MARTES, 3 DE FEBRERO DE 2009
Incongruencia y cinismo de los políticos

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“Los políticos o ignoran la historia o de plano no la entienden. O a lo mejor lo que les gusta es posar de cínicos.”


De total vergüenza la incongruencia (¿cinismo?) de los políticos mexicanos. Empiezo por el orden Ejecutivo. Antes de irse a Suiza, el Presidente Calderón declaró que siempre no, que su reformita energética necesitaba de la inversión privada, que para tener mayor capacidad de refinación era necesaria la alianza con el capital privado.

 

No, calladito se ve más bonito señor Presidente. Quien lo viera hace unos meses cediendo a los estatistas del PRI y del PRD y “pactando” para evitar inversión privada en refinación (yendo en contra de lo que se hace en el resto del mundo) y luego, lo peor, anunciando con bombo y platillo que construirá una refinería con recursos exclusivos de PEMEX. Ahora se lamenta. Claro, por la crisis mundial el gobierno federal ya no siente lo duro sino lo tupido y sabe que las finanzas públicas estarán en aprietos en 2010 si el precio del petróleo sigue cayendo, y por tanto en riesgo de no cumplir con lo de la refinaría. Vaya forma de quedar atrapado en la propia demagogia.

 

Por cierto, ya también, creo (insisto, creo), abandonó su discurso keynesiano de gastar, gastar y gastar para dizque crecer. Ya el Presidente usó la palabra austeridad (¿será porque astutamente -aunque es falso- el gobierno de Ebrard anunció austeridad en su gobierno?) y ha hecho un llamado a ahorrar desde el gobierno. No veo cómo, pues sigue empedernido con sus gastos populistas en salud (el seguro universal se volverá un verdadero boquete para las finanzas públicas, ya se acordará de mí el lector), en apoyar con los recursos de los contribuyentes a los ineficientes monopolios del IMSS e ISSSTE, en gastar y sostener (que no invertir como debería ser) al monopolio educativo (que es un verdadero pulpo burocrático ineficiente desde el nivel básico hasta al superior) y en sus múltiples subsidios vía el control artificial de precios. Definitivo, incongruencia pura.

 

Los peores, como siempre, los legisladores, haciendo foros, foros y más foritos que no sirven para nada, sino para abogar por el control de precios, inventar aranceles ó peor aún, aumentar la regulacionitis. Ahí está Manlio, llamando urgentemente a la “sociedad” a crear soluciones para “ablandar” la crisis. Ya se les olvidó a estos cínicos cómo obstruyeron una seria reforma energética, cómo se oponen a todo lo que implique mayor competencia en los mercados que favorezca a los consumidores, cómo protegen a gobernadores y líderes sindicales mafiosos, cómo protegen a los ineficientes y corruptos monopolios del gobierno, cómo se oponen a todas y cada una de las reformas estructurales que afecten y vayan contra los intereses propios ó de los buscadores de renta a los que sirven como lacayos. Eso sí, ellos si están blindados contra la crisis y cada año sus generosas dietas suben. Asco y cinismo.

 

Ah, pero el cinismo y la incongruencia no acaban aquí. También es internacional. Ahí están los políticos en Davos declarando como pericos que la causa de la crisis viene del mercado y es necesaria mayor intervención estatal. A ver, si bien es cierto que parte de la crisis proviene de errores cometidos en la toma de decisiones en la esfera privada, los gobiernos tienen la principal culpa.

 

El primer responsable es la Reserva Federal (banco central estadounidense) que mantiene dos objetivos incompatibles: mantener la estabilidad de precios y garantizar el crecimiento económico. El monopolio en la producción de dinero -eso son finalmente los bancos centrales- sólo se acepta cuando se cumple con el objetivo de mantener la estabilidad de precios. El crecimiento económico es resultado, primero, de una oferta abundante del crédito (por la vía del ahorro interno y externo de las personas que posponen parte su consumo presente) que se traduce luego en abundantes inversiones productivas, lo que después se refleja en mayor producción, empleo, ingresos y consumo. No hay magia, ese es el secreto de las economías que han crecido espectacularmente en los últimos años. La inyección monetaria es pura ficción para crecer que le cuesta muchísimo después a los contribuyentes.

