LUNES, 1 DE JUNIO DE 2009
Economía y salud (III)

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“Lo ideal sería desmantelar al duopolio médico gubernamental y crear cuentas individuales de ahorro médico (dejando al Estado sólo la atención médica de quienes están en extrema pobreza a quienes por cierto es fácil detectar) para que las personas decidan con qué hospital ó clínica privada atenderse.”


El sistema de salud mexicano es un claro ejemplo de cómo la medicina socialista no funciona. Sí, nos referimos a esos proyectos llevados a cabo por el gobierno priísta durante 70 años (y hoy reforzados por el PAN) para convertir al sistema de salud en un complejo duopolio (IMSS, ISSSTE) corrupto e ineficiente.

 

Hospitales sin suficiente número de camas, clínicas sin un adecuado abasto de medicinas, personal médico sindicalizado y burocratizado que no tiene incentivos para servir bien a los pacientes (si son incompetentes no se les puede despedir, pues sus poderosos sindicatos los respaldan a muerte), constante ausentismo del personal IMSS-ISSSTE, gigantesca y onerosa burocracia administrativa, robo constante de equipos y medicinas costosas, esto y más es lo que caracteriza a nuestro sistema de salud pública cuyo modelo sólo es defendido -jamás usado- por los políticos de la vieja guardia y por supuesto, por periodistas que les son afines.

 

Y es que en México el PRI-gobierno (salvo los casos de Salinas y Zedillo) se dio a la tarea durante varias décadas de construir un México socialista, un México en donde el Estado era lo máximo y debía dotar de todo el bienestar material, educativo y de salud a la sociedad. El colapso del socialismo fue la prueba más contundente de que los sistemas estatistas sólo dan pie al totalitarismo y a la ineficiencia económica. Pero en México, ni la salida del PRI de la presidencia incentivó a desmantelar al gigantesco e inoperante oligopolio médico. Al contrario, el PAN, actuando más papista que el papa, ha continuado con el estatismo médico y educativo.

 

Pero la gente no se deja engañar, y en su mayoría sabe el viacrucis que significa ser atendido en alguna clínica u hospital del gobierno. Por lo pronto y en este marco de engaño cínico, el Presidente Calderón mostró su lado “noble-feminista” y aprobó un mandato para que toda mujer con problemas de embarazo tenga atención gratuita en los armatostes de salud pública. Vaya, si Calderón quería acabar de colapsar los sistemas de atención va en el camino correcto. Este tipo de medidas populistas no sólo no salvarán a las mujeres con problemas de embarazo, sólo convertirán a IMSS e ISSSTE en sus tumbas.

 

Lamentablemente en México se ha confundido el que el Estado provea un bien público (un bien que en el corto plazo-ojo corto plazo-no genera rentabilidad e incentivos para que lo produzcan agentes privados) implique también producirlo. Estupidez y terquedad contumaz.

 

¡Imagine el lector si un bien público como la defensa nacional tuviera también que producir sus propios uniformes y equipo militar! El resultado sería un completo desastre económico. Es muchísimo más eficiente que el Estado se ocupe de preparar y entrenar al personal militar y contratar a empresas privadas -nacionales ó extranjeras- que ofrezcan y compitan en el abastecimiento de equipo militar.

 

Si el lector es un economista serio ó persona muy informada, sabe que esto no es una cuestión ideológica, sino que hay evidencia científica abrumadora de que un bien público es provisto en condiciones más eficientes y menos costosas por el Estado cuando no es al mismo tiempo producido por el mismo (el Estado). Es decir, el Estado paga por proveer el bien público a la sociedad, pero lo producen agentes privados en condiciones de continua competencia.

 

Por ejemplo, ahí está el caso colombiano y de varios estados de la Unión Americana, en donde muchos de los graves problemas que se suscitaban en las cárceles (tráfico de armas y drogas) se terminaron en cuanto los gobiernos decidieron que fueran privados los que operaran las mismas. Ello no quitó al Estado la facultad de impartir justicia, ya que sigue siendo quien decide quién amerita pena ó no de cárcel, pero la construcción y la operación de las cárceles por parte de particulares (y remuneradas por el Estado) da incentivos a vigilar y monitorear mucho mejor a los reos, pues de lo contrario se cancela la concesión carcelaria al particular y se le otorga a otro que sea más eficiente. En México esto acabaría con la creciente mafia carcelaria que involucra tanto a autoridades como a delincuentes.

 

En el caso de la salud, ya en nuestro primer artículo señalamos que lo ideal sería desmantelar al duopolio médico gubernamental y crear cuentas individuales de ahorro médico (dejando al Estado sólo la atención médica de quienes están en extrema pobreza a quienes por cierto es fácil detectar) para que las personas decidan con qué hospital ó clínica privada atenderse. Ya de hecho, ante la ineficiencia y burocracia de los hospitales del gobierno mexicano, las personas de clase media recurren a la medicina privada, pero gastando al doble, pues no dejan de pagar impuestos por una salud gubernamental que jamás recibirán.

 

Por desgracia no creo que el PAN haga esta transformación, así que una solución intermedia sería intensificar al sistema de subrogación de los sistemas de salud -hoy debilitado y casi destruido- de las empresas. Que no haya obligación de las empresas a cotizar en el IMSS. Que las empresas pudieran escoger libremente (podrían acordar con los sindicatos respectivos) a su oferente de salud privada. Esta medida no deja de ser colectivista y arbitraria (se obliga a los empleados en bloque a utilizar un servicio médico determinado), pero es muy superior en eficiencia y calidad a nuestro actual y nefasto sistema de salud pública. Hay de hecho empresas que ciertamente ya cubren la salud de sus empleados con oferentes privados, pero lo hacen a un costo muy alto, pues no los exime de sus obligatorias contribuciones al seguro social. Por ello prosigue dominando el sistema estatista de salud.

 

Ahora bien, qué sucede con los laboratorios, vacunas e institutos de salud pública. Para empezar, debemos aceptar que el funcionamiento de los institutos gubernamentales de salud es mucho mejor que el dueto nefasto IMSS-ISSSTE. Pero ello en parte es debido a que cobran de acuerdo al perfil socioeconómico del paciente.

 

Sin embargo, dado que los precios siguen siendo subsidiados, estos institutos médicos no dejan de sufrir de una sobredemanda. Si el lector quiere una cita médica y no llega antes de las 7 de la mañana, simplemente no accederá a la misma.

 

Casi todos los institutos gubernamentales médicos fueron creados por decreto y capricho y por ello también en su mayoría padecen de burocratismo. Así que sólo son una solución parcial ante alguna complicación en la enfermedad de los mexicanos.

 

Una mejor solución habría sido dejar a institutos privados de investigación para que en competencia intensa ofrecieran parte de sus servicios médico a precios parcialmente subsidiados por el Estado. Pero nuevamente, esto no deja de ser una medida que somete a los contribuyentes a pagar por la salud de otros.

 

Por razones de espacio, amigo lector, dejaré para un próximo y último artículo el tema de la producción de vacunas y sobre las llamadas externalidades.

• Salud

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