MARTES, 9 DE JUNIO DE 2009
La corrupción es la tragedia

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
No, la economía debe estar al margen de la política
No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“Todo mundo lo lamenta, hay que solidarizarse, hay que rezar, vestirse de negro, lamentarse, saturar el ambiente con las noticias, sacarle provecho a la tragedia. Pero nada cambia…la corrupción es la reina.”


La cifra de niños fallecidos se acerca al medio centenar al momento de escribir esta colaboración. ¿La causa? Un pavoroso incendio en una guardería del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que se originó después del mediodía del viernes 5 de junio aquí en Hermosillo, la capital de Sonora.

 

Las fotos publicadas por los periódicos muestran tres naves industriales con techos de lámina, paredes de block y divisiones interiores de tabla roca, con cielos de poliuretano, estos dos últimos materiales altamente inflamables. También se observa una única puerta a los cuneros donde muchos de los infantes horriblemente fallecidos dormían su última siesta. Llama la atención, también, en el exterior de las bodegas, estructuras improvisadas sobre la acera sosteniendo enfriadores de aire y un tinaco para agua.

 

Todavía en plena tragedia, cuando el destino, de cualquier forma terrible, de muchos los infantes es todavía incierto; cuando los rescoldos todavía no se enfrían y el olor del desastre pírico no desaparece, la voces de siempre se apresuran a cerrar el caso. Así de parte del gobernador, del presidente municipal, del director del IMSS, del que cobra como director de protección civil, de los distintos burócratas de regular nivel, las declaraciones coinciden: es lamentable, estamos consternados, es una desgracia…pero fue un accidente.

 

Sí, un accidente, como cuando se cae un puente, como cuando mueren aplastados decenas de jóvenes en un centro nocturno, como cuando se intoxican cientos de individuos por un alimento en mal estado, como cuando un río crecido arrasa una población, en fin, por sucesos no queda, por ejemplos no falla.

 

Al coro de los políticos y demás mamadores del presupuesto, se unen las voces de comunicadores, editorialistas, líderes religiosos, académicos, representantes empresariales, etc., amenizando la tragedia con lugares comunes, frases manoseadas, reclamos tardíos.  En el caso que nos ocupa, hubo un jerarca eclesiástico que se aventó la puntada de decir que los niños sacrificados por la negligencia y la corrupción, “ya están en el cielo porque ya se lo tenían ganado”. ¿Cómo la ve?

 

Nada nuevo aporto al decir que todo accidente tiene una causa. Al nivel de la ciencia y la tecnología actual, aun en algo tan complicado como un fenómeno astronómico, digamos un meteorito con trayectoria hacia la tierra, es perfectamente predecible y en consecuencia está en los hombres tomar las precauciones ante los sucesos de la naturaleza.

 

Pero cuando se trata de cosas mucho más simples, como seleccionar un local para estancia de niños preescolares, entonces el accidente, la falla, el acontecimiento, tiene una causa y a esa causa yo le llamo corrupción.

 

Que el presidente Calderón aparezca por acá y se tome una foto frente a un niño accidentado nada cambia las causas prevalecientes de la fatalidad. Que el procurador local o federal digan que se investigará el origen del incendio y se castigará a  los culpables no modifica para nada las prácticas de burocratismo, negligencia y pudrición que son eventos regulares en la vida de los mexicanos.

 

Decenas de accidentes, tragedias, fatalidades penden sobre la población, pero ya estamos acostumbrados a convivir con ellas. No nos inquietan, no nos perturban, no nos sacan de la rutina…hasta que el accidente ocurre. Luego viene la actuación del script consabido: todo mundo lo lamenta, hay que solidarizarse, hay que rezar, vestirse de negro, lamentarse, saturar el ambiente con las noticias, sacarle provecho a la tragedia. Pero nada cambia…la corrupción es la reina.

 

Al pasar de los días las cosas recuperan su “normalidad”, otras noticias, otros eventos acaparan la atención del respetable. De las familias cuyas vidas han sido destrozadas ya nadie se acuerda, de las víctimas que no fallecieron y cuya sobrevivencia es un infierno ni quien se ocupe. Así son las cosas, así somos los mexicanos. Nada hay que hacer. La corrupción es la tragedia.

• Estado de derecho

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