VIERNES, 19 DE JUNIO DE 2009
De plomo, pañales y mortajas

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“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“El ciudadano no piramidado siempre supera a quien lo gobierna.”


Recuerda un hijo epónimo de Mazatlán, Guillermo Fárber, lo dicho por un correlato suyo de acidismo y talento, George Bernard Shaw (1856-1950): a los políticos y los pañales hay que cambiarlos con frecuencia, y por las mismas razones.

 

Hoy dan ganas de elegir, para aquellos, igual destino que los pañales usados. Y con los pañales (necesidad de bebés inocentes, destino de adultos incontinentes), hablemos de mortajas citando al siempre oportuno don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) que así pensaba en el sistema político mexicano:

 

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

Muerte y mortaja son el cercano e inexorable destino de este sistema, ajeno a quien tenga decoro y dignidad. La actual indignación cívica me recuerda los años de plomo: Bartlett y de la Madrid contra la misma sociedad civil que se mostró su valía luego del terremoto. Cuando Manuel Clouthier encendió los ánimos de cambio pacífico sin odio y sin violencia, con imaginación política y valor civil. Cuando Bartlett le inventó a Cuauhtémoc Cárdenas, quien le salió respondón antes de regresar a su verdadero tamaño. Pretendíamos que los votos se respetaran; hoy hay un empeño por anular el voto traicionado.

 

Vive muerte callada y divertida

la vida misma; la salud es guerra

de su proprio alimento combatida…

 

…salid a recibir la sepultura

acariciad la tumba y monumento

que morir vivo es última cordura.

 

¿Muerte viva y divertida? Trágica, más bien. Vivimos nuevos tiempos de plomo, no por tantísimo metal impulsado con pólvora sino por la insufrible pesadez politiquera y la indignación que concita en un ciudadano a quien no representan los vividores ricamente mantenidos con nuestro dinero: ayatolas de la salvación y la esperanza pagados por extorsionadores de las peores ligas, y criminales por cuyo irrespeto a toda norma mueren 46 niños y morirán muchos más. Donde no manda la ley, mandan ellos.

 

 ¿Qué otra cosa es verdad si no pobreza

en esta vida frágil y liviana?

Los dos embustes de la vida humana

desde la cuna son: honra y riqueza.

 

Partidocracia. Mediocracia. Cleptocracia. Así hizo declamar don Francisco a este sistema mortecino:

 

Fue sueño ayer, mañana será tierra.

¡Poco antes nada, y poco después humo!

¡Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

 

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo,

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

 

Ya no es ayer, mañana no ha llegado;

hoy pasa y es y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

 

Azadas son la hora y el momento

que a jornal de mi pena y mi cuidado

cavan en mi vivir mi monumento.

 

Con la mortaja, los responsos, el funerario monumento y los pañales viejos se pregona la resurrección civil; el renacimiento de la libertad, con ayuda del incensurable internet. El ciudadano no piramidado siempre supera a quien lo gobierna. Traerá la regeneración civil la persona libre, no las grandes estructuras succionadoras de dinero y destructoras de la riqueza ajena. Acompaña al florecimiento del ciudadano, y de la verdadera democracia, la inocultable merma de lo que más falta hace a los partidos: legitimidad. Sin ella no son nada, a pesar de su dinero.

• Democracia mexicana

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