LUNES, 1 DE JUNIO DE 2009
Partos tortuosos

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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“El parto es doloroso, pero lo haremos menos traumático si logramos comprender los grandes cambios de paradigmas. Una vez que los comprendemos, debemos tomar una posición personal: estorbamos o ayudamos para que nazcan y se desarrollen con más facilidad.”


El mundo de hoy no es el mismo de hace tres décadas. Hace 30 años todavía existían muchos países declaradamente socialistas y no pocos mexicanos creían que el camino de México debía ser hacia el socialismo, todo el poder al Estado. La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión de Republicas Soviéticas Socialistas indicaban que el socialismo no era el camino correcto, que las naciones debían buscar otras alternativas. Pero no había muchos caminos a elegir. La ruta opuesta al socialismo es la economía de mercado, es decir, el sistema que confía en la libertad del hombre para que sea él quien decida, bajo sus propios riesgos, lo que debe producir o consumir.

 

Es así como se inicia un proceso largo, tortuoso y doloroso por desmantelar a los Estados centralizadores. Ya no sería el gobierno el agente que tomaría las decisiones económicas de lo que se debía producir, distribuir o consumir en la sociedad. Todas estas responsabilidades pasarían a manos del individuo, del empresario u hombre de negocios. De esta manera, el Estado se retiraría de la economía y su papel se reduciría a cuidar, como un árbitro de futbol, que el juego funcionara bien, que nadie violara las reglas básicas del mercado.

 

El papel de gendarme que tomaría el Estado implicaba que no interfiriera las decisiones de los individuos, salvo cuando dañaran a alguien. El ciudadano, de manera individual o colectiva tendría toda la libertad de formar empresas, bancos, escuelas, carreteras, puertos, etc. Emplearía sus propios recursos o captaría los de otros ciudadanos que apoyaran su proyecto. Si este empresario obtenía éxito en sus negocios, sería dueño de los beneficios y podría invertirlos en lo que se le ocurriera. Pero si tenía fracaso, debía afrontar las pérdidas sin ayuda del gobierno.

 

Estos cambios de paradigma se empezaron a reflejar en nuestro país desde 1982. La política de privatizaciones, los Tratados de Libre Comercio y la apertura a las inversiones extranjeras son algunas muestras de esta tendencia.

 

Algunos gobiernos del mundo se empeñaron en buscar “la tercera vía” y sólo han encontrado que no existe esa tercera vía. Ahora los países deben saber que eligen la vía del mercado o se aferran al estatismo (socialismo).

 

Los cambios de un paradigma a otro no son fáciles. Por ejemplo, hay gente (la nomenclatura, los burócratas consolidados) que se ha beneficiado muy bien del sistema estatista y se opone, por todos los medios, a romper el status quo. Seguramente lograrán su cometido por un tiempo, usan marchas, plantones, huelgas, paros y otros actos violentos, pero al final la historia los pondrá en su lugar.

 

Los viejos paradigmas se dejan no por capricho, sino porque demuestran su ineficacia para resolver los problemas de la sociedad. Se abandona el socialismo porque la experiencia muestra que si se elimina la propiedad privada se acaban los incentivos de progreso; se deja el keynesianismo porque si se deja que el Estado intervenga y controle todas las actividades económicas, termina por corromperse y estorbar al desarrollo. Aún cuando no se corrompiera, es imposible encontrar a un puñado de hombres sabios capaces de manejar todos los recursos de la sociedad y decidir lo que la población debe consumir, vestir, estudiar o disfrutar.

 

La experiencia muestra que los gobiernos son malos tomadores de decisiones, que despilfarran los recursos, pues a fin de cuentas, no son de ellos. Por otro lado, se constata que nadie cuida mejor las cosas que aquél que es dueño, propietario. Por tal razón, el gran cambio de paradigma consiste en abandonar los modelos centralizadores, llámese socialistas, comunistas, nazis, keynesianos o de Estado Benefactor y en su lugar sustituirlo por economía de mercado, donde la competencia obligue a cada uno a hacer bien su trabajo o quedarse sin comer.

 

Este proceso de cambio de paradigma es el que vive el mundo desde hace dos décadas. Algunos países lo han entendido muy bien: China, después de haber sido comunista ahora está liberalizando su economía y crece a tasas nunca antes vistas. Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Escocia entre otros también están abrazando el sistema de mercado.

 

Otros países, han perdido la brújula: Estados Unidos de América está ahora mismo sufriendo graves crisis por abandonar los principios del sistema de mercado.

 

Pero también hay gobiernos que no han querido comprender los errores de la historia y están conduciendo a sus pueblos a un doloroso abismo. Piénsese en Cuba, Venezuela y Bolivia. No tienen buen futuro y pronto lo comprenderán.

 

El parto es doloroso, pero lo haremos menos traumático si logramos comprender los grandes cambios de paradigmas. Una vez que los comprendemos, debemos tomar una posición personal: estorbamos o ayudamos para que nazcan y se desarrollen con más facilidad. Hoy nuestros políticos (diputados y senadores) se empeñan en no comprender este proceso y se han convertido en un verdadero lastre.

 

Pero hay hombres buenos en nuestro país que tienen que decidirse a salir del armario y entrar a la esfera política para ayudar y ser buenos parteros de la historia.

• Liberalismo

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