JUEVES, 14 DE MAYO DE 2009
Obama entre caudillos

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Daniel Morcate







“Cuando los caudillos le reclaman a Obama "respeto a la autodeterminación" no le están pidiendo que respete la libre voluntad de los pueblos para escoger a sus líderes en ejemplares procesos democráticos; sino que se calle y mire al otro lado mientras amañan las elecciones, disuelven congresos, proscriben partidos de oposición, intimidan a la prensa y manipulan constituciones para atornillarse en el poder.”


Ardo en deseos de ver por donde tira por fin la política del presidente Barack Obama hacia nuestros vecinos latinoamericanos más prepotentes, irascibles y revoltosos. Porque hasta ahora lo que mejor se le conoce a esa política son las buenas intenciones. Del presidente hacia abajo en Washington le llaman engagement. Y lo mismo parece incluir las ofertas de diálogo a enemigos furibundos de lo norteamericano, como los hermanos Castro, que sesiones de fotografías presidenciales con el autócrata venezolano Hugo Chávez y presentaciones de libros en la embajada norteamericana en Buenos Aires sobre Ernesto “Che” Guevara, la Evita de los cubanos castristas. No me sorprendería que a ese paso la política se extienda para mostrarnos a Jeffrey Davidow, asesor de Obama para América Latina, mascando hojas de coca con Evo Morales en el altiplano boliviano o a Hillary Clinton bautizándole los hijos al cura que preside Paraguay, Fernando Lugo.

 

Creo sinceramente que si Obama mantiene su estrategia latinoamericana en ese plano entre lúdico y travieso tal vez le haga menos daño al progreso hemisférico que si llegara a tomarse en serio las pretensiones de los caudillos atrabiliarios que hoy por hoy rigen los destinos de un tercio de los latinoamericanos. Y es que si algo quedó claro en el sarao que se celebró en Trinidad y Tobago bajo el nombre rimbombante de Quinta Cumbre de las Américas es el profundo desencuentro entre los presupuestos políticos de esos caudillos pendencieros y los ideales de democracia, libertad y prosperidad que promueve Estados Unidos, ideales que como pocos simboliza su primer mandatario afroamericano.

 

Los asesores de Obama aseguran que, mediante el engagement o compromiso, el presidente quiere contagiarles a los hombres fuertes latinoamericanos respeto a las instituciones democráticas, las libertades individuales y los rivales políticos que en buena lid les disputan el mando. Difícil imaginar objetivos más nobles. El problema de fondo es que los caudillos como Chávez, Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, entre otros, no ven el compromiso mediante el mismo prisma constructivo, sino como una oportunidad de convencer a Washington para que consienta y aplauda el gradual desmantelamiento de la democracia y la liquidación de las libertades en sus respectivos países. Para ellos el modelo es la satrapía castrista, a la cual no se cansan de ensalzar e imitar, con los inevitables matices que les imponen los tiempos que corren.

 

Cuando los caudillos le reclaman a Obama ""respeto a la autodeterminación"" no le están pidiendo que respete la libre voluntad de los pueblos para escoger a sus líderes en ejemplares procesos democráticos; le están pidiendo más bien que se calle y mire al otro lado mientras amañan las elecciones, disuelven congresos, proscriben partidos de oposición, intimidan a la prensa y manipulan constituciones para atornillarse en el poder. Cuando le exigen que acepte a la dictadura castrista en la comunidad de naciones interamericanas le están exigiendo que acate sin chistar sus propios planes autocráticos. Y cuando lo exhortan a dejar de apoyar a gobiernos ""oligárquicos"", lo están exhortando a permitirles alentar impunemente movimientos desestabilizadores, al estilo de las narcoguerrillas de las FARC y Sendero Luminoso, en democracias vecinas como las de Colombia y Perú.

 

Obama y sus asesores tendrán que aprender a navegar por las turbias aguas del doublespeak latinoamericano si desean trazar una política sensata y humanista que evite las complicidades con la nueva hornada de caudillos y estimule a quienes en sus países se esfuerzan pacíficamente por restaurar la democracia y la convivencia pluralista. Si lo logran, se expondrán a trilladas descalificaciones personales por haber ""abandonado"" o ""ignorado"" a Latinoamérica. Pero ya para entonces habrán entendido que eso también es parte del lenguaje orwelliano de los caudillos y de muchos otros latinoamericanos que les hacen el juego.

 

___* Periodista cubano.

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