MIÉRCOLES, 3 DE JUNIO DE 2009
¿Chávez o Pinochet?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Las reformas implementadas por los Chicago Boys son consideradas las bases sobre las que descansa en estos momentos el éxito de Chile. El doloroso tratamiento al cual el país fue expuesto después del fracaso socialista de Allende, es considerado como los cimientos sobre los que descansa la libertad, el progreso y el futuro del país.”


Hace unos días en Venezuela se dio un vergonzoso atropello. El tirano Hugo Chávez hostigaba las ideas de libertad que representan Mario y Álvaro Vargas Llosa. Un dictadorzuelo que lleva a Venezuela a un infierno peor que el vivido durante toda su independencia, agredía a dos de los más prestigiados liberales del mundo. Ello me hizo pensar y comparar a dos países sudamericanos: Chile y esa agraviada Venezuela.

 

Chile hoy día es considerado un ejemplo para el mundo. Después de su retorno a la democracia, ha surgido el compromiso de los chilenos para continuar el desarrollo económico con la misma receta que produjo esta historia de éxito. Sin embargo, hace poco tiempo era considerado un país controversial. Tanto la “revolución de la libertad” encabezada por Eduardo Frei Sr. (1964-70), como la “ruta legal hacia el socialismo” de Salvador Allende (1970-1973), atrajeron la atención de segmentos diferentes, en épocas diferentes, en diferentes partes del mundo para finalmente enviar el país al profundo pozo del fracaso.

 

En septiembre de 1973, ante el clamor popular, una junta militar derrocó al presidente Salvador Allende frente a una ola de indignación por la destrucción de la democracia chilena. Sin embargo, los programas económicos implementados de inmediato adquirieron aceptación de las instituciones financieras internacionales. A partir de mediados de los años 70s, Chile se convirtió en el consentido de los mercados mundiales. Se convirtió también en el país más visitado por académicos de la facultad de economía de la Universidad de Chicago, incluyendo al legendario Milton Friedman.

 

Chile sería el primer experimento en donde se aplicaran reglas de economía ortodoxa en un país subdesarrollado. El laboratorio en el cual se probarían las teorías liberales en una nación del tercer mundo, algo nunca intentado. Se había convertido, también, en ejemplo del rotundo fracaso servido por el socialismo latinoamericano.

 

Bajo el mando de Pinochet, el comercio internacional fue liberalizado, los precios dejados a oferta y demanda, las empresas estatales fueron privatizadas, el sector financiero desregulado, y las funciones del estado fueron drásticamente reducidas.

 

En unos cuantos años, Chile fue sujeto a dos proyectos totalmente contradictorios. De 1970 a 1973, el programa “antiimperialista” de Allende nacionalizando los sectores productivos, expropiando propiedad privada, y remplazando el mercado con sistemas de control estatal. Después, de 1974 a 1978, Pinochet desarrolló un programa de liberación económica basado en los mecanismos de mercado, la reducción del estado, la desregulación del sector financiero, y un discurso que dejaba al mercado resolver infinidad de problemas que enfrentaba la sociedad.

 

El interés en Chile creció y atrajo gran solidaridad por otro factor: El grupo de economistas seleccionados por Pinochet para la reconstrucción del país, conocidos como los “Chicago boys”. De inmediato los noveles economistas se distinguieron no sólo por la audacia de su revolución económica, sino también por su inquebrantable fe en la ciencia económica como legitimación de sus medidas draconianas, y la habilidad del mercado para resolver la multitud de problemas heredados por el sueño socialista. También, de inmediato manifestaron su total rechazo al intrusivo papel que el Estado había representado en el desarrollo de la sociedad.

 

Pero el milagro chileno no se dio como la multiplicación de los panes y los peces. Se tuvieron una serie de tropiezos que, inclusive, provocaron una seria recesión en 1982 lo que se tradujo en el desembarco de una segunda generación de Chicago Boys, aun más convencidos de las bondades del mercado. Finalmente, en esta segunda fase del doloroso proceso, el verdadero milagro chileno afloraba a la superficie para admiración del mundo. 

 

Las reformas implementadas por los Chicago Boys son consideradas las bases sobre las que descansa en estos momentos el éxito de Chile. El doloroso tratamiento al cual el país fue expuesto después del fracaso socialista de Allende, es considerado como los cimientos sobre los que descansa la libertad, el progreso y el futuro del país.

 

Chile se adelantó dos décadas a los saboteados procesos que América Latina inició a finales de los 80s. Pero más impresionante, Chile se anticipó, inclusive, a las famosas revoluciones de EU e Inglaterra encabezadas por Reagan y la Thatcher. Hay intelectuales que se atreven a afirmar que el exitoso experimento Chileno, fue lo que provocó que el mundo entero abrazara los mercados en los años 80s y 90s, y la inspiración de Gorbachev para darle el tiro de gracia al comunismo soviético.

 

México, sin embargo, ha permanecido atrapado en la red de una revolución fracasada. Cuando los Chicago boys iniciaban la reconstrucción de las ruinas dejadas por Allende, en nuestro país Echeverría arreciaba su nacionalismo revolucionario. Cuando Salinas trató de implementar las mismas reformas en los 90s, de inmediato fueron saboteadas empujando al país a un precipicio. Cuando llegara la ansiada democracia, los sueños mexicanos quedaban marchitos en un congreso de mercenarios y presidentes maniatados.

 

Ante el experimento chileno, mexicano y del resto de América Latina, hay quienes afirman que el establecimiento de los mercados libres requiere un régimen autoritario. Aseguran que una sociedad libre regida por el mercado, tiene que ser impuesta casi por la fuerza. De hecho y como afirma Von Mises en sus escritos: “Muchas veces al implementar el liberalismo, se tiene que luchar, inclusive, con los que más se benefician de él. A la caída de Roma los más opuestos a la abolición de la esclavitud, eran los mismos esclavos”.

 

Las razones son simples: La sociedad chilena—como la de todos los países latinoamericanos—había sido moldeada por un estado poderoso e intruso. Ese había sido el escenario de Chile desde sus orígenes como nación independiente. Además, durante los últimos 60 años, organizaciones muy influyentes—partidos políticos de izquierda y la iglesia católica—promovieron un clima social marcado por pronunciamientos hacia una “justicia social,” y una lucha miope contra la marginación social desembocando en lucha de clases.

 

Con la implantación de los mercados libres de parte de los economistas de Pinochet, y el regreso a la democracia servida por él mismo, Chile se ha identificado como ejemplo mundial de una sociedad que ya no puede combinar desarrollo económico—que beneficia a pocos—con un régimen autoritario, que excluye a la mayoría. Chile se ha convertido en el edificio de un verdadero capitalismo democrático, un capitalismo incluyente, un capitalismo para todos. Chile se ha convertido en un oasis de prosperidad en un continente que se distingue por los fracasos económicos. Se ha convertido en un ejemplo mundial, el admirable Chile del Siglo XXI, un regalo de Pinochet y sus Chicago Boys.

 

Y como diría Paquita la del barrio: “¿Me oyes rata de dos patas?”

• América Latina

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