VIERNES, 22 DE MAYO DE 2009
Astringencia Fiscal (II)

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“Queda claro que con ese grupo de irresponsables vividores y rentistas que son nuestros legisladores no se puede contar. El gobierno está condenado a tener, al menos en el futuro cercano, finanzas públicas notoriamente débiles mientras que los agentes económicos privados seguirán enfrentando un esquema tributario notoriamente ineficiente, con el costo que ello implica para el crecimiento futuro de la economía mexicana.”


En el artículo de la semana pasada apunté que ante la inminente caída de los ingresos petroleros a partir del próximo año, existe la imperiosa necesidad de hacer una reforma tributaria de fondo que no solamente fortalezca estructuralmente los ingresos tributarios del gobierno federal, sino que además alinee el diseño tributario con los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir es decir, con el objetivo de creación de riqueza y de crecimiento económico. En el mismo sentido fueron las afirmaciones del ex presidente Zedillo durante su intervención esta semana en la reunión de las empresas aseguradoras. La respuesta inmediata por parte de los legisladores a las palabras de Zedillo fue que no va a haber reforma tributaria porque los tiempos políticos no son los adecuados. Como ya quedó claro que con ese grupo de irresponsables vividores y rentistas que son nuestros legisladores no se puede contar, pues el gobierno está condenado a tener, al menos en el futuro cercano, finanzas públicas notoriamente débiles mientras que los agentes económicos privados seguirán enfrentando un esquema tributario notoriamente ineficiente, con el costo que ello implica para el crecimiento futuro de la economía mexicana.

 

Lo anterior nos lleva al siguiente punto que es lo relacionado con el gasto que el gobierno ejerce. El gobierno gasta mucho y lo más grave es que lo hace muy mal, por lo que la rentabilidad social del gasto público es muy baja si no es que inclusive negativa en muchos de los rubros del presupuesto. La principal razón detrás de ello es que los recursos que el gobierno gasta no son de su propiedad; el gobierno es únicamente el administrador de recursos que le extrajo a la sociedad, principalmente a través del sistema impositivo. Por lo mismo, los burócratas encargados de administrar y ejercer los recursos públicos no tienen ningún incentivo para hacerlo eficientemente y, en consecuencia los derrochan.

 

Dado que no va a haber reforma tributaria y los recursos con los que contará el gobierno serán menores, es indispensable hacer una reforma estructural en la manera en la cual el gobierno asigna y gasta los ingresos que obtiene. Esta tiene que estar basada en dos criterios. El primero es que el gobierno únicamente haga lo que efectivamente le corresponde en una economía de mercado, lo que implicaría dejar de gastar enormes montos de recursos que en la actualidad el gobierno ejerce en áreas que no le corresponden, despidiendo inclusive a todos aquellos burócratas que se dedican a administrar toda una serie de regulaciones que de entrada ni siquiera deberían existir. El segundo es que todo rubro de gasto público tiene que ser evaluado ex ante con un criterio de rentabilidad social, por lo que sólo podría gastarse en aquellos renglones en donde se cubra el costo de oportunidad de los fondos públicos de forma tal que, aun contando con menores recursos, la contribución del gasto público al bienestar de la población sea mayor que la actual.

 

Lástima que esto tampoco se va a lograr porque a nuestros políticos eso de la eficiencia los tiene sin cuidado.

• Reforma fiscal

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