El Econoclasta
Feb 20, 2009
Isaac Katz

El difícil arte de predecir

Aunque los economistas sabemos poco, sabemos mucho más que los políticos tratando de manejar la economía aunque ellos, como nuestros legisladores, no se hayan dado cuenta.

Se dice que Dios creó a los economistas para que la astrología fuese una ciencia exacta. Estamos inmersos en una crisis tal que tratar de hacer cualquier predicción sobre el comportamiento inmediato y hasta mediato de la economía es en realidad imposible, particularmente cuando se trata de proyectar variables claves como el PIB, el tipo de cambio, las tasas de interés, etcétera. Predecir es muy difícil, sobretodo cuando se trata del futuro.

 

Desde que Adam Smith publicó su más conocida obra, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, la ciencia económica ha avanzado mucho en desarrollar una caja de herramientas que nos permiten a los economistas analizar la operación de los mercados y poder establecer, de manera probabilística, qué le puede suceder a un mercado en lo particular cuando se alteran las variables que determinan ya sea la demanda o la oferta en un análisis de equilibrio parcial basado en la teoría marginalista de Alfred Marshall. Lo mismo no sucede sin embargo cuando tratamos de explicar, y peor aun predecir, la evolución de la economía al nivel macroeconómico. Más allá de los aspectos fundamentales, es decir las condiciones de equilibrio de largo plazo, tratar de establecer con relativa precisión cual será la respuesta en el corto plazo de las principales variables agregadas a una determinada política fiscal y/o monetaria es un ejercicio infructuoso. Es tan infructuoso este ejercicio, que sorprende que todavía haya quién contrata y paga a algunos afortunados economistas que tienen don de palabra, coloquialmente llamada “capacidad de rollo”, para que con modelos econométricos sofisticados de equilibrio general que en realidad tienen la misma capacidad de predicción que observar la alineación de los astros o mojarse el dedo índice y sacarlo por la ventana para ver de dónde está soplando el viento, les hagan pronósticos que los propios economistas saben de antemano que, con una relativamente alta probabilidad, están incorrectos.

 

Algunos ejemplos de lo anterior. ¿Tendrá un impacto positivo sobre el crecimiento económico y el empleo en Estados Unidos, de qué magnitud y en qué plazo el paquete fiscal de casi 800 mil millones de dólares? La respuesta es que no se sabe, aunque lo más probable es que el impacto sea mínimo; lo que sí sabemos con certeza es que la posición fiscal de ese gobierno es insostenible en el mediano plazo. Otro ejemplo; ¿si el Banco de México decide reducir en un punto porcentual la tasa de fondeo en la próxima reunión de la Junta de Gobierno, la economía empezará su recuperación en el cuarto trimestre de 2009 en lugar de hasta 2010 y de qué magnitud sería ésta? La respuesta es que no se sabe aunque lo más probable es que dadas las condiciones de la economía estadounidense, tal impulso monetario no sirva de mucho; lo que sí sabemos con certeza es que tal política introduciría presiones inflacionarias en la economía.

 

Aunque los economistas sabemos poco, sabemos mucho más que los políticos tratando de manejar la economía aunque ellos, como nuestros legisladores, no se hayan dado cuenta.



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