MARTES, 9 DE JUNIO DE 2009
“No necesitamos periódicos, necesitamos periodismo”

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Tres ejemplos al vuelo que nos avisan a gritos que el periódico convencional agoniza.”


¿De dónde surgió la ocurrencia del “voto blanco” que tantas palabras, la mayoría vanas, ha generado en las columnas de opinión de los periódicos? De la Internet. Un usuario de la red social “Facebook” escribió en su muro una pregunta: ¿Tiene el mismo valor en el mercado político abstenerse que votar en blanco?, y la bola de nieve creció, atrapando a un puñado de comentaristas, ávidos de material “nuevo” para disputarle a sus colegas la declinante notoriedad que proporciona pontificar en letras impresas. Los presuntos “líderes” de opinión siguieron cual corderitos las inquietudes de un desconocido.

 

El sorprendente éxito de la escocesa Susan Boyle, madura solterona poco agraciada, cantando ante un auditorio escéptico y desencantado una de las hermosas piezas del musical “Los Miserables” ya había sido visto, oído, comentado y compartido por varios millones de personas a través de la red, cuando un viejo presentador de noticias en la televisión mexicana lo quiso vender a su auditorio como una primicia.

 

La semana pasada el columnista de negocios Marco Antonio Mares apuntó que varios abogados oficialmente al servicio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes habían actuado de manera tan incompetente en un litigio del gobierno federal contra una empresa de telefonía que sólo cabía la sospecha de que se trataba de infiltrados al servicio de quien debió ser su adversario en los tribunales. El incómodo asunto fue sofocado y aparentemente no pasó a mayores en los medios convencionales, pero generó un interesante análisis en la red –ver “Asuntos Capitales”, www.asuntoscapitales.com – donde se develó que la existencia de “topos” (al estilo de los dobles agentes en el espionaje) infiltrados en los tres poderes federales –ejecutivo, legislativo y judicial–es ya un gravísimo problema de gobernabilidad frente al insaciable poder de qienes tienen posiciones dominantes en los mercados.

 

Son sólo tres ejemplos al vuelo –y podría citar centenares- que nos avisan a gritos que el periódico convencional agoniza. ¿Cuántas personas menores de 35 años consideran útil hoy día suscribirse a un periódico impreso?, ¿cuántos profesionales exitosos obtienen la información relevante para su vida personal y profesional, de un medio convencional, como el periódico, la radio o la televisión?

 

Lo más dramático no es este cambio, sino la resistencia de los grandes dinosaurios a evolucionar. (Por cierto, este comentario que usted está leyendo estuvo disponible desde hace unas 24 horas en la red, en http://ideasalvuelo.blogspot.com/, y no hay forma de evitarlo).

• Periodismo barato

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