Pesos y contrapesos
Feb 20, 2009
Arturo Damm

¿Y ahora qué?

El trabajo es un derecho, ¿pero es también un deber y, todavía más, un deber social, entendido como un deber para con los demás?

Isaac Katz hizo la pregunta pertinente. Terminado el foro que organizó el Senado para analizar la pregunta ¿qué hacer para crecer?, “les podríamos preguntar a los legisladores - cito a Katz -, y ahora, ¿qué van a hacer? Es una pregunta válida porque ellos son en gran parte responsables de que México no crezca sostenidamente a tasas más elevadas”, y lo son, esto lo digo yo, porque el progreso económico, entendido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, es el resultado, más que de las políticas económicas del gobierno (fiscal, monetaria, comercial, industrial, etc.), del marco institucional, es decir, de las reglas del juego, cuyo objetivo debe ser reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente los derechos de los agentes económicos a la libertad individual (para trabajar, emprender, invertir, producir, ahorrar, intercambiar y consumir), y a la propiedad privada (sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción), todo lo cual es condición necesaria para conseguir, en todos los sectores de la actividad económica, y en cada uno de los mercados, la mayor competencia posible, sin la cual lograr la mayor producción, de los mejores bienes y servicios, para la mayor cantidad de gente, resulta imposible. Y las reglas del juego, es decir, el marco institucional, dependen de los legisladores.

 

Katz pregunta si los legisladores están dispuestos a realizar, entre otras, la reforma laboral, de la cual destaca la necesidad de eliminar la cláusula de exclusión, violatoria de la libertad para trabajar (véase el artículo 395 de la Ley Federal del Trabajo, LFT), y contraria a lo establecido en la Constitución (consúltese el artículo quinto), cláusula de exclusión que, si nos tomamos en serio la libertad, desde laboral hasta sindical, debe ser borrada de un plumazo, junto con muchos otros artículos, incisos, apartados y párrafos de la LFT, cuyos problemas comienzan en el artículo tercero, que a la letra dice: “El trabajo es un derecho y un deber sociales”, debiéndose de estar de acuerdo con lo primero, suponiendo que el derecho al trabajo sea rectamente entendido y correctamente practicado, ¡para lo cual debe ser reconocido como un derecho individual y no social!, pero debiéndose rechazar, en aras de la libertad para trabajar, la segunda parte, la que afirma que el trabajo es un deber social.

 

El trabajo es un derecho de la persona, derecho que, como cualquier otro, implica la obligación de un tercero, que consiste, no en la exigencia de proporcionar trabajo, sino en la obligación de no impedir que el otro trabaje y de respetar el fruto de ese trabajo. El trabajo es un derecho, ¿pero es también un deber y, todavía más, un deber social, entendido como un deber para con los demás? No, claro que no, y el problema de concebir al trabajo como un deber social es la amenaza constante de que el poder político obligue, en cumplimento de tal deber, a trabajar a quien, por las razones que sean, no quiera hacerlo. Concebir al trabajo como un deber social abre las puertas a la esclavitud, y así, como un deber social, es como se concibe al trabajo en el artículo tercero de la LFT.

 

Yo tengo el deber de mantener a mis hijos, y si fuera capaz de hacerlo sin trabajar, porque le pegué al gordo de la lotería, porque ya ahorré suficiente, porque heredé una fortuna, etc., ¿hay algún poder que, con derecho, me pueda obligar a trabajar? Según lo establecido en el artículo tercero de la LFT sí. ¡Así se las gastó quien redactó tal barbaridad, sin olvidar a todos quienes, en su momento, la aprobaron y promulgaron!

 

¿Cuántos legisladores están dispuestos a enmendar tal error y, ya encarrilados, a llevar a cabo la reforma laboral?



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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