 

Cuando el crecimiento se induce por la vía de inyecciones de dinero emitido por los bancos centrales, sin tener riqueza de respaldo, entonces las tasas de interés bajan artificialmente -inducidas por el banco central- lo que crea presiones de demanda agregada, que se traducen finalmente en presiones inflacionarias. Aquí vienen los problemas, pues nos encontramos ante una demanda que supera con creces a la oferta, lo que obliga a los bancos centrales a hacer lo contrario, a retirar liquidez muy rápido, lo que se refleja también en lo contrario, en alzas rápidas y constantes en el precio del crédito. Aquí revienta la crisis. Los agentes privados toman decisiones equivocadas, engañados por el nivel artificialmente bajo de las tasas de interés. No es la codicia, la avaricia ni cualquier estupidez económica de las que se mencionan en Davos, lo que causan los auges y las recesiones de la economía. La historia de las crisis mundiales apunta con solidez a que los culpables principales, los causantes de las crisis financieras, son los bancos centrales.

 

Ojalá los políticos mexicanos entendieran esto y no propongan estúpidamente que el Banco de México copie el modelo estadounidense de la FED. Cuando el Banco de México no tenía autonomía y estaba supeditado al gobierno federal (sin querer tenía el modelo estadounidense), entonces las irresponsables políticas fiscales (déficit crónicos para dizque apuntalar la producción), eran avalados por emisión irresponsable de dinero. La historia final de estas irresponsabilidades las conocemos muy bien los mexicanos; endeudamiento, devaluación e inflación.

 

En el mismo tenor, es una verdadera mentira afirmar que falló la regulación en EU. Que la avaricia y la codicia superaron a las reglas del gobierno, que el mercado es inestable y la búsqueda de ganancias es la culpable. Esto es una vil mentira y pasa por alto que en los últimos años los países nuevos ricos como los asiáticos, Nueva Zelanda, Irlanda ó el gigante Chino, son resultado de más mercado -más capitalismo- y no de más Estado -más regulaciones y socialismo.

 

De hecho, a raíz del fraude del caso Enron hace unos años, la regulación financiera en EU se ha volvió más costosa y burocrática. Este tipo de regulaciones se traducen en leyes y normas complejas de cumplir, en licencias, permisos y/o concesiones, así como en prohibiciones en general que encarecen los costos de transacción del intercambio económico y que por el contrario, crean incentivos perversos en los burócratas encargados de administrar dicha regulación, lo que favorece la corrupción para poder cumplir con la regulacionitis ó mandatos. Ahí están los casos de Freddie Mac y Fanny Mae, en donde una ley absurda del gobierno -de la era Clinton- ordenaba cobrar créditos hipotecarios por debajo de la tasa de mercado (o sea, subsidiados), creó presiones e indujo a los burócratas de estas entidades a favorecer a tal ó cual grupo de escasos recursos, grupos que simplemente no podían pagar. Aquí provino otro golpe al sistema financiero estadounidense, golpe proveniente de un error gubernamental, no por parte del mercado.

 

Otro caso, el fraude Maddof, que burló a la burocrática regulación, y se apoyó en un esquema insostenible que reventó con las caídas bursátiles recientes. Se está investigando, pero no dudo que haya habido complicidad con algún burócrata regulador que operó con los incentivos perversos arriba mencionados.

 

Y ojo, no olvidar al déficit fiscal crónico creado por Bush y heredado ya a Obama y generaciones venideras. Otra vez, el culpable es el gobierno y no el mercado.

 

Finalmente, la última incongruencia y/o cinismo (¿bisoñería?) vino por parte del presidente Obama, quien la semana pasada reclamó el por qué del aumento millonario en los bonos y prestaciones a los ejecutivos de Wall Street que están recibiendo dinero público. No sé qué tan real sea este reclamo, pero si así es, vaya ingenuidad del Presidente estadounidense ¿creía que alguien que maneja dinero ajeno tienen incentivos a administrarlo bien? La respuesta es un rotundo NO. De ahí que varios de los liberales pensamos que eso es prostituir al capitalismo, apoyar con recursos del contribuyente a empresas privadas que no tendrán incentivos al ahorro al no manejar dinero propio.

 

Ahí está la historia, pero los políticos parecen ignorarla, ó de plano no entenderla y seguir cometiendo incongruencias ó de plano seguir apareciendo como cínicos.


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