008, acercándose a $1,7 trillones.

 

Los nuevos comentarios del libro acerca de la crisis financiera son comunes: “El sistema financiero resultó ser mucho más vulnerable a los efectos secundarios de los precios a la baja de los bienes raíces”, dice Krugman, y “las consecuencias cuando la burbuja reventó fueron peores de lo que casi cualquier persona se imaginó”.

 

Los reguladores del gobierno estaban tan cegados como el resto de la gente por las gigantescas y riesgosas inversiones en seguridades respaldadas por hipotecas, así como también fueron sorprendidos por Enron y Bernie Madoff. Aún así Krugman de alguna manera enlaza tal perenne fracaso de la regulación estatal a “la ideología del gobierno de George W. Bush”.

 

Las partes viejas de este libro ya no están al día y no han envejecido con gracia. Las partes nuevas en gran parte son la opinión popular, un rencor partidista, y excusas dudosas y cíclicas para “mantener y expandir el gasto público”.

 

*Artículo cortesía de Cato Institute para Asuntos Capitales

• Crisis / Economía internacional

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